Cristiano Ronaldo del Yuyal

Desde 1985 que el pastor canadiense Ronald Edgecombe pasa tres meses en Villa María (su segunda ciudad en el mundo después de Vancouver) junto a su esposa Gloria. Instalados en el predio evangelista y desde su ya célebre “Rancho de Ronaldo”, este predicador ha contribuido notoriamente al crecimiento de su iglesia en las dos Américas…

En el mediodía de un miércoles anodino en la ciudad, adentrarse en El Yuyal es vivir una experiencia interior; como descubrir la existencia de un misterioso bosque perdido o toparse con un inesperado “Yellowstone” villamariense con árboles inmensos y casitas de madera para el guardaparque.

De una de esas cabañas (precisamente la primera, con galería de zinc y piso de Portland) sale una señora hermosa a pesar de sus años (o quizás por eso mismo) que en perfecto cordobés con acento anglosajón me dice “vos debés ser el periodista que lo busca a Ronaldo”. Le digo que sí, que he pedaleado cinco kilómetros en la ruta para eso.

“Soy Gloria, su esposa. Podés dejar la bici acá que él ya viene”, me dice con una sonrisa de optimismo norteamericano que me recuerda a Joan Collins. Le digo que no hay problema, que está todo bien.

Pero no puedo decirle mucho más porque estoy aturdido ante la potencia de la naturaleza del lugar; por el canto de las calandrias, la altura inusual de los pinos y el fabuloso perfume de la madera recién cortada. Y cuando mis ojos se posan en la mesa de la galería, veo una inmensa Biblia en cuero negro (“Holy Bible” dice su lomo) y un Nuevo Testamento; los libros de estudio de la familia Edgecombe.

“La Biblia grande es bilingüe” me dice Gloria, y sus ojos siguen brillando con el fulgor de una actriz hollywoodense. “Esperáme que ya te lo llamo”, me dice por fin. Y entonces la veo corriendo por el parque al grito de “¡Honey! ¡Honey!”. Y en medio del predio veo un hombre vestido de fajina levantando con el hacha un pesado redondel de tronco, que deja caer con la fuerza de un titán contra el piso.

Es cuando el bloque se parte en dos medialunas de madera y a mi memoria viene la frase de Juan Bautista: “El hacha ya está puesta en la raíz de los árboles. Y todo árbol que no dé fruto será cortado y arrojado al fuego”.

El hombre deja la herramienta en el piso, intercambia unas palabras con su mujer y missis Gloria me llama de lejos. Así que al llegar allí, sentado sobre un pino derribado como el guardián de algún paraíso súbitamente recuperado, me aguarda Ronald Edgecombe; leyenda bíblica de las dos Américas.

 

Biografía de un “crack” del Espíritu

Ronaldo me da la mano y luego un cálido abrazo. Y con un acento más pronunciado que su esposa me dice: “Sentáte al pino como reyes que vamos charlar los dos… Acá viene poca gente a charlar conmigo porque siempre tengo esto para darle… ja, ja”, me dice mostrándome la pala. Le digo que no tengo problemas, que últimamente la estoy agarrando “bastante seguido para mi gusto” y que si ese es el precio de la charla, encantado. “No, mentiras mías, che, yo bromear en joda… ja, ja”.

No conozco nada de vos, Ronaldo; pero mi amigo Roberto Zayas me dijo que te entreviste antes de que vuelvas a Canadá”. Entonces, ¿qué tal si empezamos por tu primera vez en Villa María?
-Okey, no problem… Mi primera vez fue en el año 85. Me invitaron de la Iglesia General Paz porque soy oficial imprentero. Y como había una imprenta en la Escuela Bíblica de calle Santa Fe y necesitaban ayuda por 14 meses, me vine. Pensé “va a estar bueno para mi esposa y mis chicos porque es mi oficio y voy a conocer un país nuevo”. Vine como misionero, es decir, sin recibir paga ni saber ni dos palabras de español. Pero cuando llegué, “Fencho” (Florencio) Asensio me invitó al Yuyal para hacer la “Casa Bethel”; la primera obra de todas. En ese tiempo acá no había nada…

¿Y por qué te llamó “Fencho”?
-Porque en ese entonces yo tenía 40 años y “Fencho” y su mujer 80 y 75; así que necesitaban brazos fuertes. Yo trabajaba a la mañana en la imprenta y a la tarde me venía acá. Trabajamos un montón y después de los 14 meses nos volvimos a Canadá. Pero seis meses más tarde, la iglesia de calle Jujuy 260 me invitó a volver para vivir acá y ayudar. Querían que aprendiera bien el español para dictar estudios bíblicos. Acepté, pero con la condición de seguir a la tarde en El Yuyal, que es mi amor. A mí me encanta estar en el campamento al aire libre. Ellos estuvieron contentos con mi trabajo y yo con ellos. Trabajamos 15 años y estuve en la construcción de todas las casas que ves ahí.

