Trío de oro para el primer “Oscar” de la Villa

El realizador local Darío Mascambroni se alzó con el premio Bafici 2016 a la mejor película argentina con “Primero enero”. Junto a los dos actores del filme, los villamarienses Jorge Rossi y su hijo Valentino, hablaron de un largometraje fundamental para el cine cordobés

Jorge y Valentino Rossi junto al director  Darío Mascambroni
Jorge y Valentino Rossi junto al director Darío Mascambroni

Aquel enero de 2014 será recordado durante muchos años no sólo por Darío, Jorge y Valentino, sino también por todos los que directa o indirectamente participaron del filme. Los camarógrafos, los sonidistas, los editores y, sobre todo, el “clan Mascambroni”, aquella familia que de tan numerosa pasó a convertirse en una “productora independiente” alojando al “staff” durante quince días en su casa de las sierras. Pero aquel enero de 2014 también será recordado por cada muchacho o muchacha que, a partir de ahora, intente su primera película desde Villa María. Porque contarán con un respaldo tremendo al saber que desde aquí también se puede.

Más allá del impacto en la “patria chica”, hay que decir que “Primero enero” también habrá dejado huellas indelebles en el cine argentino. Y es que la película ha plasmado una idea absolutamente nueva sobre el modo de contar una historia, un fabuloso equilibro entre el registro minimalista y la progresión dramática de la acción.

Sucede (y esta es la modesta opinión de este cronista) que la enorme mayoría de las películas nacionales de bajo presupuesto pecan, precisamente, de “falta de equilibrio”. Y son “declaradamente minimalistas” (es decir que producen un sopor intolerable en el público) o son tan afectadas que, mediante un “lenguaje independiente”, no hacen más que reproducir la lógica de Hollywood. Pero nada de eso sucedió en la factura final de “Primero enero”. Más deudora del mejor cine iraní que el americano y heredera de ciertos chispazos brillantes de nuestro nuevo cine (“El aura”, “La ciénaga”, “El cielito”) si algo caracteriza a la ópera prima de Mascambroni es la depurada sencillez del relato, despojada de todo artificio o guiño a un público entendido. Sin embargo y aún con todas sus influencias, hay un elemento en “Primero enero” que se escapa de plano a los grandísimos filmes anteriormente citados. Y ese algo es la actuación de un niño.

No se trata de haber puesto la cámara frente a Valentino Rossi para que se muestre “tal como es” y aprovechar su frescura. Se trata de algo mucho más complejo y profesional. Porque como si fuera portador de una guitarra de doce cuerdas, Valentino (con sólo siete años durante el rodaje) supo sacarle todos los sonidos posibles a su precoz diapasón de actor. Y esto lo emparenta con algunos niños-prodigio de la historia del cine, como Jean-Pierre Léaud que en 1959 (y bajo la batuta de François Truffaut) ganaba el Festival de Cannes con “Los 400 golpes”.

Fotograma de Primero Enero 1
Fotograma de Primero Enero 1

La historia de “Primero enero” es tan simple como conmovedora. Un padre (Jorge) y su hijo (Valentino) se van un fin de semana a la casa de las sierras (que pronto pondrán en venta) como “viaje iniciático” tras la separación. Esto obligará al pequeño a entender que “mamá estará por un lado y papá por el otro” por siempre jamás. Y hay que decir que, desde la tristeza con que Valentino habla con su madre por celular aún sabiendo que no hay señal (una de las escenas más conmovedoras de la película) hasta la alegría de ir con su padre al río y hacer muecas bajo el agua, Valentino “se come” la película.

Pero estamos lejos de las salas del Bafici, es sábado a la noche en casa de los Rossi-Mascambroni y en estos momentos llegan Jorge, Valentino y Darío. Los tres vienen de jugar al fútbol en familia (todos son fanáticos de Boca y Alumni, en ese orden). Y tras la ducha y las pizzas preparadas por Carolina (esposa de Jorge, mamá de Valentino, tía de Darío y referente ineludible del “clan”) empieza esta nota a un “terceto de oro” que, de haber mediado los colores azulgranas, este cronista no habría dudado en comparar con Farro, Pontoni y Martino.

