Aún no se puede tramitar en Villa María

Samuel Jofré Giraudo, obispo de la Diócesis de Villa María

Desde el 8 de  diciembre rige para la Iglesia Católica un procedimiento más sencillo y menos costoso para que las personas interesadas puedan iniciar el trámite de anulación del matrimonio religioso. Aquí, los detalles

Samuel Jofré Giraudo, obispo de la Diócesis de Villa María
Samuel Jofré Giraudo, obispo de la Diócesis de Villa María

Ante la consulta de EL DIARIO, el obispo de Villa María, Samuel Jofré Giraudo, accedió a responder sobre el nuevo procedimiento de anulación de matrimonio. Lo hizo por escrito.

Este es el texto de la nota que el jefe de la Iglesia Católica diocesana remitió.

¿Cuáles son las condiciones para anular un matrimonio?

Ante todo es muy importante recordar que quienes se casaron, permanecerán casados toda la vida, aunque vivan divorciados y unidos con otra persona. Por eso la Iglesia no puede anular el matrimonio de nadie, que siempre es indisoluble. Pero, a veces, sí declara que un matrimonio fue siempre nulo, es decir que esas personas, aparentemente casadas, realmente no lo estuvieron nunca. Esto puede ocurrir por tres tipos de causas:

1) Algún impedimento (parentesco, edad, etcétera)

2) Defecto en el modo de manifestar el consentimiento (especialmente la ausencia del sacerdote autorizado)

3) Vicio grave en la voluntad de quien manifestó externamente un consentimiento matrimonial que en realidad no existía (esta es la causa más frecuente)

¿Se puede hacer en Villa María?

Por falta de suficiente número de sacerdotes técnicamente preparados para esta tarea, el proceso de nulidad no puede hacerse en Villa María, sino que debe hacerse en la ciudad de Córdoba. A partir de la reforma que el Papa Francisco puso en vigencia hace unos días, los casos más simples y evidentes podrán hacerse en Villa María, pero todavía tenemos que prepararnos un poco para ello.

¿Cuál es el rol del obispo en este tema a partir del nuevo procedimiento?

En todos los casos, los jueces obran por delegación del obispo que es el juez natural de todas las causas en la Iglesia. Con la reforma vigente desde el 8 de diciembre, en los casos mencionados más evidentes y simples de probar, el obispo podrá declarar la nulidad por sí mismo, con un proceso muy simplificado, obviando la delegación a los jueces técnicos.

¿Qué se necesita para iniciar el trámite?

Varía mucho según la causa de nulidad invocada. Siempre es necesaria la documentación del matrimonio celebrado, la participación de los interesados y generalmente de algunos testigos. Si uno de los contrayentes no quiere participar, dificulta un poco el proceso pero no lo imposibilita. A veces también se requiere la participación de peritos psicólogos.

¿Tiene costo?

Sí, tiene un costo bajo, pero nunca nadie se queda sin ser atendido por no contar con dinero. A pedido del Papa Francisco, los obispos estamos estudiando el modo de hacer este proceso lo más económico posible o gratuito; pero para eso hay que buscar cómo pagar los costos que inevitablemente implica este trabajo.

 

Capacitación para abogados

Finalmente, Jofré señaló: “Generalmente es digno de un asesoramiento especial todo matrimonio que fracasó muy pronto en su convivencia. Por el contrario no suelen ser significativos los episodios, por graves que sean, que sobrevinieron totalmente después de la boda sin conexión directa con lo vivido en el noviazgo y el casamiento (por ejemplo, infidelidades posteriores).

En principio, ese asesoramiento lo pueden dar los sacerdotes de las parroquias, pero a veces puede suceder como en la medicina, que un muy buen médico clínico no alcanza a descubrir un malestar oculto y debe remitir a un especialista. A veces el párroco podrá ver claro el caso y otras veces no. Este diálogo se concluye con el llenado de un «Informe preliminar». Si los especialistas, que trabajan en nuestro Obispado, ven en este informe que hay alguna posibilidad de nulidad, se debe buscar un abogado capacitado especialmente para que inicie el proceso. Esta es la dificultad mayor que tenemos entre nosotros, la falta de abogados con esta capacitación específica. Tenemos planes para realizar un curso el próximo año para los abogados interesados”, concluyó el prelado.

 

“El mayor fracaso del país no es económico”

“Como es bien conocido en nuestro pueblo, los sacerdotes tenemos una misión que supera los límites de la actividad política partidaria y no debemos inmiscuirnos en esa temática. Pero atendiendo espiritualmente a nuestro pueblo, no podemos desentendernos de los avatares de este mundo.»

«Yo aplicaría lo dicho sobre la necesidad de un ‘Jubileo de la Misericordia’ a las circunstancias de nuestra Patria. No es ningún secreto que vivimos en un país rico, el mayor fracaso nacional no es el económico sino la desunión, el desorden, la hiriente desigualdad, la violencia individual e institucional, la descomposición de la familia y de los otros vínculos naturales como la buena vecindad, el encuentro deportivo, la fiesta popular o el pacto educativo entre la escuela y la familia.»

«Estas son las verdaderas causas de la pobreza entre nosotros. De esto no podemos responsabilizar solamente a un gobierno, pero ciertamente necesitamos autoridades que nos ayuden a reconciliarnos como Nación y superar enfrentamientos de larga data que hoy se han convertido en capilares.»

«Ojalá las nuevas autoridades que tenemos a nivel nacional, provincial y municipal sepan ayudarnos en esto. Pero más importante es la actitud que todos los ciudadanos adoptemos, dejándonos curar el corazón por el amor de Dios, reconciliándonos con las personas cercanas y exigiendo a las autoridades que trabajen por el bien común.»

«Los cristianos siempre nos hemos destacado por rezar para que Dios ilumine y fortalezca a nuestros gobernantes, independientemente de las simpatías personales, y así debemos hacerlo ahora con ocasión de esta nueva etapa institucional.»

 

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