Gradualismo o shock

Escribe Alfredo Koncurat ESPECIAL para PESO ESPECIFICO

 

El diagnóstico que interpretan Scioli y Macri es parecido, la realidad muestra problemas irresueltos y en su mayoría la sociedad así lo entiende.

La economía argentina se encuentra en medio de una turbulenta tormenta, producida por factores exógenos, pero también por fricciones y conflictos internos.

Los frentes de tensión se han multiplicado en este último año; por un lado, la inflación, a pesar de mostrar un retraimiento, sigue por encima de los dos dígitos; mientras, por otro lado, la caída de la demanda externa con importante baja en precios internacionales restringe la fuente principal de dólares de los últimos años.

Si bien los últimos datos han mostrado un incipiente repunte en la industria en general, también es cierto que la comparación se retrotrae con un 2014 muy raudo.

Así, costos internos en alzas con menor posibilidad de divisas frescas están estrangulando las economías regionales: el escenario se repite en todas las provincias, importante crisis vinícola en Mendoza, frutícola en Neuquén y Río Negro, quesería en nuestra cuenca y un largo etcétera.

El cóctel es peligroso, a la escasez de divisas como fuente de financiamiento y combustible principal de la economía nacional debemos sumarle las extorsiones de los fondos buitre que, en amenaza tras amenaza, coartan la posibilidad de financiamiento internacional a tasas razonables.

Para colmo de males, nuestro principal vecino y aliado comercial Brasil está surcando su propia crisis económica, agravada ésta por una crisis institucional y política que no presagia encausarse sin importantes consecuencias.

La fuerte devaluación de los “cariocas” pone en jaque a nuestra economía doméstica y restringe de soberana manera los grados de libertad de nuestra política.

A todo este panorama le debemos sumar la transición de gobierno, que supone un nuevo elemento de incertidumbre: a pesar de lo mucho que se escucha, no tenemos certeza de cuáles serán los lineamientos del ganador de las próximas elecciones.

 

Propuestas diferentes

Las diferencias entre las propuestas se ven claramente reflejadas a la hora de interpretar las causas y por tal motivo las recetas a aplicar a partir del 11 de diciembre.

Por un lado, Macri ya expuso sin anestesia que aplicará de ser presidente una política de shock: ajuste con quita de subsidios para reencausar el déficit fiscal y la inflación, liberación del cepo cambiario y “libre mercado” al dólar, que estima se situará “más bajo que $16″ en referencia al dólar blue. En tal sentido, el referente de Cambiemos criticó abiertamente a su contrincante llamándolo “mentiroso” cuando éste prometió un dólar por debajo de los $10 en enero.

La abrupta devaluación representaría una caída de más del 40% del salario real, provocando una baja de consumo de las familias, una cruel redistribución de riqueza en contra de los más vulnerables, pero recuperaría la “competitividad” que tanto necesitan las empresas; al mismo tiempo, encarecería las importaciones, lo que corregiría al menos por un tiempo el saldo de balanza comercial, en un supuesto escenario de confianza se re-fortalecería la inversión y se inundaría de dólares la plaza con entrada de capitales.

Por su parte, Scioli propone un “gradualismo”, según declaraciones de su máximo referente económico Miguel Bein, se deberían bajar las retenciones y lograr así que el campo liquide los 8.000/10.000 millones de dólares retenidos en granos.

Con un dólar administrado, la propuesta apuesta a continuar con una demanda interna fuerte que sostenga la actividad y con ello el empleo mientras se reduce los mecanismos de presión inflacionaria.

La creación de un banco de desarrollo sería la herramienta crucial del plan de Scioli para potenciar la industria sin resentir los índices de ocupación.

 

Escenario complejo

Está claro que el paso de mando se dará en medio de un delicado contexto, la histórica puja distributiva pone en riesgo las diferentes propuestas. ¿Podrá el nuevo gobierno, sea el color que fuera, encausar los diferentes sectores hacia un pacto social que genere sinergia económica positiva?

Por lo pronto, tanto uno como otro candidato apuntan a recuperar la confianza de los argentinos y que éstos traigan al menos una parte de los 200/400 mil millones de dólares que se estima tienen bajo el colchón.

La entrada de capitales parece ser la clave para fondear la nueva etapa del país, una nueva fase de desarrollo que requiere indefectiblemente como lo han hecho otras naciones seguir potenciando a la industria.

El reto del próximo presidente (y por qué no de toda la sociedad) será sin dudas mayúsculo.

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