Flor padece tortícolis

Flor fue rescatada de la calle por Priscila, almacenera del barrio Lamadrid, cuando un día desapacible buscaba refugio, perdida y enferma.

Priscila le brindó su hogar, la curó y hoy Flor, vestida de rojo y limpita, no deja de cuidar todo el día la puerta del almacén, en señal de agradecimiento.

Pero hace unos días Priscila veía triste a Flor. Triste y, por la mirada, también dolorida.

La llevó al veterinario y el profesional le dio el diagnóstico: tortícolis. Cuando Priscila contó a sus clientas la enfermedad de la perrita, todas se preguntaban “¿tortícolis, un perro?”.

Desafortunadamente, los perros no pueden decir adónde les duele y puede ser difícil determinar la ubicación exacta en donde se encuentra el dolor. Incluso, el veterinario puede tener problemas para determinar la ubicación. Y al haber una larga lista de causas que se puedan atribuir al dolor de cuello y espalda, identificar la causa subyacente puede tomar mucho tiempo.

Entre los síntomas, figuran el cambio de postura, la alineación anormal de la columna vertebral (por ejemplo, la espalda se curva hacia arriba), trauma visible en las zonas alrededor de la columna, que no quiera girar o levantar la cabeza, que grita o gima cuando alguien le toque el cuello o espalda, o cuando se mueve la columna vertebral, o que se niegue a moverse, letargo, debilidad, fiebre, dificultad para caminar correctamente y pérdida del apetito (anorexia).

Entonces, Flor se está curando de la tortícolis porque también afecta a los perros. Sigue paradita en la puerta del almacén y Priscila la abriga en invierno.

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