La edad de inicio en el consumo de drogas es a partir de los 11 años

Constanza Bencid, trabajadora social del equipo
Constanza Bencid, trabajadora social del equipo

El equipo de prevención y tratamiento de adicciones de la obra social de los trabajadores lácteos dio cuenta de los datos estadísticos del trabajo realizado en el año 2014

 

Constanza Bencid, trabajadora social del equipo de tratamiento de adicciones de la   Obra Social del Personal de la Industria Lechera (OSPIL), destacó en el informe del trabajo realizado el año pasado que el 3,29% de los afiliados demandó asistencia por adicciones.

La edad promedio de inicio de consumo de drogas legales e ilegales en nuestro país, según el Observatorio Argentino de Drogas, oscila aproximadamente entre los 16 y 18 años, con una constante tendencia en reducirse. En el caso del trabajo de la obra social, “el 91,66% de la población investigada comenzó a consumir la droga hacia la cual presenta adicción en la etapa de la adolescencia, entre los 11 y 18 años”.

Otra variable a tener en cuenta es que de la población asistida, el 33,3% es menor de edad y que ninguno está inserto en el sistema escolar, “habiendo abandonado los estudios, sin cumplimentar con la escolarización obligatoria”.

El completo informe da cuenta que la marihuana, como droga de inicio y libre consumo, común en los jóvenes por el creciente apoyo del narco-comercio mediante la propaganda de que se trata de una droga inocua, divertida y símbolo de rebeldía, ha repercutido dejando los rastros de una generación intoxicada. La marihuana produce disminución de la actividad cerebelosa que se expresa en alteraciones de la coordinación motriz y propioceptivas y de la capacidad de aprendizaje y memoria. La marihuana compromete la capacidad de aprendizaje y de recordar información, primordialmente al deteriorar la habilidad de enfocar, sostener y rotar atención; principales funciones para el aprendizaje escolar, a lo que se suma conductas de violencia e irritabilidad que aumentan el riesgo de deserción escolar”, aclaran.

 

Decisión

Un dato importante que surge del informe es que en la mayoría de los casos, el que pide tratamiento es un familiar de la persona adicta.

“Cuando estas demandas de tratamiento son realizadas por otra persona que no es el enfermo, como ocurre en un alto porcentaje, el tratamiento generalmente no tiene éxito. Esto tiene relación directa con la necesidad, indispensable, de voluntad del paciente en rehabilitarse”, indicó la profesional en el informe.

Agrega que también “es indispensable el apoyo, acompañamiento y contención del grupo familiar del paciente para un tratamiento favorable”, basándose en la idea de que el adicto no es “el enfermo”, sino el emergente de un grupo familiar psicotóxico.

 

Drogas y violencia

En los casos abordados por el equipo pudieron observar que como consecuencia del consumo abusivo o problemático de drogas o alcohol, se generan conductas violentas que traen consecuencias en problemas legales, accidentes viales o agresiones dentro y fuera del grupo familiar. “Las drogas y el alcohol deterioran en la persona la coordinación motriz, la capacidad de percepción, la capacidad de asumir riesgos y juzgar e irritabilidad, entre otros; generando conductas en el adicto de violencia”, indica la profesional.

“No queda más que concluir en la necesidad de insistir y enfatizar en el abordaje interdisciplinario, trabajando en el paciente y su grupo familiar como subsistema abierto, desde la asistencia y prevención en consumo de sustancias psicoactivas legales e ilegales, para lograr una mejor calidad de vida de la población”, concluye el informe.

Finalmente, hay que señalar que Ospil viene trabajando el tema con un equipo que conformó Gustavo Ballas, con el acompañamiento de Constanza Bencid, la psicóloga María Mainardi, el psiquiatra Gustavo Garello y el médico toxicólogo Gustavo Racca.

 

Capacitación a delegados

Se realizará el 24 y 25 de agosto en el predio de Atilra y está organizada por el Ministerio de Trabajo. Es libre y gratuita y está destinada a delegados de todos los gremios. El objetivo es formar a los dirigentes sindicales para que detecten si hay problema de abuso de drogas y de alcohol en los ámbitos laborales en los que se desenvuelven y que, además, estén en condiciones de dar respuesta y guiarlos para el tratamiento adecuado de la enfermedad.

Las inscripciones se realizan en la sede central de Atilra Villa María, sita en Belgrano 280.

 

El ambiente del trabajo: ¿contención o peligro?

A raíz de las charlas de prevención que comenzó a hacer con Ospil Gustavo Ballas, detectaron que la problemática se multiplicaba entre los trabajadores.

Es por eso que desde el gremio lácteo, Pedro Fernández, secretario general, procura trabajar con las empresas para que el adicto no pierda el empleo y se garantice el tratamiento.

En el informe, se da cuenta de lo que pasa con la relación de las adicciones y el mundo del trabajo. Del total de los asistidos por el equipo en Ospil en el año 2014, “el 22,2% se retiró de manera voluntaria del trabajo, generando un acuerdo con la empresa empleadora, y el 11,1% renunció al trabajo; ambos por los efectos de la adicción sobre la salud, como así también sobre el rendimiento laboral”. “En los casos abordados por el equipo se asistieron situaciones en las que el trabajo era un factor de riesgo, debido a que en este ambiente se encontraban consumidores o proveedores de la droga; y también se asistieron casos en los que el trabajo actuaba como factor protector, donde los empleadores tenían conocimiento de la adicción y participaban de manera activa en los tratamientos”, aclara el informe.

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