“Tratame bien”

Adultos mayores que para evitar almorzar solos, se reúnen en el comedor que funciona en el MuniCerca del barrio Carlos Pellegrini

Los mayores que a diario asisten al comedor del barrio Carlos Pellegrini, hablaron con EL DIARIO sobre el maltrato a la vejez. “Lo peor es la soledad”, coincidieron”

Adultos mayores que para evitar almorzar solos, se reúnen en el comedor que funciona en el MuniCerca del barrio Carlos Pellegrini
Adultos mayores que para evitar almorzar solos, se reúnen en el comedor que funciona en el MuniCerca del barrio Carlos Pellegrini

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el 15 de junio como “Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez”.

Para que tomen la palabra, visitamos a los mayores en uno de los comedores dependientes del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia, donde a diario se reúnen a almorzar y compartir actividades recreativas. Todos coincidieron en que el mayor mal de la vejez es la soledad. Esto dijeron al charlar con EL DIARIO:

Jose Alberto Ardovino (68). Hace aproximadamente 14 años que concurre al lugar y hasta hizo una cancha de bochas al lado para jugar con amigos. “Acá es como mi segunda familia. Yo tengo una familia, hija, nietos; pero eso no quita que sienta que acá es otra familia. No vengo sólo a comer, sino a pasarla bien”, planteó.

Recuerda el respeto que tenían en antaño por los mayores: “Mi mamá era lavandera y nosotros de chiquitos la ayudamos para que se pudiera echar una papa más a la olla. Siempre estuvimos con ella”.

Omar Peralta (73). “Yo llevo ocho años viniendo acá y estoy muy contento: el compañerismo, el trato, el servicio. Vivo solo y no es que la jubilación me sobre, pero más vengo por la compañía. La verdad, es muy fea la soledad, por eso hay que salir. Yo tengo una bici y en la medida que la salud me deja, salgo a compartir con los demás. Y cuando tengo que estar en casa, miro tele, por eso digo siempre que para mí, la TV es un amigo”.

Juan Andrada (79). El hombre acostumbrado a las tareas rurales que desarrolló durante toda si vida laboral, decidió radicarse en Villa María tras su jubilación. “Como vivo solo, vengo al comedor hace cuatro años. Me hizo muy bien, estoy muy agradecido porque acá te hacés de compañeros y no sólo venís a comer, sino que hacemos actividades con las chicas que vienen de la universidad. Por ahí escribo poesía y me gusta”.

“Es doloroso estar solo, los tiempos han cambiado. A mí mis hijos me vienen a visitar, pero me parece que antes se valoraba más a los abuelos. Ahora uno siente que no es lo mismo y no queda otra que transitar este camino, el último, en soledad”,

Sara Martina Páez (71). Ella viene del barrio Botta y trae una mochila cargada de dolor. Además de accidentes y enfermedades que le arrebataron hijos y marido, tiene la herida abierta de no poder saber cuál fue el destino de su hija, Sara Mundín, desaparecida en 1988. “Yo crié a su hijo, estudió y todo; pero ahora está en la cárcel. Sufro mucho y por eso venir acá me ayuda, me encuentro con amigas y charlamos un poco”.

Rosa Cámpora, responsable de la cartera de Desarrollo Social en Villa María, destacó que a los cuatro comedores ubicados en Las Playas, Rivadavia, San Martín y Carlos Pellegrini asisten 250 abuelos. Valoró el convenio con la universidad y el Profesorado Gabriela Mistral, por el cual alumnos de esas casas de estudios realizan actividades recreativas para los adultos mayores.

Encuentro intergeneracional

La Municipalidad realizará hoy una “actividad intergeneracional” en la plaza Centenario. Comenzará a las 11 y contará con la participación de adultos mayores y de los niños del Centro de Promoción Familiar Amadeo Sabattini. En la oportunidad, repartirán lazos de cintas lilas, que es el color distintivo de la concientización sobre el abuso, el maltrato y la violencia hacia la vejez.

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