«El peronismo está en un receso, se tiene que volver a purificar»

Dr. Arturo MoroniEscribe Nancy Musa
De nuestra Redacción

Nació el 6 de mayo de 1937 en Córdoba. Médico. Tiene 5 hijos, 16 nietos y 3 bisnietos. Vino a residir a Villa María en 1970 a ejercer su profesión en la clínica del doctor Blancuzzi y luego tuvo su consultorio privado.

Fue presidente de la Comisión de Boxeo, secretario de Deporte y Turismo en la Intendencia de Carlos Pizzorno. Fue presidente del Club Central Argentino, jefe en la Colonia Vidal Abal de Oliva, integrante de la comisión del Círculo Médico, colaboró en diversas instituciones, estuvo en los medios con programas deportivos y en 1991 fue candidato a intendente por el peronismo local.

La medicina y el deporte son sus grandes pasiones…

No es simple definir al doctor Arturo Eduardo Moroni. Pero sí hay una frase para calificarlo y es la de “hacedor incansable y apasionado”.

Lo podemos relacionar con la natación, con el fútbol, con el boxeo, con el golf. Lo podemos imaginar peleando por los intereses de un club o ideando proyectos para que los jóvenes tengan un lugar mediante la práctica deportiva. O, tal vez, observarlo desde sus principios arraigados en la doctrina peronista y en su tranquilidad para analizar los errores cometidos por el partido que lleva en su corazón.

Tiene un increíble sentido del humor, una infinidad de anécdotas para llenar varios tomos y, por sobre todas las cosas, una capacidad para dar definiciones que no deja de sorprender en estos tiempos de libretos armados.

El peronismo nace en el año 1945, usted ha vivido sus 70 años de historia y todos sus avatares.
-Tenía 8 años cuando empezaba a escuchar que existía un coronel Perón, que se hablaba dentro de mi casa, mi padre era radical, no existía el peronismo todavía, si no, hubiera sido peronista, calculo (sonríe).
Me acerqué mucho a sus comienzos con 9 años, la euforia de la gente era muy grande, la Argentina venía de una década infame muy severa, donde la postergación de las clases sociales fue muy grande, el orden del país no fue bueno y, encima, después de una guerra atroz que fue la segunda guerra mundial.
Perón, en época de pos guerra, inteligentemente, tuvo la visión de aprovechar la situación de darles a los países del mundo donde se había jugado el partido, que fue en Europa, porque el partido no se jugó en Estados Unidos, se jugó en Europa.
El quiso empezar una revolución desde todo punto de vista, sobre todo canalizar lo económico a lo social y con una compañera inolvidable como fue su mujer, Evita, que manejó la obra de la fundación y Argentina cambió muchísimo.
Tengo memoria para eso, recuerdo que yo pude estudiar en la universidad, se abrió la universidad para todos, teníamos acceso a todos lados, mi padre, que era un comerciante, tuvo acceso a un crédito para tener su fábrica de pastas en el centro de Córdoba. Fue todo gracias a los planes peronistas. Eso fue una revolución social muy importante y marca una bisagra para la Argentina porque ahí nace el peronismo.
En realidad, era la confluencia de algunos partidos, había gente buena y mala, se armó con partidos de izquierda y de derecha, donde Perón inteligentemente fue haciendo su doctrina, creando sus propios principios y seleccionando los hombres más importantes para poder construir un nuevo país representado en la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Creo que Perón lo logra, eso no le gustó a algunos y en 1955 sufre su caída.

¿La muerte de Eva fue crucial en ese contexto de lucha ?
-Con la muerte de Evita se marca también una historia importante que hay que tener en cuenta. Perón quedó un poco solo, Evita era la que juntaba el grupo y cuidaba las espaldas de Perón junto con el pueblo, que los amaba a él y a ella.
En 1955 se pierde el rumbo, entran a tallar las grandes concentraciones económicas, los medios hegemónicos, como quizás pase ahora también. Ellos lo desafiaron a Perón y querían llevarlo a una guerra civil, eso está claro como el agua, el que no la vivió no puede decir que Perón se disparó, Perón no se disparó, evitó lo que podría haber sido una masacre total. Y a eso hay que tenerlo en cuenta. Yo vivía en el centro de Córdoba, a tres cuadras de la plaza San Martín, y vimos cosas atroces producidas por la famosa Revolución Libertadora.

