«La batalla cultural es mucho más que un lema»

 “La cultura argentina es hoy una industria en expansión que produce y exporta bienes y servicios, genera  puestos de trabajo para el sector y ofrece actividades y espectáculos de los que disfrutan millones de personas”
“La cultura argentina es hoy una industria en expansión que produce y exporta bienes y servicios, genera puestos de trabajo para el sector y ofrece actividades y espectáculos de los que disfrutan millones de personas”

Escribe Marcelo J. Silvera
Periodista, escritor y gestor cultural

“No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”. Así comienza “El mito de Sísifo”, ensayo filosófico de Albert Camus, originalmente publicado en francés en 1942 como “Le Mythe de Sisyphe”.

Si bien este ensayo en realidad no refleja en nada aquello a lo que deseo referirme, la frase con que inicia impulsa al pensamiento filosófico en tiempos donde el pensamiento está devaluado y la simpleza de opinión, al orden del día.

Mucho se habló de la batalla cultural en los últimos años. Muchos la batallan, otros se metieron en la trinchera, algunos desertaron. Pero difícilmente se encuentre traidores. Y aunque se la llame “batalla” no es una guerra contra nadie, sino una lucha intelectual a favor de todos.

Los artistas, los gestores culturales, los intelectuales, aquellos que fomentan la cultura, en gran parte reconocen los avances obtenidos dentro de nuestras áreas y seguramente firmarían la continuidad de la mayor parte de las políticas culturales.

Aunque, sin dudas, como en toda familia hay diferencias de criterios y posiciones políticas.

La batalla cultural es mucho más que un lema, es defensa de lo logrado sin resignar crecimiento, mejoras, nuevos reclamos. Es pensar en un total, no en individualidades, y reconocer los logros e intentar defenderlos.

Como nunca antes en 200 años de historia, luego de una década de crecimiento, la cultura argentina es hoy una industria en expansión que produce y exporta bienes y servicios, genera puestos de trabajo para el sector y ofrece actividades y espectáculos de los que disfrutan millones de personas en la Argentina y en el mundo.

En la última década, la construcción y la refacción de edificios para albergar cultura también fue récord.

Desde 2003, la tasa interanual promedio de crecimiento del PBI cultural es 14,4%. En 2014 el sector cultural facturó casi 250 mil millones de pesos. Eso significa que la cultura generó un valor agregado de casi 100 mil millones, es decir, el 2,73% del Producto Interno Bruto (PBI). Un análisis comparativo permite afirmar que entre 2004 y 2014, el PBI cultural creció un 26% más que el PBI total (87% contra 61%, respectivamente).

Además, se presenta la medición del empleo cultural en la Argentina y el desempeño del comercio exterior cultural, tanto de bienes como de servicios.

Estos relevamientos muestran que durante 2014, la cultura generó 400 mil puestos de trabajo (200 mil puestos de trabajo directo y otros 200 mil indirectos), es decir, el 2,5% del empleo total; y que entre 2004 y 2014 el empleo cultural creció un 40%, lo que equivale a un 23% más que el crecimiento experimentado por el empleo total.

Estas tres mediciones (PBI cultural, empleo cultural y comercio exterior cultural) permiten valorar el aporte de la cultura a la economía argentina, tanto desde sus sectores productivos locales, su relación comercial con el mundo y como fuente de empleo.

En los últimos años, las exportaciones culturales argentinas rondaron los 500.000.000 de dólares.

En un 150% aumentaron las exportaciones del sector audiovisual, lo que convierte al país en uno de los principales productores de contenido audiovisual cultural y educativo del mundo.

En el ámbito nacional, más de 10 millones de argentinos disfrutaron del patrimonio colectivo reunido en los 27 museos nacionales. Se crearon museos, casas del bicentenario y espacios culturales en todo el país.

En 2014, más de cuatro millones de personas asistieron a funciones teatrales en espacios de todo el país. Cada año, se realizan en promedio ocho mil espectáculos.

Desde 2003, el Estado incrementó casi un 200% el monto otorgado en subsidios a las dos mil bibliotecas populares de todo el país.

Se distribuyeron más de un millón de libros en el último decenio para poner en valor estos espacios comunitarios de lectura.

Respecto a la producción editorial, en el último año se registraron en el país 28.010 títulos con 128.929.260 de ejemplares.

Más de 900 películas nacionales se estrenaron en la última década. La inversión en cine también alcanzó su máximo histórico: se destinaron más de 200 millones de pesos a producir películas y modernizar las salas del país. Las películas nacionales ganaron prestigio internacional y centenar de premios en todos los festivales. Además, se baten récords de público constantemente y hasta Hollywood realiza remakes de productos audiovisuales nacionales.

El acceso igualitario a la cultura se plasmó gráficamente con la instalación de Tecnópolis y la posibilidad de los niños de todo el país de viajar (tal como lo hacen los estudiantes de nuestra región), conocer y ser parte.

La Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, que remplazó a las normas de la dictadura, no solamente aportó mayor pluralidad y competitividad de diversos sectores postergados comunicacionalmente, sino que produce mayor ocupación laboral con miles de puestos de trabajo en todo el país.

Producciones locales que sostienen y defienden las culturas de cada territorio, desplazando al modelo comunicativo porteño que imperó por décadas en Argentina. Y con la Televisión Digital Abierta (TDA) no solamente llegó la televisión a todos los rincones de la Patria, sino que se fomenta la producción nacional con los canales Paka Paka y Encuentro, por ejemplo.

Se creó el Ministerio de Cultura de la Nación, lo cual jerarquiza la cultura. Se sancionó la Ley de la Música, la Ley del Actor y el Empleo Cultural. Se creó el Instituto de la Música.

Y la lista sigue, es muy larga. Demasiado para estas páginas.

Por su parte, los actuales gobiernos de los principales opositores del proyecto nacional y popular y candidatos a presidente han dado muestras claras de cuáles son sus posicionamientos ante la cultura, cerrando espacios, con reducción de presupuestos y propuestas de privatización de los mismos.

Seguramente queda camino por andar. Falta y hace falta mayor crecimiento, apoyo, incentivo. Pero permitir el retorno del neoliberalismo tirará todo lo logrado por la borda.

De cara al 25 de octubre la decisión es entre dos modelos: subirse a la lancha de la gran Argentina y seguir transitando este camino iniciado en 2003, cuya continuidad está puesta en las figuras de Daniel Scioli y Carlos Zannini, o volver a las políticas neoliberales que habían dejado a la cultura en ruinas.

Es tiempo de profundizar, no de resignar ni suicidarse.

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