Ballas quedó inmortalizado en el barrio que lo vio crecer

En una emotiva mañana, el excampeón del mundo fue distinguido con un reconocimiento público y una plaqueta en la puerta de la casa donde pasó su niñez. Entre lágrimas, recuerdos y anécdotas, un nuevo capítulo para el “campeón de la vida”

La boca grande de asombro y emoción. Ballas ya descubrió la plaqueta que quedará por siempre en la “Villa”
La boca grande de asombro y emoción. Ballas ya descubrió la plaqueta que quedará por siempre en la “Villa”

Es algo que quedará para siempre y trascenderá generaciones. Alguna vez quizás camine un pibe por la calle 9 de Julio al 1008 en barrio Rivadavia y cuando mire hacia arriba en una modesta casita, habrá una plaqueta que recordará a un villamariense que fue campeón del mundo de box. Un tal Gustavo Ballas, de esta tierra, de esta ciudad, de este lugar en el mundo…

Quedó inmortalizado en el barrio que lo vio crecer y es un justo reconocimiento de la ciudad a uno de los deportistas que puso en lo más alto el nombre de Villa María.

En la mañana de ayer se realizó un acto con motivo de homenajear a Ballas al cumplirse 35 años de la obtención del título Mundial supermosca ante el coreano Suk Chul Bae. “Aquí vivió su infancia”, rezaba la plaqueta que quedará por siempre en esa casa donde Ballas soñaba de niño…

Mucha gente se acercó para acompañarlo en ese momento tan especial. Entre lágrimas, recuerdos y anécdotas, florecieron amigos como el “Mono” Mazzini, Ricardo Borsatto, o el propio Darío Ranco, a quienes Ballas siempre recuerda con cariño y estuvieron en la mañana de ayer. Vecinos, familiares, amistades, amantes del boxeo, funcionarios públicos dijeron presente en el reconocimiento, porque Ballas es de Villa María y de todos sus vecinos.

Que sea en el barrio, es como volver el tiempo atrás, tocar las entrañas, abrazar los recuerdos, emocionarse con los momentos difíciles y las superaciones… una caricia al alma, que por cierto siempre es necesaria para seguir adelante.

 

Recuerdos que no voy a olvidar

“Volver a la casita de los viejos no tiene nombre, es más bien una emoción que no puede describirse. Yo vine hace una semana y ya estaban todos los preparativos para este momento. Subir y reencontrarme con mi habitación, con los espacios donde pasaban cosas de mi vida, recordar lo que hacía en tal lugar, ver la terraza donde iba a jugar…”. Emocionado, con la pera temblando, pero lejos del KO, Gustavo Ballas recordaba algunas partecitas de su casa paterna, de aquellos años donde vivió su infancia, aquellos tiempos donde los niños juegan con felicidad y sueñan, porque así debe ser.

Al rebobinar la cinta de la película y encontrarse 35 años atrás arriba del ring dijo: “Cuando te levantan el brazo y te proclaman campeón del mundo te pasan cosas que no podría explicar, cosas que no tienen palabras, cosas que sólo se sienten, como ahora, en este momento tan especial”, mientras le brillaban los ojos.

 

“Me prepararon para dar y recibir golpes, no para afrontar la vida”

“De pibe vendía curitas, peines, trapos de piso”… Esto lo recordaba el propio Gustavo para decir que cuando él llegó a encontrarse con una buena suma de dinero no sabía qué hacer. “Después de que peleé con Laciar en el Luna Park me llama Tito Lectoure para pagarme y en su oficina había una mesa gigante llena de plata, y yo me preguntaba: ¿y ahora qué hago con todo esto?, cuando en realidad yo ya debía saber su destino. Por eso siempre digo que me prepararon para dar y recibir golpes, no para afrontar la vida. Afortunadamente después de pasar tantísimas cosas que me hicieron equivocar el camino, la vida siempre da revancha y hoy puedo trabajar y ayudar desde mi experiencia. Un día bajé esa escalera (la casa en calle 9 de Julio al 1008) con el sueño de ser campeón del mundo, y dije, llegó el momento de arremangarse, y ahora a triunfar en la otra parte. Yo no sé si triunfé, pero de tener quinto grado de la escuela primaria a trabajar con un equipo médico, yo creo que es un pequeño triunfo”.

Con el cariño de la gente. Ballas muestra una foto de su impecable estado físico ante la atenta mirada
Con el cariño de la gente. Ballas muestra una foto de su impecable estado físico ante la atenta mirada

La vida de Ballas, hoy

Ballas hoy se desempeña como ayudante terapéutico en jóvenes con adicciones, y le da continuidad al crecimiento y recuperación a través del deporte y la concientización en los consultorios de Atilra. La terapia ambulatoria en problemas con drogodependencia y alcohol le da a Ballas la posibilidad de también ser socio terapeuta con adicciones. “Viendo programas de televisión me doy cuenta de cuál es mi función: la de ‘coach’ (se ríe). Algunos enseñan los pasos para bailar, nosotros enseñamos los pasos para salir de la droga. Si cada joven después de la terapia aplica todo lo incorporado en su casa y fuera, no hay dudas de que va a salir, para eso trabajamos. A mí me tocó que me lo dijeran, y hoy me toca decirlo a mí”.

 

“Las peleas no se ganan en el ring…”

Cuando tuvo que referirse a los boxeadores que quieren llegar, pero se encuentran con la realidad que el contexto social les pone enfrente, remarcó: “A todos los que boxean les digo que entrenen mucho, que no aflojen, porque las peleas no se ganan en el ring, se ganan en el gimnasio. Les digo que piensen en triunfar, que no renuncien a sus sueños aunque a veces parezcan que están lejos. Tener el sueño es lo primero para luego hacerlo realidad. Yo soñaba con ser como Nicolino Locche, él era mi ídolo, en él me reflejaba, le copiaba, lo imitaba… tenía un espejo en él. Tan grande era ese sueño, que ya sea por la forma de boxear o vaya a saber las vueltas de la vida, terminamos siendo grandes amigos… no terminé como él, sino amigo de él”.

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