El regreso del peronismo después de años de proscripción se produce en 1973, ¿cómo recuerda ese momento, que también fue complejo?
-De 1970 a 1974 fueron momentos muy graves del país. Uno no sabía si salía a la calle y volvía, esa es la realidad. Estar en un bando o en otro podía ser lo mismo. El que estaba con la JP o con los “Montos” tenía sus miedos de ser matado por los mismos compañeros si sacaban los pies del plato y, por otro lado, las denuncias y persecuciones permanentes que no sabías si te caían, te abrían la puerta de tu casa, te apuntaban y te llevaban. No había respeto por nada, yo a esa época la viví con mucho temor, ya estaba en Villa María, iba a Córdoba a ver a mi familia y siempre me decían que debíamos cuidarnos porque estábamos censurados, vigilados. Fue una época durísima.
En 1970, en medio de esa situación dura, me vine a esta zona para estar más con mi familia, con mis hijos. En Córdoba yo trabajaba, tenía muchas cosas para hacer, hacía deporte, televisión, pero no me llenaba eso. Yo quería atender la gente, hacer mi medicina y estar más tiempo con mi familia.
Eso fue una de las razones que me hicieron venir a Villa María, salió una oportunidad con Blancuzzi, me cobijó en su clínica y me hizo sentir muy bien. La ciudad me hizo sentir muy bien, creo que yo entré en esta ciudad con el pie derecho gracias a gente que valorizó lo que hacía; yo había sido preparador físico de Talleres y muchos fanáticos de acá me pidieron que les diera una mano con Central Argentino. El doctor Menoyo me mete ahí y tomamos contacto con el club y preparamos a Central Argentino y salió campeón. Entonces les dije “muchachos, hasta acá llego, yo vine a hacer medicina”.

¿Y el encuentro con el peronismo local en qué circunstancias se produce?
-El primer encuentro fue cuando conocí al doctor Carlos Pizzorno, en el círculo médico, en una reunión. Si no me equivoco, cuando se inaugura el edificio de calle Buenos Aires.
El se acerca como siempre, tan caballero y atento, y me dice “así que usted viene de Córdoba, qué bien”, me palmea y me indica que lo vea si necesito algo. Después coincidimos, siempre dentro del Círculo, con algunos proyectos y así lo conozco. A los dos años, el doctor Pizzorno llega a la Intendencia, me acerco a saludarlo y me dice que necesita gente que colabore. Y de ahí viene todo lo demás. Yo le dije “voy a colaborar, pero no quiero la función pública propiamente dicha, póngame en Deporte, Turismo”, son las cosas con que me sentía cómodo.

¿Por qué decidió ser peronista, si venía de una familia radical?
-No te olvides de que yo nací en un período triste de la historia mundial. En la segunda guerra, con las carencias tristes que había. Me acuerdo haber visto los autos puestos sobre cuatro tacos porque no había caucho, no había cubiertas, no había nafta. Me acuerdo de que no existía el aceite para hacer papas fritas. Para la carne había que hacer cola, para los cigarrillos había que hacer cola… No te olvides que en esos años éramos muy dependientes, nosotros siempre fuimos mandadores de materia prima: trigo, maíz, maní, pero recibíamos lo manufacturado de vuelta.
En casa teníamos la suerte de que papá en esa época trabajaba en una compañía que se llamaba La Olearia, que era como Swift, y teníamos acceso a ciertas cosas, como la famosa viandada. Me acuerdo de haber comido más que carne, la viandada, el picadillo, el paté. Un poco de aceite que recibíamos en lata y en esa época no había peronismo.
Perón era un coronel que andaba peleando con sus pares y después, cuando Perón sube empiezan a tener acción algunas cosas, como los campeonatos Evita y yo ingreso a esos campeonatos y a ver de cerca el cambio. El cambio fue tremendo, fue genial, uno por donde iba lo veía. Me acuerdo de que le decía a mis amigos cuando viajábamos “fíjense en los techitos colorados”. Todos esos techitos de tejas, escuelas, hospitales, son de Perón. Y hace poco viajando por las sierras todavía se ven en los lugares inhóspitos. En los lugares más inhóspitos se hicieron escuelas que hasta ahora son verdaderos lujos.
Perón transformó, transformó educación, salud, priorizó todo lo que podía para la gente que lo necesitaba. Hizo hospitales escuelas, hizo el Fernández que era al estilo de los mejores del mundo. Era genial ir a Buenos Aires y ver los edificios que había hecho Perón para todos, las universidades, tuve la suerte de estar en la UES y conocerlo a Perón personalmente.
Perón quería una juventud fuerte a la que la uniera algo y nada mejor que el deporte. Se hicieron los campeonatos Evita, impulsados por ella, y cuando se enferma y se nos va, hacen los Juan Perón para que hubiera continuidad.
Parábamos en los mejores hoteles de Buenos Aires los chicos que participábamos (yo en natación), a mí me tocó el famoso hotel Alvear. Nos dignificaban, nos atendían, me acuerdo de que hice una otitis con 40 grados de fiebre y me llevaron al doctor Tato, uno de los médicos más famosos del mundo, y como yo lloraba porque tenía 13 años, la trajeron a mi mamá en un avión a Buenos Aires y la instalaron en el hotel. Todo lo pagaba la fundación.
Las cosas del peronismo fueron geniales, yo era un don nadie y mi viejo radical. Perón hizo una revolución en todo aspecto. Hay que tener en cuenta el contexto y la época. Hizo una revolución y la hizo bien. Sacó el país de la nada. Era un país en el que no existían escuelas, no existían hospitales, tenía esa Fundación Eva Perón para que no le faltara nada a los pobres, iban a sus casas a ver qué necesitaban. La atención era fantástica, los hospitales se distinguían y era todo igual: con la misma aguja que cosían al rico, cosían al pobre y eso vale mucho.

