El “Toto” lo merecía

“Tono” Daher sonríe, el “Toto” recibe su reconocimiento y José Vilella, en nombre de Alumni, lo abraza. Fue una noche especial para Perazzi
“Tono” Daher sonríe, el “Toto” recibe su reconocimiento y José Vilella, en nombre de Alumni, lo abraza. Fue una noche especial para Perazzi
“Tono” Daher sonríe, el “Toto” recibe su reconocimiento y José Vilella, en nombre de Alumni, lo abraza. Fue una noche especial para Perazzi

Si habrá recorrido canchas, si habrá sacado amarillas y rojas, si habrá aconsejado, si habrá hecho sonar su silbato dentro o fuera del área, si habrá tenido y tiene amigos que le ha dado el fútbol.

Como él mismo dice, “no me retiré del referato”, porque pese a sus jóvenes 81 años de edad, el “Toto” Alberto Perazzi fue, es y seguirá siendo árbitro de fútbol.

Anoche, en Plaza Ocampo y en una noche templada que comenzó a refrescar cuando promediaba, los futbolistas de ayer y de hoy le rindieron un cálido homenaje a su trayectoria y él se dio el lujo de ser el árbitro y ser también, merecidamente, la figura de la noche.

El “Toto” debe haber sido, cosa nada fácil, el referí más querido del ambiente a lo largo de su extensa trayectoria. Impartió palabras de aliento y severas sanciones, si hacían falta, nada menos que a ídolos como el “Zurdo” López, la “Pepona” Reinaldi, Mauro Rosales, el “Gordo” Ludueña y el “Chelo” Santoni, entre otros resonantes nombres nacionales e internacionales.

“Pero todos fueron buenos muchachos conmigo”, recordó el “hombre de la bicicleta”, que parece tener el mismo estado físico de siempre.

Anoche, con su vestimenta negra tradicional, impartió justicia entre los futbolistas y exfutbolistas que no quisieron faltar a su gran noche.

Sus cabellos canosos no desentonaron con el clima que le brindó la noche de una Plaza Ocampo que en sus épocas de grandes árboles también lo tuvo como protagonista.

“!Qué cobrás… Perazzi”, fue uno de los más populares gritos de la tribuna, viniera del bando que viniera y así pasaran las décadas.

Pero hoy cuenta con el más sincero, afectuoso y cariñoso tributo cuando con su bicicleta recorre las calles del centro de la ciudad: “Chau, Toto…”. Y eso no es poco.

 

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