Payasos: ciudadanos ilustres en el reino de la niñez

Coco y Ferrucho, de la compañía villamariense La Dionisia Circus

En el marco de sus espectáculos de verano, la Medioteca Municipal acaba de reeditar su célebre “Circoteca”. Allí, magos, clowns y malabaristas se dieron cita durante enero y febrero con marcada presencia local. “Chumy” (Ramiro Chanquía) del “Circo Moskito” junto a “Coco” y “Ferrucho” (Manuel Cabrera y Matías Sánchez) de “La Dionisia Circus” hablaron del arte ancestral de hacer reír desde la inocencia

Coco y Ferrucho, de la compañía villamariense La Dionisia Circus
Coco y Ferrucho, de la compañía villamariense La Dionisia Circus

Hay un verso de John Keats que siempre retumbó en mi cabeza: “Pero tú no naciste para morir, oh pájaro inmortal”. El poeta se lo dedicó a un ruiseñor que escuchó cantar en un patio de Inglaterra hace 200 años. Le pareció que era el mismo que cantaba en todas las fábulas y mitologías, o que toda la especie cantaba en la voz de aquel ejemplar único haciéndole sentir a él, al pobre Keats, toda su mortalidad. Acaso al escribir este poema, Keats se volvió como su ruiseñor; una voz singular a través de la cual habló toda la poesía del mundo. Del mismo modo, un payaso es también un arquetipo tan inmortal como aquel ruiseñor hecho de palabras. Y cada vez que alguno sale a escena, está diciendo un verso de un poema interminable. Porque pareciera que los niños vinieron al mundo a escuchar ese poema. Y a pesar de las nuevas sociedades y las nuevas tecnologías (incluso a pesar de los nuevos conceptos de niñez de la posmodernidad) ningún niño puede sustraerse a un payaso. Porque ese “pájaro inmortal” vino a decirles que hay un reino al que nadie puede entrar sin inocencia; que ellos (los niños) no nacieron para morir y que bajo las carpas pobres como bajo las estrellas, ellos serán para siempre la sal de la tierra.

La Dionisia Circus: magia y clown al estado puro

“Coco” y “Ferrucho” (que es lo mismo que decir Manuel Cabrera y Matías Sánchez) son músicos. De hecho, hoy reparten su guitarra y su bajo en “Radical Roots” y la “Funky Dealer Orchestra”. Pero desde hace 16 años, sus incursiones a escena los puso en la puerta del circo.

“La compañía se formó en el año 2000 con cuatro integrantes -recuerda Matías- Nuestros referentes fueron Chumy y Javier García. Ellos empezaron a actuar en El Estilóbato en épocas en que no se conocía el circo en la ciudad. Hablo del circo como espectáculo y no como animación. Nosotros frecuentábamos El Estilóbato como músicos porque tocábamos en Velo Santa. Y en la formación estaba Lucas Destéfanis, que además hacía teatro. Eso nos daba una puesta muy teatral y a modo de juego habíamos aprendido a “malabarear” y hacer acrobacias. Un día, un amigo payaso que es Claudio Somale, me llevó con él a unos cumpleañitos. Yo tocaba la guitarra, el redoblante, y de a poco fui metiendo unos bocadillos. Cuando en 2000 vimos a Chumy y Javier, ya estábamos listos para arrancar con la compañía”.

-¿Trabajan en la calle o venden sus espectáculos a privados?

Coco: -Hicimos las dos cosas. Pero es difícil vivir en Villa María de payaso callejero. Por eso animamos fiestas y eventos. Hacemos desde acrobacias con clavas y fuego, hasta zancos y monociclo. Hoy, el boom del circo pasa por los cumpleaños de quince.

-¿Cómo reaccionan los villamarienses ante el payaso callejero?

Coco: -En general reaccionan bien. Pero la diferencia con las ciudades grandes es que acá no hay mucha cultura de arte callejero y es difícil mantenerte de la gorra. Paradójicamente, la gente te acompaña si hacés un espectáculo y cobrás una entrada.

