Chabuca, el Tigre y San Martín

chabuca-grandaDesde Lima, escribe Daniel Sánchez
Enviado especial de EL DIARIO

“Déjame que te cuente, Gareca”, le diría la inolvidable María Isabel Granda y Larco al técnico argentino que por estos días sólo piensa en una cosa: “Qué me tengo que venir a dirigir Perú, si en Vélez estaba lo más bien”.

“Tranquilo -seguiría la gran Granda-, ten en cuenta que Argentina viene diezmada, no estará Messi, y si los venezolanos, que van últimos y estaban más preocupados por voltear a Maduro que por ganarle a los ‘che’ les pudieron empatar, nosotros con el Nacional lleno, algunos rezos, mucha suerte y alguien que la meta adentro, seguro podemos quedarnos con esos tres puntos que tanta falta nos hacen”.

“¡Sí, esos tres y 30 más!”, dice el general libertador, que, desde la plaza que lleva su nombre en el centro histórico de Lima, mira de reojo hacia el estadio y agrega: “No vendrá Messi, pero viene la dupla más exitosa del fútbol italiano: el Pipita y la Joya, y como si esto fuera poco, el Kun en el banco”. “Bah -retruca la Chabuca-, con Higuaín y Agüero juntos perdieron las últimas tres finales”, “¡Sí, pero ésta no es una final! -acota Gareca con voz agónica-, ¡el final va a ser para mí si no ganamos!”.

“No te desesperes, Tigre”, lo tranquiliza San Martín mientras se baja del caballo y camina hacia la plaza de Armas para comprar una reventa. “Mirá que yo con esta gente le gané a los españoles. Eso sí, te va a costar ganarle a la celeste y blanca, te va a costar un Perú”.

Los tres se dirigen hacia la inmensa catedral, donde alguna vez el Santo de la Espada recibiera los más altos honores de la hermana Nación. Gareca repasa en voz alta la probable formación: “3 – 1 – 5… 3 defensores, 1 mediocampo y 5 delanteros, me la juego”, ruge el Tigre.

San Martín le reza, como antaño, previo a una batalla, a Santa Rosa de Lima, y Chabuca Granda entona esas maravillosas estrofas que nos recuerdan que estamos en una de las ciudades más bellas, bulliciosas y pobladas de los Andes… “Jazmines en el pelo y rosas en la cara, airosa caminaba la flor de la canela”.

 

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