Detrás de cada “limpiavidrio” hay un montón de vidas

Alexander, ayer a la mañana en su espacio natural de todos los días: Vélez Sarsfield y vías. Dijo que cuando uno es respetuoso, la gente “te trata bien”

Escribe: Diego Bengoa DE NUESTRA REDACCION

Muchos, lejos de la escuela y atraídos por obtener más plata que laburando de albañil, pasan largas jornadas en tres o cuatro lugares de la ciudad

Alexander, ayer a la mañana en su espacio natural de todos los días: Vélez Sarsfield y vías. Dijo que cuando uno es respetuoso, la gente “te trata bien”
Alexander, ayer a la mañana en su espacio natural de todos los días: Vélez Sarsfield y vías. Dijo que cuando uno es respetuoso, la gente “te trata bien”

El semáforo en luz roja es la oportunidad de hacerse “de unas monedas”. La circunstancia se repite centenares de veces cada día. Con sus baldecitos sobre la vereda, van y vienen hacia la calle. Son adolescentes y jóvenes que diariamente conviven con los automovilistas esencialmente en tres puntos estratégicos de la ciudad: el bulevar Alvear frente a la Estación Terminal de Omnibus, bulevar Vélez Sarsfield y paso a nivel, y bulevar Argentino Raúl Alfonsín y Rawson, en inmediaciones del Funesil.

El sol dora las pieles de estos pibes que desde las 8 de la mañana están en sus lugares de trabajo. No tienen jefes ni horarios rigurosos, pero tampoco estabilidad ni cobertura social. Y están expuestos. Ellos dicen que eligen este laburo informal porque pueden ganar más dinero que de otra manera, pero en la charla periodística dejan escapar sus temores y deseos de otro futuro.

 

“¿Qué me gustaría para mi futuro? Poder jugar al fútbol”.

Alexander, 15 años, barrio La Calera

Alexander tiene 15 años, tres hermanos y vive con su padre en La Calera, barrio en el que reside desde hace cinco años. Llegó a la esquina de bulevar Vélez Sarsfield hace “un par de meses” porque le “gusta”. En promedio, hace 300 pesos por día.

El verano lo encuentra habiendo dejado la escuela. Cursaba en el IPEM Abraham Juárez, pero abandonó “porque me gusta limpiar vidrios”. No obstante, aseguró que retornará a clases en 2016.

Está convencido de que la gente responderá bien “cuando uno es bueno y cuando respeta; cuando te dicen que no quieren que limpies el vidrio, no hay que hacerlo”.

 

“Me gustaría irme… quisiera estar en otro lado, por todo, por muchas cosas feas que pasaron”.

Mario, de 22, barrio La Calera

 

Cuando se le planteó qué futuro desearía, no dudó en verse en una cancha de fútbol. La pelota es su pasión.

Pibes de muy corta edad en la esquina de la Terminal de Omnibus. Dicen que acá es donde más ganan. Un joven de 25 contó que la Policía les dijo que no puede haber menores de edad en el lugar
Pibes de muy corta edad en la esquina de la Terminal de Omnibus. Dicen que acá es donde más ganan. Un joven de 25 contó que la Policía les dijo que no puede haber menores de edad en el lugar

A pocos metros estaba Mario, del mismo barrio. Un chico de 22 años que con un compañero limpiaba un auto que se hallaba estacionado sobre la vereda.

Lleva un año en esta actividad. Contó que siempre veía a sus pares en la zona haciendo esto, mientras él laburaba en la construcción, hasta que en una ocasión se quedó con los demás varones y vio aquí la oportunidad de ganar más plata.

“Como albañil puedo hacer mil pesos por semana, algo que acá hago en dos días”, argumentó. No obstante, aclaró que pasa largas jornadas: llega a las 7, se va a las 14 y al atardecer retorna.

Según lo que explicó, los horarios fuertes son el mediodía, por la afluencia de gente a la escuela (está a pocos pasos el Instituto La Santísima Trinidad), y cuando cae el sol.

