El club del «milagro de los Andes» jugará el sábado ante el Jockey

Los sobrevivientes de los Andes debieron pasar una odisea que llegó hasta el cine de Hollywood

Old Christians quedó eternizado por una de las tragedias aéreas y salvaciones más grandes en la historia de la humanidad, aquella de octubre de 1972

Los sobrevivientes de los Andes debieron pasar una odisea que llegó hasta el cine de Hollywood

El club campeón del rugby uruguayo, Old Christians, visitará este sábado al Jockey villamariense, en una sensacional programación que incluye la histórica presencia de Los Pumas Classics, seleccionado argentino conformado por jugadores de más de 33 años.

La presentación del club montevideano no podía pasar desapercibido. Por un lado será el primer partido internacional que dispute un club de rugby villamariense (en condición de local), en una competencia oficial. Por otra parte, se trata de la presencia de una entidad que escribió uno de los capítulos trágicos del deporte y, al mismo tiempo, el más recordado de los accidentes aéreos protagonizados por equipos deportivos, con ribetes de milagros, como titularon los medios del mundo entero hace 45 años.

Se trata del mismo club, cuyo equipo de rugby cayó en la cordillera de los Andes el 13 de octubre de 1972. Los integrantes del Old Christians eran un grupo de jóvenes que logró sobrevivir 72 días en la cordillera, hasta que fueron rescatados en vísperas de Navidad de ese año, ante la mirada consternada de todo el planeta.

El accidente del club uruguayo, que se conoce mundialmente como “El milagro de los Andes”, ha inspirado varios documentales, unos cuántos libros y hasta una película, “Viven”.

 

 

Octubre de 1972

El 12 de octubre de 1972, 49 personas, entre ellas 4 tripulantes, despegaron desde el Aeropuerto Internacional de Carrasco (Montevideo), en un avión Fairchild F-227, bimotor de turbohélice de la Fuerza Aérea Uruguaya, en un viaje que estimaba duraría cuatro horas, hasta Santiago de Chile.

La aeronave había sido contratada por un equipo de rugby amateur, entre estos muchos jóvenes que acaban de finalizar sus estudios secundarios en el Colegio Stella Maris de Montevideo, al que se sumaron una veintena de amigos y familiares para verlos jugar en su primer viaje a Chile.

En el camino, una alerta por una fuerte tormenta los hizo aterrizar en Mendoza y al día siguiente, con el cielo más despejado, volvieron a iniciar el vuelo.

El 13, volando hacia Chile, un encadenamiento de errores, entre el piloto teniente Dante Héctor Lagurara y la torre de vuelo de Chile, provocó que la aeronave primero se metiera en una tormenta en plena cordillera y luego terminara accidentándose, quedando atrapados entre cerros nevados, mientras la tormenta parecía tomar mayor intensidad.

La equivocada referencia de los pilotos de entender que volaban sobre Curicó, hizo equivocar los lugares de búsqueda.

De los 49 ocupantes, sólo sobrevivieron 28, pero más tarde, a causa de las heridas, el número se redujo a 26.

Con escasos alimentos y sin agua (tuvieron que derretir nieve para obtenerla), debieron soportar la rigurosidad del clima a 2.150 metros de altura (con temperaturas que por la noche descendía a 30 grados bajo cero).

Los intentos de búsqueda fueron infructuosos, a pesar de la esperanza de los sobrevivientes de ser rescatados.

Cuando se enteraron que la búsqueda se había suspendido, entendieron que dependía de ellos mantenerse vivos. Se designaron líderes y colaboradores, y cada uno tuvo una tarea para hacer cada día. El hambre ya era tan insoportable, tanto como el frío.

Hacía días que se hablaba del tema, aunque nadie lo había planteado con franqueza. La carne de los muertos podría ser el alimento que los salvara. Todos eran jóvenes de convicciones religiosas (todos habían asistido a un colegio católico) y entendieron aquella situación como una misa. Fue la forma de sobrevivir.

El día 17 hubo un alud que sepultó prácticamente los restos del avión, y provocó otras ocho pérdidas. Otros dos murieron semanas más tarde.

La idea de salir del lugar tuvo varios intentos, pero distintas contingencias hicieron regresar a los responsables de esa expedición.

Mientras tanto, un grupo de padres del equipo convenció a las autoridades en reiniciar la búsqueda en la cordillera, que había superado un invierno con las nevadas más intensas en los últimos 30 años. En realidad lo que se buscaba eran restos del avión y cadáveres.

El día 60, los encontró con una nueva muerte y la decisión definitiva de salir de ahí por sus propios medios. Roberto Canessa, Fernando “Nando” Parrado y José Luis Vizintín salieron bien temprano a la mañana del 12 de diciembre. Tres días más tarde, se decidió que éste último regresara. Canessa y Parrado tuvieron que superar las adversidades del terreno y la temperatura.

Al décimo día de marcha (21 de diciembre) se encontraron con el baqueado Armando Serda. Unos lugareños los socorrieron y dieron aviso a las autoridades. El 22, llegaron a la cabaña donde estaban tres helicópteros y un grupo de socorristas.

A las pocas horas fueron a socorrer a los 14 sobrevivientes restantes, misión que se cumplió en dos jornadas.

Todos los sobrevivientes habían perdido más de 20 kilos de peso, algunos tenían fracturas o infecciones, pero en general estaban bien de salud.

Cuando la noticia recorrió el mundo nadie dejó de sorprenderse. Sólo 16 de los 49 ocupantes habían sobrevivido durante 72 días en la cordillera. Varios medios sensacionalistas profundizaron la noticia acusando de canibalismo a los sobrevivientes.

Sin embargo, más allá de eso, el mundo entero sigue recordando el episodio como una hazaña o una proeza. Muchos aún hoy lo siguen llamando “El milagro de los Andes”.

 

Otros accidentes

Al momento de recordar tragedias de este tipo viene a la memoria reciente lo sucedido en noviembre pasado donde el avión chárter que transportaba, entre otros ocupantes, al equipo de fútbol Chapecoense, que se estrelló en Cerro Gordo (Colombia).

El club brasileño viajaba para jugar la final de la Copa Sudamericana 2016 frente a Atlético Nacional. De los 77 ocupantes, sólo 6 sobrevivieron al accidente, 3 de ellos jugadores, 2 tripulantes y 1 periodista.

Han sido muchos más los accidentes con presencia de equipos deportivos, pero los que han quedado grabados en la memoria colectiva fueron, principalmente, los accidentes del Club Torino de Italia (1949), Manchester United (1958), el club chileno Green Cross (1961), el club boliviano The Strongest (1969), el peruano Alianza Lima (1987), el seleccionado de Zambia (1993), entre otros.

 

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