Matías: -En todos lados está el que se siente incómodo o el que tiene prejuicios y no se entrega al juego. Cuando uno se pone la nariz roja, en el fondo está pidiendo permiso para jugar. Hay payasos que pueden ser muy ácidos y se la agarran con alguien del público. Eso puede ser muy molesto. Igual no es nuestro estilo.

-¿Prefieren trabajar bajo techo o bajo las estrellas?

Coco: -Hay una gran diferencia entre estar en la calle y en un lugar como la Medioteca, donde empezás con la gente ya sentada. En la calle hay que llamar al público y todo es prueba y error. Un mismo chiste puede funcionar en la calle pero no bajo techo. Son dos públicos y dos desafíos muy diferentes.

-De todas las variantes del circo, ¿por qué eligieron el clown y la magia?

Matías: -Yo estoy enfocado en la búsqueda del payaso porque busco la risa. Pero también me gusta generar una charla con el público a través de los gags y exponer un mensaje, es decir mi visión del mundo. Eso genera un diálogo maravilloso.

-¿Hay diferencia entre el payaso y el actor?

Matías: -Muchísima. El payaso es una construcción en base a tu propio “yo”, a diferencia del actor que se entrena para hacer todo tipo de papeles. Un payaso es, en cierto modo, una catarsis personal. Trabajás con tus miedos, con tu dolor, con tu esperanza. En el fondo, el payaso está más cerca del psicoanálisis que del teatro.

-¿Y la inspiración?

Matías: -Mi inspiración permanente son los niños. Desde cómo te parás hasta tu forma de ser está basada en ellos. Un niño puede estar súper contento y de pronto se enojó, te pateó los juguetes y se fue. Y el payaso es igual, está construido sobre una inocencia y una espontaneidad que no se puede enseñar.

-¿Cómo reaccionan los chicos ante la magia?

Coco: -Los niños se entregan por completo porque la magia les propone un desafío a la normalidad del mundo. Pero con los grandes es distinto. En Argentina es muy difícil hacer magia para los grandes porque todos estamos buscando a donde está el truco en vez de disfrutarlo. Se ve que estamos hartos de que nos engañen. Pero un truco no es un engaño; es sólo un pase para que te sorprendas y dejes volar tu imaginación.

 

El Chumy: primer payaso villamariense

Chumy, alumbrando con su oficio de clown los inicios del circo local
Chumy, alumbrando con su oficio de clown los inicios del circo local

Mucho antes de convertirse en el “Chumy” y cuando aún cursaba sexto grado, Ramiro Chanquía hacía teatro en los altos del Club Sarmiento. “Tenía once años y ya estaba en el Estable. Pero a fines del secundario empecé con malabares por mi cuenta mientras era parte de una murga: “Los sin nombre”. Fue mi experiencia previa al circo, que lo trajo a Villa María Javier García en el año ´98. Javier había venido a hacer funciones callejeras y no se fue más. Por esa época se abrió El Estilóbato y lo convocaron para enseñar malabares. Y yo con 18 años fui uno de sus primeros alumnos.”

-¿Y cómo siguió tu carrera?

-Empezamos a trabajar con Javier, los dos como contratados y luego dando clases en El Estilóbato. Luego, entre varios amigos, organizamos el primer encuentro de circo en Villa María. Fue en 2003 y vino gente de todo el país a dar charlas y mostrar rutinas. El segundo fue en 2004 en la Medioteca cuando todavía era un galpón y colgábamos los trapecios. En 2005 hicimos el tercero en Atilra y se nos desbordó de gente de todo el país, de Chile, de Alemania, de Estados Unidos… Pero el cuarto llegó recién en 2014.

-¿Qué pasó en esos diez años?

-Pasó que cambió radicalmente el espíritu de esas convenciones. Antes todo era muy amateur y de corazón. Los encuentros se hacían para formar artistas y ese era el único lugar en donde aprendías cosas. Hoy, con el boom de Internet, se fue perdiendo esa espontaneidad y todo está subido a YouTube. Además, hay talleres por todas partes. Antes era solamente de persona a persona. Hoy, los artistas van más a mostrar que a aprender y todo se cobra.

