Vivir, amar y emprender

Así se ve uno de los puestos que se han instalado en la carpa de los microemprendedores del recorrido peñero

Como cada año, los microemprendedores arman una verdadera feria de artes, ideas y oficios que sorprenden

Stand del Hogar de Día Encuentro
Stand del Hogar de Día Encuentro

La edad de las pequeñas cosas. Corazones rellenos de goma espuma, escarpines minúsculos del tamaño de una galleta, hipopótamos de tela rosa y celeste que esperan los pequeños brazos de un súbito adoptante: es el puesto de Fernando, dedicado íntegramente a bebés. Acaso la franja etárea más difícil de satisfacer debido al frágil equilibrio entre fina precisión y cariño infinito. Fernando es de Río Tercero pero su esposa es villamariense, y por eso es que por primera vez ha venido a la feria.

Fernando es de Río Tercero pero su esposa es villamariense, y por eso es que por primera vez ha venido a la feria
Fernando es de Río Tercero pero su esposa es villamariense, y por eso es que por primera vez ha venido a la feria

“Hace diez años que trabajamos en la línea bebé, fabricando desde ropa y escarpines hasta móviles y juguetes. Empezamos con mi señora decorando piezas de recién nacidos, haciendo el empapelado y colgando móviles. Pero con el paso del tiempo la gente nos fue pidiendo una línea de productos más amplia que incluía todo tipo de vestimenta, zapatitos y nuevos adornos. Así que en el taller tenemos una producción de lo más variada. En Río Tercero proveemos a negocios grandes pero también hemos llevado pedidos a distintas provincias del país”.

Hay algo en el puesto de Fernando que atrae por igual a chicos y grandes. Me pregunto si son los colores, la sonrisa de los hipopótamos o algún llamado subliminal, una canción de cuna persistente pero inaudible que, atravesando todo el bullicio de los amplificadores, llega a cada corazón como una caja musical.

 

Algo más que un puesto de mandalas

Así se ve uno de los puestos que se han instalado en la carpa de los microemprendedores del recorrido peñero
Así se ve uno de los puestos que se han instalado en la carpa de los microemprendedores del recorrido peñero

Quizás para muchos habitués a las ferias, sea algo común ver un puesto con mandalas de lana, llaveros con pompones y agendas artesanales. Pero para quienes conocen “la cocina” del Hogar de Día Encuentro, ver colgada la producción de sus asistentes al nivel de cualquier otro artesano local, es poco menos que un milagro.

Mauro y su padre en su puesto de vitrofusión
Mauro y su padre en su puesto de vitrofusión

El Hogar de Día Encuentro es una institución municipal dependiente de Salud Mental donde asisten de lunes a viernes una veintena de pacientes con padecimientos psíquicos. Y este proyecto, que ya lleva 20 años de vigencia, no sólo los contiene y les brinda distintos tipos de talleres; sino que al decir de una de sus psicólogas la licenciada Victoria Becco, “permite la inclusión de los pacientes en lo comunitario y a su vez les genera una salida laboral. En este proyecto, cada uno aportó lo que pudo, desde las piezas más simples como los pompones a las más elaboradas como los mandalas. Y quienes quieren, se suman y las vienen a vender”.

Mónica y su nuera Maricel
Mónica y su nuera Maricel

Por su parte, la trabajadora social Carina Alvarez, comenta que “es la tercera vez que organizamos ventas de productos manufacturados por los pacientes. Las veces anteriores fueron en la Plaza Centenario y también en el Hogar de Día. Y la coordinadora del Hogar, licenciada Fabiana Mangas, completa el concepto agregando que “la producción de artesanías permitió que cada paciente demostrara sus propias habilidades a través de un soporte grupal. Así, algunos pacientes se han apropiado del puesto y están disfrutando de saberse a la altura de la feria. Queremos que esta sea una posibilidad laboral real, amén de su significación social simbólica”.

Los trabajos de Sergio, Eugenia, Kevin, María Helena, Luciana, Josefina, Rosa, Raúl y Nora, están demostrando que lo expresado por Fabiana, más que un mero deseo ha empezado a ser una realidad; un milagro cotidiano como ver a Sergio y Eugenia vendiendo la primera pulserita de la noche.

 

La multiplicación de los cactus

Hace dos años, Mónica tuvo un accidente que la mantuvo fuera de combate laboral. En esos días de pensamiento y lentas caminatas por su patio, tuvo una idea luminosa; se dedicaría a las plantas. Pero a los pocos meses, vio que los ejemplares se habían multiplicado en multicolores macetas de todos los tamaños. “Y ese día supe que podía hacer de mi amor por las plantitas un emprendimiento”, recuerda mientras sonríe.

La especialidad de Mónica son los cactus, el “boom” de los patios argentinos en los últimos años. “Empecé a cultivarlos con semillas y luego con hojas trasplantadas. Y así, poco a poco, fui sacando hijitos. Hay cactus que demoran dos o tres meses para darte un hijo y otros son un poco más rápidos. Tengo grandes, medianos y chicos. Aunque si los pasás de macetas a tierra vienen inmensos”.

Mónica no está sola en su puesto, sino que la acompaña su nuera Maricel, quizás para contradecir a la especie sobre aquel preconcepto que sostiene la mala relación entre madre y esposa de un mismo hombre. Maricel se dedica a la fabricación de carteras de lana y, cosa curiosa, con sachés de leche y material descartable; consiguiendo la misma factura final que una resistente pieza de fábrica. “Esto lleva mucho tiempo y te acumula mucho lugar -explica. Si bien la materia prima es gratuita, cuesta conseguir cientos de sachés… La gente que tiene chicos y consume mucho yogur, me los guarda y yo los busco, los lavo y los tejo. Es una artesanía que no se vende muy cara pero que te lleva mucho tiempo. Y por supuesto que luce muy original”.

Entre los cactus de Mónica y la cartera de Maricel, el click las inmortaliza, para la felicidad de un hombre que tiene en ellas a las dos mujeres que más lo quieren en el universo.

 

Psicodelia de El Chaco

Mauro y su padre son oriundos de Resistencia, vinieron a pasar las fiestas a Villa María y de paso aprovecharon para quedarse hasta las Peñas. Pero Mauro va mucho más lejos en su deseo: “Nuestra idea es quedarnos a vivir en Villa María, a tal punto que ya hemos empezado a armar acá el taller de vitrofusión que teníamos en Resistencia y yo me anoté en la Universidad”.

La especialidad de Mauro, ni qué decirlo, son los accesorios para el baño: espejos, bachas, jaboneras, guardas, venecitas y ceniceros. Y este obrero de la información debe decir, en honor a la verdad, que las piezas de Mauro guardan una fabulosa factura entre vanguardista y psicodélica . Y que cada pileta para el baño hecha por Mauro procede de un feliz maridaje entre los sanitarios de Duchamp y los chorreados artísticos de Pollock.

“La técnica de vitrofusión se hace con vidrios de ventana cortados en pedacitos, esmaltado y fundidos después. Y de ahí se les da el molde -explica el artista. A la gente le gusta mucho porque es una idea original que se ha empezado a ver hace relativamente poco. En este caso, la artesanía se combina con lo funcional y los precios son muy accesibles. Una bacha como ésta, que es de las más simples, cuesta mil pesos; cuando en el mercado ninguna te baja de tres mil”.

Para finalizar, Mauro cuenta que aprendió el oficio de modo autodidacta. “Soy vidriero desde hace cuatro años y un día empecé a tener la idea de fusionarlo. Fui probando hasta que conseguí estos resultados”.

Iván Wielikosielek

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