¿Y tu vocación religiosa?
-Nace porque tuve dos padres y cuatro madres… No, en serio, no es broma; I’m not joking… Mi madre biológica tuvo una aventura cuando su marido estaba en la Segunda Guerra Mundial y yo nací en el 45. Cuando él volvió de la guerra dijo “¡esto no es mío!”. Y le pidió a mi madre elegir entre su marido y su hijo. Pero una mujer no es como los hombres. Y como mi madre me eligió a mí, él se fue. Durante un año y medio ella trataba de esconderme porque era una vergüenza tener un chico de ese modo. Y entonces me puso en un orfelinato.

¿Y después?
-Después mi segundo padre me adoptó con mi segunda madre y me sacaron de ahí. Pero cinco años después, mi segunda madre se fue también y mi segundo padre se casó con mi tercera madre. Tres años después, ella lo dejó y entonces tuve mi cuarta madre. Pero entre tanto, con 10 años, ya estaba en la Escuela Dominical. Mientras mi padre tenía problemas con sus mujeres, me iba a la iglesia en Vancouver, donde me cuidaban mucho. Hasta que me invitaron a un campamento…

¿Tu primer campamento?
-Sí. Yo tenía 10 años y como mi padre no me quería dar la plata para ir, mi profesor de la Escuela Dominical me lo pagó. Y en ese campamento recibí a Cristo, acepté La Biblia, fui convertido, fui salvado, fui nacido de nuevo… No sé qué palabras usan ustedes aquí, pero a mí me pasó todo eso. Desde entonces sigo en los campamentos. ¡Ya pasaron 60 años y sigo! Ayer justamente tuvimos más de 80 chicos acá. Y tres días atrás vinieron chicos del club de rugby San Martín. Por eso me mato trabajando aquí, porque quiero un lugar sano para los chicos. Y porque cuando yo era como ellos, el campamento fue mi alegría. No tuve una infancia linda, con padres siempre peleando y yo viviendo en orfelinatos o con tías. Pero la iglesia siempre estuvo. Y yo también siempre estoy. Medio loco, pero estoy, contento por hacer algo por Villa María.

Además de Villa María hiciste obras en varios países del mundo, ¿no?
-Sí, porque estuve en 74 países y en todos he predicado y en todos he visitado campamentos. He trabajado mucho con el pastor Billy Graham y en la prensa de los gedeones; porque soy gedeón hace 40 años ya…

¿Cómo definirías a un gedeón?
-Es un hombre de negocios que pone su “guita” para comprar biblias y repartirlas de manera gratuita en las escuelas del mundo. Eso hice y eso sigo haciendo, además de haberlas impreso en Canadá.

¿Y repartiste biblias acá en Villa María?
-¡Claro! Una vez estaba frente a la Iglesia de La Santísima Trinidad con otros gedeones, pero llegó el cura, nos sacó la caja y nos rompió las biblias. Y después les dijo a los chicos “no acepten esto porque es todo mentira”. Junté todo lo que pude y me fui a ver al monseñor Rodríguez. El me recibió muy amablemente y me dio una carta donde me autorizaba. ¡Yo no estaba tratando de convertir católicos al protestantismo, sino evangelizando! Porque no todos los que van a la Iglesia Evangélica o Católica son verdaderamente creyentes…

¿Cómo es esto?
-Quiero decir que muchos van a misa por el tío o la tía, como a un “social club”. Pero no estoy en competencia con nadie. Al contrario. Hace unas noches comimos con el doctor Esteban Ancarani y su esposa Leticia. Dimos las gracias, oramos juntos y estábamos unidos en Cristo. Y ellos son católicos y yo evangelista. En Vancouver, el año pasado prediqué 120 veces…

 

Materialismo y otros cultos

¿Canadá es un país protestante?
-¡No! En Quebec el 90% de la gente es católica. La parte inglesa era más protestante, pero ahora eso cambió. En mi ciudad, en Vancouver, hay un 60% de chinos que son budistas o hindús. ¡Sixty percent! Por eso ahora estamos predicando tanto…

Ya que hablás de budistas, hay una teoría de las distintas encarnaciones de la divinidad enviadas a las diferentes culturas del mundo: Zoroastro en Irán, Buda en India, Lao Tsé en China, Jesús en Israel, Mahoma en el mundo árabe. ¿Qué pensás?
-No estoy de acuerdo con esa teoría porque creo en Jesucristo como el único Hijo de Dios. Para los budistas, por ejemplo, Jesucristo fue un gran profeta y una buena persona con muy buena teología, pero un hombre más y no el unigénito de Dios. Respeto todas esas religiones, pero no quiere decir que las comparto.

