Un año con matices diferentes

Se va un año complejo, volcánico, ardiente y pasional. No se puede decir que 2015 fue un año para el olvido. No lo fue, ni lo será. Sus últimos suspiros marcaron una etapa de cambios, de principios, medios y finales

Martín Gill ya dio muestras de su perfil dialoguista recibiendo al gobernador Juan Schiaretti con la mayor cordialidad
Martín Gill ya dio muestras de su perfil dialoguista recibiendo al gobernador Juan Schiaretti con la mayor cordialidad

Escribe NET
De nuestra Redacción

Se escapa a pasos agigantados un año tormentoso, pleno de disputas por el poder, con todos los condimentos de la enmarañada gama de matices que tiene la política argentina.

Nadie puede decir que fue una etapa gris. Se tiñó de todos los colores, el rojo del fuego militante, el celeste, el amarillo y la ola naranja.

Fue una especie de Balada para un loco, Cambalache y qué ganas de llorar en esta tarde gris.

Fue tango y cumbia. Bolero y reggaeton. Caminantes que hicieron camino al andar y otros que se quedaron en el camino sin entender quien les robó su primavera.

No se puede decir que 2015 fue un año para el olvido. No lo fue, ni lo será.

Los últimos suspiros de 2015 marcaron un tiempo de cambios, de transformaciones, de principios, medios y finales. Pretender ver los hechos políticos desde una visión extremista es perder la perspectiva globla de lo que expresó, sin rodeos, la sociedad en las urnas.

Echar culpas a otros por los errores propios es ponerle una venda a una realidad que cada día es más diversa.

Es gritar sin atender las señales de un escenario que camina por una amplia gama de cornisas que no se limitan solamente a las derechas o a las izquierdas, desde el sentir de las mayorías que en definitiva son el pilar del sistema democrático.

Los argentinos se hicieron escuchar en las urnas. No una vez, en numerosas elecciones locales, provinciales, primarias, primera vuelta y balotaje.

Toda una odisea, una carrera de obstáculos. Y así fue que surgieron gobiernos con diferentes sellos partidarios pero una característica en común. En Villa María triunfó el candidato del Gobierno nacional saliente Martín Gill.

En la provincia se impuso el referente del peronismo cordobés Juan Schiaretti. Y la mayoría de esos votantes, que eligieron a dirigentes del justicialismo, a la hora de definir presidente inclinaron masivamente la balanza por la alianza encabezada por Mauricio Macri. Decir que Córdoba se volcó a la derecha no deja de ser una apreciación a medias y sin un sustento concreto en este espectro rodeado de ondas tecnológicas que trajo el Siglo XXI.

Los tiempos y los pueblos van cambiando la piel, tal vez a mayor velocidad que los propios dirigentes de la política del siglo pasado.

 

Perfiles conciliadores

Los ciudadanos buscaron, en los tres casos, perfiles conciliadores, dirigentes con capacidad de diálogo. Podríamos decir que se priorizó un “cambio de estilo” a la hora de decidir a los próximos conductores de los Ejecutivos.

Podríamos considerar, despojándonos de nuestras ideas individuales, que un porcentaje significativo de la ciudadanía buscó la posibilidad de un país más unido y sin confrontaciones permanentes.

Si se equivocó o no, el tiempo lo dirá.

Hacer augurios (optimistas o pesimistas) prematuros no es la mejor estrategia en los momentos que la esperanza está en el centro de la escena.

Y hoy, a pocos días de asumir los “elegidos” por el voto, la fe no se ha perdido, el romance está en su etapa de esplendor y como decía el General posiblemente lo mejor que puede hacer el peronismo (poco acostumbrado a ser oposición en los últimos 32 años de democracia) es “desensillar hasta que aclare”.

 

Postales de diciembre

Si ponemos la mira en el momento político, sin desmenuzar las medidas tomadas cuyos resultados se verán en su momento, es para destacar precisamente las imágenes de acercamiento entre dirigentes que han caracterizado los últimos días.

Y poniendo la mira en nuestra ciudad, fue una buena postal ver al intendente y al gobernador juntos en un acto de cordialidad, sin chicanas ni rencores. Una demostración de convivencia que no se había observado en los últimos años.

En pocos días el titular del Ejecutivo local Martín Gill le imprimió su sello al gobierno municipal. Gill se caracterizó siempre por su prudencia y en el marco de la campaña evitó recurrir al uso de frases agresivas a la hora de hablar de sus adversarios.

Su capacidad para el arte de los acuerdos quedó plasmada en los diversos cargos que ocupó antes de llegar al Sillón de Viñas. Su principal colaborador Héctor Muñoz anticipó que apostarán a las buenas relaciones no sólo con la provincia sino también con la Nación y es sabido que tienen conversaciones fluidas con el legislador provincial macrista Darío Capitani.

¿Podrá la clase política argentina reconstruir los canales de diálogo en buenos términos y pensando en el beneficio de todos? Es el principal desafío que deja este año que se va.

¿Será un buen momento para que los partidos políticos se renueven y dejen paso a la dirigencia menos contaminada con las prácticas del siglo pasado?

Es otro de los desafíos de este pasional y ardiente 2015 que está dejando su huella bien marcada en la historia política.

¿Lograrán achicarse las diferencias entre las dos mitades del mismo todo? Una necesidad si queremos salir adelante.

Veremos que trae el nuevo niño 2016 en su equipaje. Lo importante es no olvidar que los que rigen el destino de un país son los pueblos y de nuestro compromiso depende que los gobernantes no excedan sus límites y actúen acorde al mandato otorgado.

¡Feliz Año Nuevo!

 

♦ “Como militante peronista, me interesa que el peronismo se reagrupe, retome identidad y tenga un rol claro en este momento en que le toca ser oposición”. Raúl Costa, funcionario provincial.

 

♦ “La relación con la Provincia se dio naturalmente, ninguno la buscó. Nosotros hemos interpretado lo que la gente quiere y vamos a gestionar la ciudad de la mejor manera. Esto requiere relacionarse con la Provincia y con la Nación”. Héctor Muñoz, jefe de Gabinete municipal.

 

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