Cuándo era niño, el deporte era su pasión, por lo que veo…
-El deporte era una de mis pasiones. Yo quería ser aviador, ir a la Escuela de Aviación Militar, mi mamá no me dejó porque decía que los aviones se caían, me coartó las alas (se ríe). Yo tenía 16 años y tenía que optar por algo, hacer medicina era una de las opciones.
Creo que la aviación fue una de mis pasiones que, como todo chico, luego se diluyó. Apenas me compraron el primer avioncito de madera lo llevaba con el hilito a todos lados (se ríe). Después entré en Medicina, que es mi verdadera vocación y es lo que estoy haciendo.
El deporte también fue fundamental. En natación gané el Campeonato Argentino Evita, el Argentino Juan Perón, tengo trofeos hermosos. Salí de natación y entré a estudiar Educación Física y en forma paralela hacía Medicina. Eso de que no se tiene tiempo son todas mentiras. Yo trabajaba a la mañana en un laboratorio médico que hacía reparto de muestras y luego hacía mis carreras.
Después entré como médico y preparador físico en Talleres porque hice Deportología. Entré a trabajar en la selección mayor de básquet, hice programas de televisión sobre deportología, con Clide Suárez, a quien le enseñé a nadar, y era profesor de natación del Pucará y de la pileta del Parque Sarmiento, todos cargos por concurso, jamás tuve cargos con nombramiento gratis, a todos me los gané.
Por eso les digo a los peronistas “yo a ustedes no les debo nada; en todo caso, ustedes me deben”.