La Navidad les vino muy bien: “Hicimos muy buena plata, me hice casi mil pesos en una noche”, recalcó.

P9F2 limpiavA Mario le gusta el contacto con la ciudadanía, “ambientar con la gente, a la que si tratás bien y con respeto te recibe bien”. “La mayoría me conoce y me deja dinero”, agregó.

Vivía con su mamá, pero ahora alquila “un departamentito”. Está de novio.

Como Alexander, dejó los estudios. Hizo hasta tercer año y no lo tienta volver: “Tendría que terminar, pero no le doy tanta bola porque nadie me dice nada, entonces me pregunto para qué, total acá hago plata”.

Y de inmediato remarcó que es pintor, que sabe de gas y cloacas, sólo que gana más dinero en las esquinas.

Pese a todo este panorama, el chico terminó el diálogo con este cronista con una dolorosa confesión: “Me gustaría irme a la bosta, conozco todo de la ciudad y quisiera estar en otro lado… por todo, por muchas cosas feas que pasaron”.

Darío Montenegro, de 25, salía de la Terminal con una bolsa de pan. Con uno de sus compañeros, de apenas 13 años, se disponían a hacer un alto en su día de trabajo para almorzar cuando fueron abordados por EL DIARIO.

Este joven vive actualmente en Las Acacias y sabe mucho de este oficio, porque desde 2007 está en las esquinas, aunque con largos intervalos. “Siempre laburé de otra cosa, pero cuando no tengo trabajo me vengo para acá, como ahora. Soy albañil y con las fiestas el tema está bravo”, relató.

Por semana hace en promedio 2 mil pesos, para él una buena cifra en comparación a lo que le brinda la construcción. Sin embargo, más allá de eso, le duele el ser “mal mirado por la gente, aunque los que te conocen saben cómo sos”. Por eso, aclaró, “si tuviera trabajo fijo, me iría, preferiría hacer otra cosa”.

“Hice hasta tercer año del secundario. Mi sueño es conseguir un laburo digno, estable, por mes, para no estar más acá”, confió el chico que vive con su madre.

A su lado está un niño de 13 años, que limpiavidrios desde los 11 aunque había abandonado y retomó hace dos semanas. ¿Por qué? “Porque se venían las fiestas y tenía que comprarme todo, zapatillas, ropa”.

El nene es de barrio San Martín y cursa el Nivel Medio “en el Comercial (IPEM Ocampo)”.

“La gente me trata bien, pero a veces te miran con una cara…”, señaló.

Confirmó que es el único de tan corta edad que limpia vidrios de automóviles. En su momento, lo “corrieron” asistentes sociales y la Policía, ahora en estas dos semanas no se le acercó nadie de la Municipalidad, pero sí de la fuerza de seguridad.

“La Policía no quiere que estén los menores. Ya nos dijeron que no quieren que estén, si no, nos sacan también a nosotros, pero ellos vienen a hacer la moneda que les hace falta”, justificó Darío.

 

En Vélez Sarsfield y vías suelen estar chicos de La Calera, aunque últimamente hay varios del Felipe Botta. Uno contó que tratan de abrirse a que pibes de otro barrio lleguen a “su” espacio natural, pero por lo general cada esquina tiene sus habitués fijos.

Para varios, el lugar más prometedor es el de la Terminal: ahí se gana más.

Por otro lado, para muchos la Policía es un dolor de cabeza.

“Nos queman la cabeza de vez en cuando porque nosotros nos perseguimos y corremos, pero el otro día hablamos y quedamos bien, nos dijeron que mientras no bardeemos a la gente y no hagamos quilombo nos dejan trabajar”, dijo Mario.

Darío, en tanto, aseguró que no tienen mayores problemas.

 

“Siempre laburé de otra cosa, pero cuando no tengo trabajo me vengo para acá, como ahora. Soy albañil y con las fiestas el tema está bravo”.

Darío, 25 años, Las Acacias

 

“Vine a la esquina porque se venían las fiestas y tenía que comprarme todo, zapatillas, ropa”.

M, de 13 años, de barrio San Martín

 

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