 

El mejor final posible

-¿Cuándo surge, Darío, la idea de “Primero enero”?

-Fue en 2013 durante el Festival de Cine de Mar del Plata. Estábamos tomando mate en la plaza después de una función; y aunque uno siempre tiene ganas de filmar, un festival como ese te potencia. Así que lo llamé al “Bochi” (Jorge) a Villa María y le dije: “Tenemos que hacer una peli urgente. Yo tengo algunas ideas pero también necesito de las tuyas. Así que apenas llegue nos juntamos”. Por suerte me dijo que sí sin pensarlo. O yo no le di oportunidad de que lo piense (risas).

-Y salió una película digna del mejor cine iraní ¿tomaste elementos de esa filmografía?

-No de manera consciente. Si bien están los directores que uno sigue como espectador, a la hora de filmar los referentes son siempre los colegas, es decir los realizadores de Córdoba que están en la misma que uno. Pero sí me acuerdo de que en aquel festival vimos “The strange little cat”, del suizo Ramon Zürcher y que esa peli nos inspiró la construcción del espacio en una casa. Y de “Primavera, otoño, verano, invierno”, de Kim Ki-duk (Corea del Sur) tomamos el tema de la naturaleza.

-¿Cuándo sentiste que la peli estaba lista?

-Fue recién durante la posproducción. Porque apenas terminamos de filmarla me fui a Córdoba a editar. Imaginate que era febrero y como estaba en vacaciones la quería tener lista. La terminé en una semana y se la mandé a Lucía Torres, una gran directora y montajista cordobesa.

-¿Y qué te dijo Lucía?

-Me hizo una devolución que no tenía nada que ver con mi idea principal. Mi peli era de una hora y cuarto y ella me la devolvió de 40 minutos. Entonces nos pusimos a laburar juntos, siempre sabiendo que yo era el director y tenía la decisión final. Creí que nos iba a costar más tiempo llegar a un acuerdo, pero en seis juntadas la editamos. Me acuerdo que cuando vimos el último corte nos miramos y nos dijimos: “¡Ya está!”. Fue mágico. El gran laburo de Lucía fue intercalar escenas que antes no estaban o se habían dispersado. Digamos que movió todas las piezas para que se contara mejor la historia.

-Además de confiar en Jorge como guionista por su oficio de escritor, también confiaste en él y en Valentino como actores…

-Sí. Con Jorge ya habíamos hecho juntos el guión de un corto que fue “El tren seguirá pasando”. Y sabía que había mucha conexión entre nosotros. Y del Vale, siempre supe lo que podía dar desde su verborragia y su desinhibición total. Igual la cosa no fue fácil.

-¿Te referís a la composición de los personajes?

-Sí, fue un laburo en equipo y de estar muy encima. La carga del personaje del “Bochi” fue toda de él. Era su áura, sus palabras y sus gestos. En cambio el personaje del hijo fue más compartido entre todos.

-Sin embargo, la factura final de Valentino fue sobresaliente…

-Sí, es increíble la frescura que tiene frente a la cámara. Siempre fue consciente de que lo estábamos filmando, pero actuó como si estuviera acá en la cocina. Pensá que en ese entonces sólo tenía siete años y estaban los hermanos y los vecinitos buscándolo para jugar todo el tiempo. Pero él siempre priorizó el laburo. A veces se cansaba y teníamos que seguir al otro día; pero se levantaba temprano y tenía más pilas que todos.

En ese preciso instante y mientras saca la primera tanda de pizzas, Carolina hace un comentario por demás revelador: “Todo lo que actuó el Vale fue algo que ya había vivido. Porque hace unos años, con el ‘Bochi’ vivimos una situación familiar muy difícil y estuvimos a punto de separarnos. Fue muy duro para él, que por ese entonces era muy chiquito. Pero parece que no se olvidó de nada, que a cada situación la conocía de memoria. No sé hasta qué punto actuó y hasta qué punto revivió su propia historia”.