Su paso por la Intendencia de Pizzorno fue corto, pero tuvo algunos logros. ¿Cuáles fueron los más importantes para usted?
-Cuando viene la oportunidad que Angel Sánchez se va, Pizzorno me puso como secretario de Deporte y ahí empieza mi periplo político. Yo hago un buen trabajo; no lo digo yo, lo dijeron todos, la gente de Pizzorno decía que el próximo intendente iba a ser yo por el trabajo que se hacía desde la Secretaría.
Lo primero que hice fue un estudio de campo, un censo de cuántos clubes había en Villa María, quiénes los dirigían y en qué situación estaban.
Por supuesto, cuando uno hace un diagnóstico, se encuentra con mil síntomas que no encajan y llegamos a la conclusión que era una pena que en ese momento Villa María tuviera más de cien clubes, de los cuáles más de la mitad era un bar en que jugaban al naipe. Entonces hablé con el intendente, le planteé la situación y le di mi visión que si eran clubes que jugaban al naipe, se abrieran como bar . No éramos inquisidores, hablé con todos los presidentes y le dije que la visión era tratar de unificar fuerzas. Pero cada uno defendía su quintita, tuvimos que reformular la cuestión y ordenar y, sobre todo, pujé para que se asociaran. Fueron dos años, no se puede hacer maravillas, pero se logró concientizar porque era un plan a largo plazo.
Siempre digo que en la Argentina una de las cosas en que fallamos es que no hay continuidad, y parece que si no lo hago yo, no se entiende. Yo pensaba que tenía que poner la piedra fundamental, por algo se empieza.   Héctor Cavagliato dijo en una oportunidad en un acto que con todas las piedras fundamentales que habíamos puesto en Villa María se podría haber pavimentado toda la ciudad (se ríe). Fue en un acto público cuando inauguramos la pista de atletismo.
Quien me apoyó mucho en esa época para hacer la pista fue Guillermo Evans, por eso cuando se le quiso poner un nombre dije que tenía que ser Evans. Hicimos muchas cosas, mejoramos la Placita, remodelamos el Salón de los Deportes, me ayudó mucho el ingeniero Tavarone, a mí me importaba hacer, agarraba la pala y trabajaba junto a las cuadrillas, apoyamos a los clubes, hicimos un plan para que los chicos aprendieran a nadar teniendo en cuenta que teníamos un río peligroso y teníamos un plan que luego se lo di a Accastello, que era poner en cada barrio una especie de polideportivo con una pileta de natación, por lo menos hizo uno Accastello, me dio bola.
Siempre pensé que el deporte abre muchas puertas.

En medio de la gestión se muere Perón y Córdoba estaba muy complicada, al igual que el peronismo.
-Voy a decir esto con sinceridad porque la verdad me dolió. En su estadía como intendente, Pizzorno tuvo tres gobernadores en Córdoba: Obregón Cano, Lacabane y Bercovich. Cada vez que ponían un gobernador allá, mandaban un sicario acá para que derrumbara a Pizzorno y nunca lo pudieron derrumbar porque era un hombre honesto, trabajador y les hacía frente. En eso tenía su fuerza política y no se dejó avasallar. Porque cambiaban el gobernador y destruían el proyecto que nosotros habíamos llevado y era una lucha continua.
Cuando vino Bercovich, tengo fotos con él y con De la Sota joven en una reunión que hicimos en el Club Rivadavia para ver si unificábamos un poco la cuestión. A Pizzorno le tocó vivir eso y fue terrible. Cuando se hacían los actos y hasta el de la muerte de Perón, se negociaba todo, quién entraba y quién no entraba, pero Pizzorno se la bancó y creo haber jugado un pequeño papel en eso.
Por la muerte de Perón se hizo un acto importante, pero estaba todo tan convulsionado, creo que algunos dirigentes desearon la muerte de Perón en algún aspecto. Fue un acontecimiento muy duro, sobre todo para los que lo sentíamos a Perón porque no todo el mundo lo sentía, había muchos grupos infiltrados que no lo sentían. Y quedó la mujer, la vicepresidenta, que, con todo respeto, no existía.

Y en toda esta complejidad, ¿ustedes seguían bregando por los proyectos?
-Y, fue una época durísima, pero a pesar de eso, yo había viajado a Buenos Aires y estaba un señor Eladio Vázquez, encargado de Deportes, y le planteé que necesitábamos una infraestructura importante para Villa María, un estadio como la gente, y hacer un complejo deportivo donde ahora está la UTN. Ese era el proyecto. Este hombre nos dijo “voy hablar con la presidente” y nos vinimos muy contentos, habíamos ido con Romani y este muchacho que era concejal, Alasino, que se le mató el hijo en el río. Alasino fue uno de los que tuvo la idea de sacar el bracito del río que se había comido varios chicos y la idea fue anularlo con postes que habían sacado de las vías y estaban tirados en la bajada de Las Playas y se hizo un parapeto para tapar el canal. Cuando se termina la obra, se muere el chico del concejal y él dijo, me acuerdo, fue tristísimo: “Yo le quité un brazo el río y el río me quitó a mi hijo”. Fue terrible.