Contáme cómo nace tu vocación de predicar…
-Fue a los 15 años. Yo era parte del grupo “Hermanos Libres”, que no tenía pastor. Y entonces me preguntaron si quería dar charlas en la iglesia. Dije que sí y empecé a estudiar la Biblia. Así que me fui tres años a Quebec y luego cuatro años de bachiller a mi ciudad. Ahora soy doctor en Teología y en Vancouver me llaman “doctor Ronaldo”. Pero eso no es lo importante para mí. Lo importante es servir, ayudar… Quiero que la gente reciba a Jesucristo, pero no con el hacha, sino con dulzura. No soy una persona que hincha a la gente como otros grupos que no voy a nombrar y que tocan a la puerta. Te voy a mostrar mi fe con mis obras. No importa si sos católico, protestante o ateo…

¿Y tenés buena relación con otros cultos?
-¡Claro! Cada vez que voy en auto y veo mormones, los llevo. “C’mon in”, les digo, porque ellos hablan inglés. No estoy de acuerdo con su doctrina, pero son gente buenísima. Estoy más de acuerdo con la Iglesia Católica Romana porque tenemos al mismo Jesús, al mismo Dios y casi la misma Biblia. Incluso este campamento es usado por todos los cultos: católicos, adventistas, pentecostales, evangelistas, por supuesto… Y hasta por clubs de rugby y boy scouts…

¿Cambió la gente de Villa María desde tu primer viaje en el 85?
-Sí, mucho. Creo que la gente se ha vuelto muy materialista. Pero no es sólo en Villa María; es también en Quebec, en Vancouver, en el mundo entero… Todos quieren tener auto nuevo, la casa más grande, viajes de lujo… Pero más allá de eso, me encanta Argentina, porque es un país muy abierto. De los 74 países que conozco, Venecia me pareció la ciudad más hermosa y Argentina el país más amigable y maravilloso…

Hablabas del materialismo. ¿Puede convivir la fe con la riqueza?
-Sí, porque hay mucha gente rica que ayuda al pobre. Yo soy rico en comparación con la mayoría de la gente que conocí en Argentina, pero siempre estoy ayudando, gracias a Dios. Y soy multimillonario si me comparo con Mario, el albañil de El Yuyal, porque he ganado mucha más plata que él aunque ahora soy jubilado. Pero lo puedo ayudar a él y él puede ayudarnos a nosotros en este predio. Eso es lo mágico.

Y sentado en el tronco derribado por sus propias manos, como un profeta bíblico de fuerza sobrehumana, Ronaldo me señala el perímetro de su pequeño paraíso argentino como si demarcara el horizonte del futuro.

Sigo la dirección de su dedo y casi de manera instantánea pienso en la iglesia del padre Hugo en Villa Nueva, en el predio que supo construir y que tanto se parece a éste, al otro lado del río. Pero Ronaldo me saca de mi ensoñación. “Te quedas a comer con nosotros, ¿no? Acá todos los miércoles hacemos fuego y vienen amigos… Alejandro López y su esposa, los Zandrino y también mi consuegro. Porque mi hijo Joel está casado con una villamariense y vive acá… Y también viene mucha gente que no es religiosa y fotógrafos como tu amigo Roberto, porque yo también saqué fotos en Villa María. Fui compañero de Roberto Babalfi, del “Loco” Francis… Todos muy queridos para mí.

Y entonces escucho la voz de Gloria que le dice “¡Honey! ¡Vamos a poner las pizzas en la parrilla que llegan los invitados!”. Entonces le ayudo a Ronald a llevar la motosierra al depósito, pero por nada del mundo le puedo sacar el hacha.

Luego le tomo una foto en su rancho con Gloria y cuando estoy a punto de partir, le pregunto si lo conoció al padre Hugo. “¿Al padre Hugo Salvatto? ¡Pero claro, si éramos grandes amigos! Te voy contar una anécdota. Una vez yo estaba en la panadería de Juan López y entra el padre Hugo a buscar la merienda de su comedor.

Y López me dice “ahí entra tu competencia”. Entonces lo saludé al padre Hugo y le pregunté en voz alta “¿usted creé que Juan López tiene alguna posibilidad de salvación?”. Y él me dijo “depende de cuántos bizcochos me dé para los chicos esta tarde”, ja, ja… ¡Amén! Vamos, que el fuego ya está listo”.

Iván Wielikosielek

 

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