Tras el aporte de su esposa, le pregunto a Jorge, cuentista y novelista, cómo es eso de estar frente a una cámara encarnando un personaje que, desde el guión, él mismo ayudó a construir.“Es terrible. Cuando con Darío hicimos una prueba piloto en la costanera, yo no podía dejar de mirar la cámara. Y cuando filmamos en las sierras me pasó lo mismo. Me lo hicieron notar como ciento cincuenta veces. Fueron quince días de rodaje, pero recién me solté al sexto. Y si lo pude conseguir fue porque me ayudaron muchísimo los chicos del equipo técnico alentándome todo el tiempo. El trabajo de un escritor es muy solitario, pero cuando filmás entendés que el cine es puro equipo. Y eso es fabuloso”.

-¿Se esperaban semejante premio?

Darío:-Para nada; sencillamente porque jamás pensamos en ganar. Ojo, tampoco nos sentíamos por debajo de nadie. Me acuerdo que un día nos invitaron a la cena de los directores en competencia, muchos de ellos muy reconocidos. Yo había visto la peli de cada uno pero ninguno había visto la nuestra. Ese día, un jueves, los del Festival se enteran de que nos volvíamos a Córdoba y nos dicen: “Chicos, no se vayan que la peli de ustedes está muy bien considerada”. Recién ahí pensamos en la posbilidad de un premio. Pero cuando nos llamaron el sábado, sencillamente no lo podíamos creer.

Jorge: -Jamás me lo imaginé. Fue una de las alegrías más grandes de mi vida. Actuar en la película del sobrino de Caro y encima junto a mi hijo, ya era un premio maravilloso. Participar en un Bafici, ni hablar. Pero ganar la competencia y encima conocer Buenos Aires, fue demasiado; fue el mejor final posible.

-¿Piensan que es un premio para Villa María?

Darío: -Si bien yo soy de acá igual que el Vale y el “Bochi”, que aunque es de Pozo del Molle hace 15 años que vive en Villa María, yo creo que el premio es para toda la provincia de Córdoba porque al equipo lo integraron personas de todos lados: desde mi novia Florencia que es de Río Cuarto hasta gente de Río Ceballos, San Francisco, Porteña y Córdoba capital.

-¿Se abrió alguna puerta a partir del premio?

Darío: -En cuanto a difusión, sí; porque a la peli la pidieron programadores y festivales de todo el país. También en cuanto a público, ya que uno de los premios del Bafici era que la película ganadora se mostrara en diferentes salas del país. Pero aún es muy pronto para evaluar.

Comiendo la segunda tanda de pizza, las últimas preguntas quedan para el pequeño Valentino que no se ha perdido palabra del diálogo, especialmente cuando hablaba su padre.

-¿Cuál fue la escena que más te gustó?

-Una que no está en la peli. Estábamos con el “Bochi” recolectando ramas y él me cargaba. Y entonces yo le grité “dejáme de hinchar las p…” (risas) También la escena con mi prima Eva cuando le regalé una lámpara en el río.

-¿Y lo que más te costó?

-Llorar. Sentía que iba a llorar varias veces pero al final me las aguantaba siempre.

-¿Cómo te sentiste actuando con tu papá?

-Y… Es mi papá… Si trabajaba con otro que hiciera de mi papá, no iba ni loco, a menos que sea Guillermo Francella que es mi ídolo…

-Si la peli tuviera una segunda parte ¿qué te gustaría que pasara?

-Que nos arrepentimos de vender la casa de las sierras y se la quitamos al nuevo dueño con una escopeta. O que mi papá se compra el departamento al lado de la escuela y me viene a ver todos los días. O que mi papá vuelve con mi mamá y ya no nos importa ni la casa ni el departamento ni las sierras. De todos los finales, ese sería el mejor.

Iván Wielikosielek

Presentación del film en el Espacio Incaa local el pasado  viernes
Presentación del film en el Espacio Incaa local el pasado viernes

Primero Enero se presentó el pasado viernes en el Espacio INCAA local, en el Centro Cultural Leonardo Favio, con dos funciones a sala llena. La obra se proyectará, además, el 5 y el 17 de junio. La película fue presentada por la coordinadora del espacio, Irma Carrizo, y el director y los actores recibieron un presente de parte del municipio, un juego de mate de parte del secretario de cultura Rafael Sachetto.

 

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