¿Y el proyecto presentado en Buenos Aires quedó en la nada?
-Recuerdo que para hacer los proyectos que teníamos fuimos para entrevistarnos con la presidenta que venía en diciembre de 1975 a Embalse. Fuimos Pizzorno, Alasino, Sánchez, Romani, Domínguez y yo y allá nos alojaron en uno de esos chalecitos. A las 10 nos alojaron porque a las 12 teníamos la audiencia con la presidenta y con Vázquez para concretar la firma de la plata.
Eran las 20 y nosotros todavía estábamos encerrados en el chalecito porque no se podía ni salir porque estaban todos los del grupo paramilitar que defendía a Isabelita. La guardia de hierro, estaba con ametralladoras y nosotros nos asomábamos y nos decían “adentro”. Pizzorno tenía un cagazo, no me olvido de esa anécdota: Pizzorno sentado en una cama, lungo el flaco, y se agarraba la cabeza y decía “¿no nos matarán?”. “No” -le decía Rubén (Romani)-, es presión psicológica” (se ríe).
Eran las 20.30, había oscurecido y nos vienen a buscar seis tipos con las ametralladoras y nos hicieron caminar por las callecitas del complejo hasta la casa donde estaba la presidenta. Cuando llegamos a la casa, se sintieron tres o cuatro gritos y nos hicieron volver al chalé. Después, como a las 21.30 vino Vázquez y nos dijo “muchachos, hemos tratado pero no hubo forma, pero cuenten con los fondos para el centro de atletismo”. Nosotros la queríamos inaugurar rápido porque había tres o cuatro cuervos que andaban detrás del lugar, querían los terrenos.
Nosotros hicimos la pista como pudimos, ni vino Vázquez ni trajo la plata, pero pusimos la piedra fundamental y ahí fue cuando Cavagliato se mandó la de él. (risas). Y a los tres meses cayó el Gobierno y no vimos nada. El proyecto era genial, tenía hasta un miniestadio.

Y el regreso a la política se da en el 90, con la recuperación de la democracia. ¿Usted estaba alejado de la política?
-Sí, a la fuerza. No había peronismo, como ahora. Estamos viviendo un momento que se repite, nosotros los peronistas hemos tenido suerte, siempre nos han sacado en el momento oportuno. Ahora nos limpian el peronismo, estos se encargan de hacer la limpieza, sacan los corruptos, el loco, el tarado y quedan un peronismo renovado que nunca lo hubiéramos renovado en las urnas ni en internas, como pasó siempre que eran peleas entre unos y otros.
El peronismo no existía y en el 90 me va a buscar Darío Ranco, me dice que la gente me quería y me preguntó si quería ser intendente. Yo no lo había pensado, pero como nunca digo que no… Me piden Sella, Domínguez, otros compañeros, pero tenía al otro lado la guerra con Pavone, Cánova, Accastello con su Jauretche (del cual fui secretario mucho antes) y, bueno, me entusiasmaron.
Yo sabía que íbamos de punto y que no le íbamos a ganar a Angeloz y a Veglia, pero no importaba, yo me inmolaba pero pretendía que las cosas se hicieran medianamente bien y no con un peronismo que se estuviera tiroteando adentro.
Acepto, salimos a hacer una campaña, la hicimos muy linda, estábamos bien en las encuestas pero se viene la debacle cuando Rabbia sale a decir que lo amenazaron de muerte, que el partido estaba podrido y se vino todo abajo. Asimismo logré 14 mil votos, fue una buena elección. Primero les gané las internas a Pavone y a Accastello. Los muchachos querían ir al centro y hacer un quilombo, pero yo les dije “muchachos, tenemos que estar más unidos que nunca porque así no ganamos nada”.
Les pedí que bajen el copete y armé la lista con Pizzorno, Javier Sosa, José Torres y lo puse a Accastello.
Perdimos las elecciones y el partido se llenó, había más gente que durante la campaña, y ahí agarré el micrófono y les dije: “ºesto nos pasa y nos va a seguir pasando mientras no haya esta actitud que hay hoy”. Les manifesté que yo era un hombre de paso y que esa actitud de reunirse, unirse, tenía un valor inconmensurable y que si no veían eso, el peronismo moría.
A Accastello lo puse en la lista porque lo veía el más potable, era un buey laburando. Y el gringo al ser concejal tomó viento y en 1995 fue candidato a intendente y me llama para ser el primer concejal, devolviéndome la gauchada, pero le dije que no, que fuera con su gente y que iba a colaborar con la mía y que, incluso, iba a poner plata. Pero perdió por poco y después vino 1999.
En 1999 de nuevo me ofreció lo que yo quisiera ser y le dije que no quería nada, lo único que quería era que ganara y después ir al despacho a tomar un café. En ese momento dije basta, consideré que la política no era para mí y quería dedicarme a mi profesión, a mi familia.

