El dilema de una cárcel federal

La Unidad Penitenciaria Federal del Noroeste aparece como punto comparable para la ciudad de Oliva

La mirada de un periodista de la ciudad que viajó a General Güemes para conocer la situación de una localidad donde existe una penitenciaría similar, ante posible instalación y la polémica desatada en la sociedad olivense

La Unidad Penitenciaria Federal del Noroeste aparece como punto comparable para la ciudad de Oliva
La Unidad Penitenciaria Federal del Noroeste aparece como punto comparable para la ciudad de Oliva

Escribe: Matías Fernández especial para EL DIARIO

General Güemes es una ciudad del norte de Argentina, en la provincia de Salta. Es cabecera del Departamento General Güemes y se encuentra a 50 km de la ciudad de Salta. General Güemes cuenta con una gran producción de azúcar, producida por el Ingenio Azucarero San Isidro, el primer ingenio fundado en Latinoamérica, del cual su producción parte se exporta actualmente y económicamente está creciendo en materia de infraestructura.

En un radio de 30 kilómetros a la redonda de la ciudad hay importantes empresas y polos productivos, entre las que se destacan dos centrales termoeléctricas (Termo Andes y Central Térmica Güemes) y el parque industrial, que alberga unas 20 empresas de variado nivel y producción.

La intendenta de Güemes recibió a los periodistas olivenses
La intendenta de Güemes recibió a los periodistas olivenses

Llegamos a una ciudad con marcados antecedentes de los impactos que generan las variaciones económicas en nuestro país. Analizar la llegada de la cárcel federal a esta ciudad de Güemes es muy simple: llegó cuando no había trabajo y gran parte de los vecinos necesitaban una fuente laboral para generar su propio sustento de vida. La instalación se dio (precisamente) tras la quiebra del Ingenio San Isidro y el retroceso de la empresa ferroviaria que también captaba mano de obra local.

La realidad de Güemes con Oliva son bien distintas, pero voy a transcribir las vivencias, al menos algunas de ellas.

La cárcel de Güemes desde el vamos en el comentario callejero, institucional y oficial, hablando del punto de vista político no pudo cubrir con las expectativas deseadas desde el principio, solo generó una gran demanda de güemenses la etapa de construcción, que como si fuese poco, se hizo en tiempo casi récord. Luego de la inauguración la realidad casi volvió a ser la misma que cuando no estaba la cárcel. Solo unos pocos son “carceldependientes”. Uno de los mitos alcanzados por este medio es que gran parte de los servicios que se necesitan en un penal, llámese a esto limpieza, pintura, lavandería, mecánica automotor, cocina, mantenimiento general, jardinería, etcétera, son brindados por los propios convictos federales. Solo el rubro gastronómico está tercerizado. La jardinería posalambrados perimetrales, por una cuestión lógica, y el mantenimiento mecánico de vehículos oficiales, dan trabajo a los güemenses.

 

Instalada

El penal fue deseado desde la planta política. Representantes del Partido Justicialista (PJ) desde siempre en Salta, un entonces legislador de apellido Salum fue quien pudo lograr instalarla en Güemes y que contó con la inauguración de la expresidenta Cristina Fernández (2011). “De la década del 90 la estaban gestionando…”, aseguraron en las entrevistas más institucionalizadas. Osvaldo Salum, exdiputado nacional por Salta fue desde siempre el gran promotor de esta supuesta “gran fuente de trabajo”. Salum visita un bar diariamente. Allí fuimos. En ese lugar lo ponderan, en otros comentarios no tanto ya que ha prometido más obras y crecimiento para Güemes, que nunca llegó.

Dicho esto puedo abordar el tema de la comunicación a los vecinos sobre la instalación de la cárcel. La misma fue en pleno crecimiento, ya que cada voluntad política a favor se hacía pública y desde el primer momento las autoridades avalaban la iniciativa. La actual intendenta Alejandra Fernández, entre otros, está a favor en la actualidad y menciona que el servicio penitenciario es positivo para su ciudad. Hubo manifestaciones, cortes de rutas, frenos gremiales y más intentos para frenar la construcción… Hoy la cárcel tiene más de cinco años.

Desde 2011 las familias de los presos se instalan en Güemes y alrededores. Esto lo manifestó positivamente un exconvicto que purgó condena por seis años y que al salir su familia lo estaba esperando con casa y él se encargó de buscar trabajo. Hoy lo tiene y está blanqueado (regularizado). Se reinsertó, eso es muy interesante aportar. Aquí se confirma o se devela el mito de la instalación de familiares de los presos federales. Y otro mito más junto a ese: “Los presos federales son delincuentes de guantes blancos”, como escuchamos decir habitualmente. Yo no lo vi así, estaba bastante lejos de serlo… Creo que mis colegas tampoco lo notaron así.

Respecto a la seguridad en General Güemes, muy pocos se atreven a vincular directamente el asentamiento de la cárcel con el incremento de la delincuencia y la circulación de la droga, pero ambas en estos últimos años han incrementado su estadía en la ciudad.

Los vínculos

Con casi 50 mil habitantes, en esta localidad el rubro comercial vio un impacto no tan importante posterior a la instalación del penal, pero aseguran que hay más movimiento. Podemos entender que se trata por las familias de los guardiacárceles que se asentaron ahí y por las familias de los reos que se expanden por la zona de “la banda”, del otro lado de las vías… Zona no céntrica que va creciendo sin infraestructura municipal como principal característica.

Los profesionales en Nutrición, Psicología, docentes, algunos son de Güemes y otros bajan desde Salta (capital) que está a menos de 50 km. Esta distancia también ha hecho que no se instale un Juzgado Federal en la ciudad de la cárcel, ya que Salta tiene un par de ellos. Los abogados aseguran que no tienen mucho más trabajo en Güemes, ya que las causas se emprenden en Salta, de allí nacen la mayoría de los patrocinios.

Institucionalmente la cárcel no tiene relación con la sociedad y mucho menos con los medios de prensa, pero se maneja ya la posibilidad de empezar a vincular los talleres de reinserción laboral con algún servicio municipal y viceversa.

Si nos encargamos de la situación inmobiliaria, aseguran que hay mucha demanda de viviendas, y que los alquileres han subido su valor por el hecho de que un policía penitenciario percibe de bolsillo y sin antigüedad unos 22 mil pesos y un trabajador municipal con la máxima categoría y antigüedad solo cobra algo más de 9 mil pesos. Allí la diferencia en aquella ciudad.

 

A modo de conclusión

Se prometió una academia para formar policías y nunca llegó.

Sólo se pavimentó una calle y la ruta que da acceso a la cárcel, como beneficio para la ciudad en materia de obra pública.

Expectativas laborales insatisfechas, alto porcentaje de trabajo público.

En conclusión la cárcel resultó, a mi punto de vista, una institución que modificó el contexto inmediato, pero me generó una situación de neutralidad basada en la mirada común del ciudadano.

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