-¿Por qué te especializaste en el payaso?

-Sin dudas porque vengo de la actuación. Mi tarea en todos estos años fue fusionar el teatro con el circo y la destreza siempre es una excusa. De eso doy fe en mi espectáculo “Punto mogol”.

-¿Hay mucha diferencia entre la actuación teatral y la circense?

-La diferencia tiene que ver con los públicos. El circo siempre fue “inocente y para los niños” mientras que el teatro fue “político y para los adultos”. Pero esas diferencias están desapareciendo cada vez más. El payaso ya no es un mero entretenimiento para los niños sino que también dice su punto de vista. Y el teatro, últimamente, tiende a derribar “la cuarta pared”. Hoy, circo y teatro son disciplinas que se retroalimentan.

-¿A qué se debe la tremenda vigencia del payaso?

-Creo que es la misma vigencia del teatro; ese “aquí y ahora” que es inigualable y va a trascender amén de las tecnologías o los modos de vida. Esa magia del instante es única y no se puede reemplazar con nada. La catarsis del público, la emoción del momento y la interacción entre actor y espectador, son únicas. Y el payaso, además, siempre le alimenta al niño la ilusión de pasar y actuar para el público.

-¿Cómo se forma un artista circense en Villa María?

– Hasta el año pasado tuvimos un taller en el Leonardo Favio, pero no sé que va a pasar en 2016. Era netamente de elementos: clavas, diávolo, zancos… Hay cursos de acrobacia en tela de Romina Miranda y Mariana Pons, pero no mucho más. Para hacer talleres de “clown” hay que ir por las convenciones de todo el país. Yo lo hice mucho tiempo. En 2013, con Romina, Mariana y Pablo Barone, dictamos un taller de Circo en el Rivadavia. Tuvimos 85 chicos en total y fue increíble los progresos que hicieron: salimos a la plaza e hicimos una Farándula completa con números. Pero la actividad se cayó en estos tres años hasta que Anabella nos convocó. Fue una verdadera resurrección del circo.

Iván Wielikosielek

P17-Anabella GillReferentes provinciales “made in” Villa María

Además de ser la directora de la Biblioteca Municipal Mariano Moreno, Anabella Gill es una de las personas que, desde el ámbito cultural, con más fuerza promovió el circo en Villa María. Sin embargo, desde el año 2010 que no había payasos en la Medioteca.

“Había pasado mucho tiempo sin la actividad que a los chicos más les fascina, por eso la volvimos a proponer –sostiene Anabella- Además, está muy bueno el circo dentro de nuestra biblioteca, donde siempre buscamos formar espectadores y estimular la lectura. De las cuatro actividades del verano, el circo fue la que más gente trajo: un promedio de 250 espectadores por noche. Una familia cordobesa que siempre vacaciona acá, nos dijo que estaban felices de contar con la Medioteca porque en Córdoba ni pagando había nada para hacer con los chicos. Hubo mucha gente de otras provincias que vinieron a las Peñas y pasaron por acá. Poco a poco, los espectáculos de verano de la Medioteca se están posicionando como referentes en toda la provincia”.

Cabe destacar que la Circoteca 2016 contó con cuatro compañías en escena: “Circo Moskito” de Ramiro Chanquía y “La Dionisia Circus” de Matías Sánchez y Manuel Cabrera (ambas de Villa María); “Frutilla con crema” del clown chileno Claudio Martínez (“El Does”) radicado en Francia y “La Meteorológica del Circo Da Vinci” de Córdoba, con Daniel Aldape ( “Antuco”). La actividad estuvo coordinada por Chumy.

“Si tenemos un referente villamariense en una determinada disciplina, me parece fabuloso que se encargue de coordinar la actividad y convoque a otros artistas –concluye Anabella- De este modo se retroalimenta el circuito. Del mismo modo, Alicia Perrig coordinó la narración oral, las chicas de Piedra Papel Tijera la música infantil y Valentina Morello los títeres. Ellas también son referentes de su profesión en Córdoba y el país; y sobre todo, un orgullo inmenso para nuestra ciudad”.

 

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