¿Ya empezó a ver desvirtuado al peronismo?
-Sí, empecé a ver que habíamos perdido la esencia esa que vi con Perón, con todos los valores que tenía Perón en la cabeza. Se empezó a ver un movimiento que era un terremoto, con caras ficticias, con arribistas. Perón no estaba para manejar el barco, los sindicatos se habían adueñado de la cuestión y la esencia se desvirtuaba. Y lo de Menem lo tomé con pinzas y consideré que no debía estar de lleno, pero nunca me pasé a otro bando.
Me vinieron a buscar los radicales, de otros lados, las caras se buscan, tenía buena presencia, pero nunca me pasé de bando. Hoy me llaman, tienen que dar una medalla y me llaman, por militancia, por lealtad.

Y después llegó el kirchnerismo y usted, ¿qué mirada tuvo?
-Pensé que esto iba a ser así: que los que estaban eran ladrones, directamente, y que iba a ser peor que nunca. Cuando empieza Kirchner, la primera parte con Lavagna pensé que había que esperarlo porque nadie lo conocía. Lo que sí, en un momento dado le tenía fe a Cristina, me parecía una mujer con fuerza, con agallas y no sé si la embaucaron o si ella embaucó a los otros, pero lo que está, está. Pero bueno, yo no acepté más nada. Me ofrecieron ser presidente de PAMI, pero no acepté porque no veía la luz, no veía el peronismo que mamé.

¿Y cuál es su visión del peronismo hoy?
-Ha perdido la esencia, la esencia es la sabia de la vida y vos sos o no sos; tenés que ser firme, no podés doblarte, y la verdad es que yo siempre he sido así, cuando no veía bien ciertas cosas, trataba de internarme para verlas mejor , pero después, cuando vi lo de Eduardo los últimos años, con tanta plata que iba y venía, tuve un distanciamiento sin decirle nada, sin pelear.
Hoy el peronismo está en un receso de purificación, se tiene que volver a purificar. Nos han hecho un favor al perder. Cuando ganó Alfonsín, estuve contento porque pensé que iba a poner un poco ese viso de honestidad, pero íbamos a ver un país económicamente para la mier… porque es la misma guerra, la guerra que tiene Macri hoy.
Macri no sirve para nada, pero la guerra que tiene es espantosa. Para colmo, ha puesto a 15 adalides que se pelean entre ellos porque quiere saber uno más que otro. Pero esto no va, no hay cintura política, no hay capacidad de gestión, toman las medidas como si fueran patrones de estancia, suban el gas, suban esto, bajenlo…

-¿Cuál es la mancha más grande que le ve al peronismo en este momento?
-La corrupción. Por ahora hay un par de tipos involucrados, pero hay que ver cómo sigue. Creo que esto va a servir para que el peronismo ponga las barbas en remojo, que vuelva a las fuentes, a la lealtad, al respeto por las instituciones. Esa es la mancha que tiene el peronismo hoy, es una pena y yo hago un análisis: cuando un presidente gobierna 10 años, 12 años, tan malo no ha sido, algo debe haber hecho bien. Pasa que este pueblo es muy cambiante, es terriblemente ansioso, un día vitoreaba la guerra de Malvinas y a la semana lo quería ver muerto a Galtieri.
Creo que los argentinos somos pendejos, tan pendejos somos que cometemos los errores que cometemos por pendejos. Tenemos 200 años de vida contra países que tienen mil; decimos Europa, pero ellos pasaron por mil cosas peores que ésta, la Iglesia pasó por cosas peores, pero volviendo a lo nuestro, el peronismo va a salir porque tiene suerte, lo sacan en el momento justo. El quilombo viene cuando no se hace lo que el peronismo bastardo quiere. Y si el peronismo bastardo jode, nos tenemos que purificar.

