«Los escribanos tenemos la función de dar fe y certeza»

“Todo tiene que ver con la confianza. Ir a un escribano es como ir al médico”, dijo Alcira Spila

La presidenta del Colegio de Escribanos de Villa María realizó un análisis sobre el valor del ejercicio de la profesión a lo largo de la historia; el difícil acceso de la mujer al mundo de la abogacía en tiempos de revueltas sociales y ausencia de derechos civiles y su paso por la conducción a nivel local, con dos períodos consecutivos

“Todo tiene que ver con la confianza. Ir a un escribano es como ir al médico”, dijo Alcira Spila
“Todo tiene que ver con la confianza. Ir a un escribano es como ir al médico”, dijo Alcira Spila

La necesidad del escribano ha sido una realidad a través del tiempo en todas las civilizaciones, sobre todo desde el comienzo de la escritura. Siempre ha existido la figura del ‘escriba’, ya sea en civilizaciones romanas, egipcias, griegas. Hablamos de siglos antes de Cristo, donde la escritura durante un gran tiempo fuera en piedra y luego en papiro; y desde allí la importancia y el valor del escribano para la comunidad. Cualquier acto de gobierno o entre personas, siempre queda documentado. Hay una necesidad de que los actos fundamentales queden escritos para ser guardados en la memoria colectiva”, indicó la escribana que preside la delegación local del Colegio de Escribanos, Alcira del Valle Spila.

Por otra parte, remarcó que “estamos en un tiempo tan incierto, tan cambiante, tan voluble, a veces difícil de ubicar, que si nos tenemos que preguntar qué bien escasea, hoy es escasa la certeza, como también lo es la seguridad o la bondad. Los escribanos trabajamos siempre con personas física o jurídicas en relación a su patrimonio o bienes, lo que esa persona considera la extensión de su esfuerzo, de su ser, con todo lo que ha hecho, ha dado y/o significado el esfuerzo vital. Esa persona quiere tener certeza de un derecho otorgado, que es el de propiedad. La certeza de que nadie se oponga a su derecho de propiedad”

En cuanto a la función del escribano en el ejemplo anterior, “lo que hizo el notario fue documentar que esto que yo digo que es mío, es un fedatario. La función del escribano es de dar fe, una facultad que delega el Estado. El acto de la transmisión del dominio se da en la escritura. Y volvemos a la certeza; un lugar seguro, de confianza”.

¿Cómo conviven el concepto de confianza o desconfianza?
-La función de dar fe es lo que hace que el otro con-fíe. “No hay nada superior a la fe”, sostiene nuestro lema. El escribano da fe, es suficiente, vale, por eso es también la gran responsabilidad que cae sobre éste. Si cualquier persona miente, estaríamos ante un pecado moral o ético, ya que estoy faltando a la verdad, si lo ubicamos en un plano religioso; ahora, si un escribano miente en ejercicio de su función, es un delito. Si me dan más facultad, tengo más responsabilidad. Sobre el alcance de esas facultades que le competen al escribano, las funciones del escribano no sólo se limitan a la venta, porque como lo hacía el escriba en la antigüedad, también levantamos actas, constatación de hechos, somos consejeros, no tenemos parte y contraparte (nunca).

Todo tiene que ver con la confianza. Lo digo con mucha satisfacción, es hermoso ver como la gente confía en el escribano. “Ante cualquier duda consulte a su escribano de confianza”, dice nuestro Colegio. Es como el médico, si no hay confianza, no hay que ir. Las funciones notariales son diversas, pero la confianza, reitero, es fundamental.

¿Cómo se desarrolló su historia en el derecho y la escribanía?
-Nací en Villa María. Estudié Abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba y luego Escribanía, que era una especialización de la abogacía, no como carrera independiente. Ir a estudiar una vez terminado el secundario era casi una locura para una mujer, y mucho más Derecho, sumado a que era una etapa bastante violenta durante el proceso del Cordobazo. En toda la promoción creo que sólo dos pudimos estudiar. Era una profesión que parecía tener un carácter conflictivo y, por supuesto, la condición de mujer potenciaba eso.

En tiempos de estudiante, había un número de escribanos, pero el paso de los años hizo que ese número se haya incrementado notablemente. El registro es propiedad del Estado. Yo fui adscripta de mi madre que se recibió en 1939. Si nos situamos en ese contexto histórico, donde hablar de derechos civiles para la mujer, donde hablar de voto femenino todavía estaba lejos, es para destacar el valor en el tiempo y el avance que se ha sucedido.

Mi madre estudió Abogacía contra la voluntad de su padre, que entendía que era una profesión de hombres. A ella no le importó, aunque haya significado un gran sacrificio. Yo vengo de ese “palo” y es una enorme satisfacción. Veo en mis padres a dos grandes mediadores en su época. Mi madre fue una de las pocas que recibió un reconocimiento provincial por haber sido una mujer que obtuvo un título de grado antes de la puesta en práctica de los derechos civiles. Si era complicado estudiar para mí, imagínese lo que significaba estudiar Derecho para una mujer en ese momento de la historia.

¿Como está el panorama de la escribanía en el plano provincial?
-Escribanos hay cada vez más y eso es muy importante para la comunidad. El Colegio se conforma con la región y aquí en Villa María hay 13 escribanías, más todos los adscriptos. Hay que tomar en cuenta todos los departamentos que aquí confluyen hacia los registros: Unión, Marcos Juárez, San Martín y Tercero Arriba. Confluyen en Villa María porque aquí están las matrículas del registro de la propiedad, lo que ha significado un gran avance en la Provincia de Córdoba en materia de agilización y desarrollo.

¿Qué balance realiza sobre su tiempo de conducción?
-Este es mi segundo período consecutivo y termina a fin de año. Hay elecciones nuevamente y no puedo ser reelegida. Indudablemente, el balance muy positivo. Recibimos un inmueble que es espectacular. Tuve el honor, la suerte y la gracia de poder inaugurar el nuevo Colegio, un edificio moderno, funcional, cómodo, acorde a las necesidades. Agregamos más empleados. Otro aspecto a tener en cuenta ha sido el desarrollo cultural a nivel profesional. Este colegio ha sido uno de los que más disertantes ha traído a Villa María con el objetivo de capacitar, aprender, evacuar dudas y desarrollar más a fondo el profesionalismo en práctica y ejercicio.

El nuevo Código Civil y Comercial nos exige a todos estar a la altura de cada una de las modificaciones, aportes o puntos complementarios. Me he encargado de que esa sea una misión para el beneficio de la profesión. Traer especialistas para evolucionar es fundamental. Hemos llenado varias veces el Centro Comunitario Cultural Leonardo Favio con motivo de capacitaciones y disertaciones, como así también otros espacios de la ciudad. Estoy muy conforme por todo lo realizado en este proceso.

 

“El Colegio sale a la calle”

“Para bien o para mal, el escribano tiene la calificación de ser elitista, de estar lejos de la gente. El Colegio sale a la calle todos los años. Pedimos permiso al municipio para que nos preste la Medioteca porque está cerca del Centro de Transferencia y solicitamos la colaboración a todos los colegiados. Son jornadas de apertura, donde atendemos al público en general, por supuesto, sin costo alguno. Atendemos como escribanos de la gente, con asesoramiento gratuito, sin nombre y apellido.

El derecho nunca se anticipa a los hechos. Hay que salir a la calle y que nos juzguen por los hechos y no por una imagen creada”.

 

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