“El consumo se debe abordar de manera distinta a las adicciones”

“Tenemos la obligación ética como adulto de poder ver que el consumo de drogas ocupa en los adolescentes un lugar también que tiene que ver con la pertenencia de un grupo”, recalcó Moreno
“Tenemos la obligación ética como adulto de poder ver que el consumo de drogas ocupa en los adolescentes un lugar también que tiene que ver con la pertenencia de un grupo”, recalcó Moreno
“Tenemos la obligación ética como adulto de poder ver que el consumo de drogas ocupa en los adolescentes un lugar también que tiene que ver con la pertenencia de un grupo”, recalcó Moreno
De cara a un curso que realizará en la ciudad con el impulso de la delegación local del Colegio de Psicólogos de la Provincia, pasó ayer por Villa María el psicólogo Rodrigo Moreno, magíster cordobés en drogadependencia, docente de posgrado y especialista en atención de adolescentes y adultos. En ese marco, dialogó con EL DIARIO en la Medioteca Mariano Moreno
 
-¿Cómo se aborda la problemática? ¿Qué tienen que hacer los padres ante un consumo problemático en sus hijos?
-Primero, hay que ordenar y revisar lo que cada uno entiende que es una problemática adictiva. Se asocia en bloque en el imaginario social y en muchos círculos profesionales que el consumo de drogas es lo mismo que adicción y eso trae aparejado que tanto en lo preventivo como en lo asistencial se lo trate de manera igual. Son dos cosas diferentes. Por supuesto que el consumo de drogas, aunque no haya dependencia, siempre puede acarrear una situación de riesgo, pero se lo debe abordar de manera diferente.
-No necesariamente el consumo deriva en una adicción.
-No necesariamente. Se tienen que dar varios factores, entre los que están el aumento de frecuencia del consumo y que el mismo se vuelva funcional a ciertas características de personalidad en cierto momento de vida de esa persona. Podríamos pensar que, a pesar de todo lo que abundan las adicciones, no cualquiera se va haciendo adicto. Volviendo a lo de los padres, en esa preocupación está lo que ellos vieron -que está sesgado por miedos-  lo que le contaron y lo que ellos creen que saben o no saben del tema, entonces en un trabajo clínico uno comienza a abordar estas cuestiones que fundamentalmente tienen que ver con los miedos, porque si no ordenamos un diagnóstico se corre el riesgo de tener intervenciones que no hacen a la solución del problema, sino que llevan a agravarlo.
-¿La salud pública está preparada para el abordaje?
-Hay muchos profesionales preparados, la dificultad tal vez aparece en la coordinación, el seguimiento y el trabajo interinstitucional.
-¿Cómo debe trabajar el entorno de la persona afectada? A veces hay retos, enojos.
-Generalmente siempre se lee lo que se ocurre desde tres discursos: moral, jurídico y el sanitario como último, cuando tendría que ser el primero. Se habla de un reto como si se tuviera sancionando una conducta como inmoral o incorrecta y en realidad no se está pudiendo escuchar qué podría haber detrás de eso. Generalmente el reto tiene que ver con la reacción inicial del grupo familiar ante el miedo, pero un proceso terapéutico tiene que estar orientado a poder reconducir todas estas ideas y poder ver dentro de la familia qué nivel de responsabilidad tienen todos. Responsabilidad, no culpas, y pensar en esto como un emergente de un problema familiar. La parte más complicada del abordaje es al principio, porque quien es señalado como paciente no tiene una demanda y quien tiene la demanda, que es la familia, no quiere ser señalada como factor causal en lo que le ocurre a este que sí identifica como paciente. Todo el mundo pone la responsabilidad en otros lados.
-¿Qué le sucede a la persona que está pasando por esta situación y ve a sus padres revisarle, por ejemplo, todo el dormitorio en busca de sustancias?
