A 40 años de «La Noche de los Lápices»

Escribe Elías Germán Grafeuille (*)

Pensar que pasaron 40 años ya de toda aquella crueldad inconmensurable, que con ansias de perpetuarse en el poder, gobernaba el país y la decisión sobre la vida o la muerte de sus habitantes.

Estos usurpadores del poder y sus asociados civiles, económicos y eclesiásticos, intentaron (aunque no pudieron) acallar todas las voces que pregonaban por una Argentina más justa, más solidaria, y lo hacían desde la “inclaudicable” necesidad de reorganizar a la Nación.

Utilizaron los medios de comunicación para encaminarnos a una “senda de grandeza”, explicándonos que “achicar el Estado es agrandar la Nación”, cuando, en realidad, su única finalidad era el secuestrar, torturar y asesinar a todo pensador libre y vaciar por completo las estructuras sociales, sindicales, culturales y económicas de este glorioso país.

Es en ese contexto que un florecido grupo de adolescentes de entre 15 y 17 años, agrupados en una Coordinadora de Estudiantes Secundarios que luchaban por mejorar las posibilidades de todos sus compañeros, fueron torturados, sometidos a vejámenes, simulacros de fusilamiento y a otros muchos modos de degradación personal usados por entonces por las Fuerzas Armadas.

Este terrorismo de Estado imperante en dicho momento, que particularmente en la ciudad de La Plata buscaron en lo que denominaban el “semillero” (colegios secundarios) a todos los “potenciales subversivos”, fue el culpable del secuestro, rapto, muerte y desaparición de seis chicos menores de edad, dejando sólo cuatro con vida.

La Noche de los Lápices, que hizo conocer aquella lucha que aún hoy convoca adhesiones, se encuentra enraizada en lo más hondo de las movilizaciones sociales, y más particularmente en las estudiantiles, como muestra de coraje y solidaridad.

Traer a nosotros este recuerdo es una invitación y un compromiso a recordar la vida de aquellos jóvenes que mediante su participación política activa y su pelea contra las diferencias sociales y el sistema establecido, intentaron construir un futuro mejor.

Por eso, en estos tiempos de oquedad, de oscuridad iluminada y de distracción a perpetuidad, queremos rememorar ese fatídico suceso y así realzar e impulsar a los estudiantes, y a la sociedad en su conjunto, a que no se queden inmóviles y defiendan sus derechos en contra de cualquier tipo de opresión por parte del Estado.

(*) Vicepresidente de la Asamblea Permanente por los Derechos
Humanos (APDH) del Departamento General San Martín

 

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