¿Ve un liderazgo hoy en el peronismo que pueda purificar?
-No. Creo que lo de Cristina hoy está muy discutido y ella tendría que dar un paso al costado y decir “organícense” y colaborar de afuera para que el peronismo se purifique en todo sentido, no sólo en la corrupción, que hay que demostrarla.
Menem también tuvo corrupción y todavía están juzgando gente. Todos los partidos tienen corrupción en el mundo. Creo que hoy todos tienen que dar un paso al costado porque nadie va hablar de lo bueno. De Cristina no van hablar de lo bueno, van hablar de lo malo porque hoy la consigna es destruir al peronismo. Siempre quisieron destruir al peronismo porque todas las fuerzas políticas saben que es el gran grano que tiene el país. Pero si no fuera por el peronismo, este país no sé lo que sería, estaríamos manejados por algo peor que la mafia.
Hoy lo maneja la mafia al país. Magneto es mafia, De Vido es mafia, Báez es un pobre tipo puesto para que cargue con las culpas, pero hay una serie de gente que es mafia pura. Las mafias que se introducen en el gobierno son como cuando Gaviria manejaba el cartel de Medellín e hizo lo que hizo. No podemos llegar a una cosa así, por eso está bien que el peronismo purifique y venga la nueva camada reivindicando la esencia que pugna por lo que menos tienen.

Hemos tenido enfrentamiento a lo largo de nuestra historia, ¿por qué nos pasa lo que nos pasa?
-Porque nos subimos demasiado al caballo, cuando la gente cree que tiene el poder absoluto, es malo. En todos los órdenes de la vida. El poder obnubila,  corrompe y todo esto va a servir para decantar.
Acá hay un plan urdido, desde el Plan Marshall hasta ahora siempre hubo un plan urdido para América del Sur. Y el plan para Argentina es que siga produciendo granitos y el valor agregado se lo ponen ellos.
Ahora hay que esperar, reorganizarse y ver desde qué punto vamos a manejar la oposición. Porque somos oposición. Si creemos que todavía tenemos el poder y nos vamos a manejar poniendo bombas, eso no va, a la larga, se te hace contra. Hay que esperar tranquilos, haciendo ver lo que está mal, lo que está bien y renovar con un plan de futuro. Este Gobierno tiene que durar los cuatro años y el peronismo tiene que hacer el esfuerzo para que no volvamos a perder la democracia de vista.

La resistencia, ¿está bien o está mal?
-Está mal, las cartas se juegan en la mesa de cartas. La política se juega en la política, con acciones. Hay que depurar, pelearla desde adentro seriamente, con responsabilidad, con dedicación y sin la gente sindicada, que den un paso al costado. Ya está bien, si chorearon, dejen que vengan otros con ganas.

Creo que el peronismo se tiene que poner los pantalones en serio.


♦ Me gusta
Mi trabajo, todos los deportes, disfrutar con la familia, con los amigos.

♦ Me encanta
Viajar, conocer la idiosincrasia de los pueblos.

♦ Me divierte
El cine.

♦ Me entristece
La pobreza.

♦ Me enoja
La falta de educación, la falta de respeto.


Moroni opina sobre…

♦ Mauricio Macri
Macri está manejado por los grandes grupos, un tipo que tiene los Panamá Papers, un padre mafioso que fue un gran socio del peronismo. Macri es un niñito caprichoso. Y la culpa es del radicalismo porque le dio la estructura política. Macri ni sabía que existía Jujuy y los radicales le vendieron el alma al diablo. Macri ni sabía que podía ser presidente y agarró una papa caliente que no la puede ni creer. Y buscó 15 elegidos, creyó que con 15 directores técnicos íbamos a ser campeones del mundo . Y es una equivocación, hay que poner 15 jugadores que jueguen.

♦ Juan Schiaretti
El gringo es un campechano bueno y se va a adaptar a la situación, no es zonzo. No tiene la cintura política de De la Sota, pero el Gringo va a estar con quien le dé todo a Córdoba. Es un tipo que no hace daño.

♦ Martín Gill
Es un chico bien, no se pierde, lo que ha hecho se lo han fabricado, vamos a ver cómo se maneja en estos cuatro años en los que no hay plata y se le viene un conflicto muy serio.
Es un buen chico, tiene capacidad para algunas cosas, pero gobernar es muy difícil y hay que tener cuidado con la gente que se elige.
Es un chico prudente, tiene un discurso arreglado, no creo que sea el hombre que vaya a dejar historia. Creo que lo de Accastello se va a recordar por muchos años, va más allá de todo. Deiver y Accastello dejaron su sello.

 

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