-Es una situación de invasión, que no suele llegar a un objetivo útil. Si ese comportamiento no se encuadra en la posibilidad de comunicarle al hijo, plantearle la preocupación, conversar sobre esto, termina siendo nomás una tarea policíaca que puede agravar la situación. ¿Qué van a hacer si le encuentran algo? Es ahí donde se termina haciendo en vez de un “señalamiento”, una acusación, lo que habla de una cuestión jurídica y moral, cuando el “señalamiento” te habla más de una invitación a pensarlo como una problemática de salud.
-¿Por qué se consumen drogas?
-Por muchísimos factores. Las personas que terminan desarrollando una drogadependencia significan un porcentaje muy menor de las personas que han consumido drogas alguna vez. Lo que hay que repensar es por qué alguien sigue consumiendo drogas. El espectro de respuestas ahí se reduce bastante. 
-¿Cuáles son los signos que nos hacen ver que la persona pasó del consumo a la adicción?
-Cuando empiezan los deterioros en los vínculos, en lo social, el tender a aislarse cada vez más, a esconder cosas, a manejar un lenguaje críptico. Esto que estoy describiendo tiene que ver más con los adolescentes, que es la población más señalada como de riesgo, pero que no es la única propensa a desarrollar una drogadependencia.
-Si se trata, ¿la mayoría sale adelante?
-Tendríamos que definir qué es salir adelante. Cuando hay un compromiso de la familia y hay tratamiento, se avanza, pero estas son enfermedades crónicas con tendencia a recaídas. La mayoría sale adelante, sabiendo esa situación de que son enfermedades crónicas. Y las recaídas no necesariamente tienen que tomarse como fracasos.
-Por qué generaciones anteriores no “necesitaban” consumir drogas para “divertirse”, algo que se palpa más ahora.
-En este último tiempo me he dedicado a leer bibliografía de 30 ó 40 años para atrás y en realidad siempre hubo mucho consumo, lo que ha ocurrido ahora es que se ha mediatizado. Hay un incremento, sí, pero la forma de dimensionarse tiene que ver con las redes sociales, los medios y demás. En Francia en los años 70 se tuvo que crear una institución que llegó a tener más de cinco mil pacientes. Por diversos factores nos vamos empalpando en la cultura de lo inmediato. El consumir drogas produce, aunque sea perjudicial, artificial y mentiroso con el tiempo, la posibilidad de obtener ese placer o ese resultado de manera inmediato. Termina entonces siendo funcional. El consumo te trae el efecto que vos buscás en el momento, y el perjuicio mucho más adelante. Los adolescentes están disociados temporalmente: vas a escuchar que dicen que viven el presente, el futuro no es, el pasado ya pasó. Si bajo esa lógica de vivir el presente quedás imposibilitado a registrar las consecuencias que tienen las acciones, se facilita enormemente todo tipo de conducta de riesgo. Antes, el adolescente no estaba tan disociado temporalmente; ahora sí, porque el adulto en algún punto también funciona así. Eso solamente es una línea explicativa.
-¿Qué puede decirnos de la marihuana?
-El problema es mucho mayor a si una sustancia es legal o ilegal. Hay muchísimos problemas de alcoholismo, que es una droga legal. Pensar que haciendo algo legal o ilegal voy a tener gran parte del problema resuelto termina siendo una posición peligrosa. Para muestra vale la realidad. La cocaína y la marihuana son ilegales y su consumo ha sido enorme. La herencia de ese prohibicionismo tal vez tiene que ver con esto. Mi propuesta es que si vamos a hablar de la conveniencia de legalizar o no, tenemos que pensarlo dentro de una estructura mucho mayor con muchas aristas.
-¿Qué daños genera su consumo?
-En un tiempo de uso medio y a largo plazo tenés afectada la memoria, la capacidad de aprendizaje, se produce un síndrome amotivacional, que es como una especie de depresión leve. Y todos los daños que puede traer cualquier sustancia que se fume. Hay muchos mitos proconsumo que aíslan conceptos que son en parte reales pero que lo usan con otras intenciones, como lo de que la marihuana es terapéutica.
Diego Bengoa
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