Cancionero de Santiago en la Villa

Joaquín Aguilar, José Santillán, Ezequiel “Ishiko” Infante y Gerardo “Coco” Miotti componen “Shalaku”, un proyecto de música santiagueña nacido en el seno de la UNVM. Hablaron de su propuesta artística y del rescate de las melodías ancestrales de sus pagosp16 Shalakup16

ay una región en Santiago que se expande entre dos ríos. No son ni el Tigris ni el Eufrates de las Escrituras, pero para los muchachos de Shalaku son sagrados y también encierran el Edén. La región se llama “Mesopotamia Santiagueña” y los ríos son el Dulce y el Salado. Y allí a la sombra del monte, fue que Dios y el hombre hicieron reverdecer un fabuloso compendio de melodías. Sobre todo cuando los conquistadores se fusionaron con el indio. De esa convivencia entre el idioma español y el quechua; la guitarra y la quena y (sobre todo) de la fusión entre cristianismo y religión americana, surgiría buena parte del actual cancionero santiagueño. El mismo que fascinó al músico Andrés Chazarreta y lo llevó a mostrar la caja musical de ese “Edén agridulce” por todo el país en los años ´20. El mismo que le prestó las melodías más sentidas de sus atardeceres a toda la dinastía Carabajal. Y también el que le hizo cantar sus “odas al pago” a Leo Dan, no sólo con “Los Manseros” sino desde sus discos “Club del Clan”.

Shalaku en Santiago del Estero
Shalaku en Santiago del Estero

Pero las resonancias de esas melodías que nunca se apagan han llegado también a la Villa. Y lo han hecho como un enjambre de grillos escondidos en la guitarra de siete cuerdas de “Ishiko” Infante o como un requiem de la tarde en el bandoneón homérico-manziano de Joaquín. Y sobre todo en la garganta de José, que le ha prestado la voz a los gritos ancestrales de la “Mesopotamia” acompañándose de un bombo. Y una vez en el corazón de la pampa gringa se ha unido la guitarra de “Coco”, oriundo de Alto Alegre y norteño a su manera, por lo que sus compañeros de grupo no dudan en decirle que “por eso mismo es santiagueño”.

Pero mejor escuchemos de sus propios protagonistas una historia bien folclórica, llena de éxodos, guadales y reencuentros.p16 Tapa disco

De la patria del “Alma Mula” a los campos de “La luz mala”

-¿Cómo es que un grupo de santiagueños se forma en Villa María? 

José: -Porque nos encontramos en la Universidad, en la carrera de música. “Ishiko” y Joaquín son de La Banda y yo soy de Santiago. De los tres fui el primero que llegó, en 2001. Al poco tiempo vino “Ishiko” a quien conocía de vista y luego Joaquín. Con el tiempo nos hemos ido juntando en guitarreadas hasta que en 2005 decidimos armar “Guadal”, que es un proyecto institucional con el que tocamos en nombre de la Secretaría de Extensión de la Uni (UNVM) junto a Fernanda Qunitás. Hace dos años, con la llegada de “Coco” vino la idea de formar “Shalaku”, un proyecto que busca explorar un repertorio más tradicional de Santiago y del norte.

-¿Tiene algún significado el nombre del grupo?

-Joaquín: -En lengua quechua, “shalaku” designa al habitante del río Salado. Pero en Santiago tiene un significado un poco despectivo. Porque un “shalaku” o “shalako” es el tipo tímido que viene del campo. Acá le dicen “chúcaro” o “pajuerano”.

José:- Hemos tratado que el nombre del grupo resuma la estética que estamos poniendo en valor. Se trata de una música que veníamos escuchando de chicos y en la que hay grandes compositores que la han explorado, desde Andrés Chazarreta en los años 20 hasta Juan Carlos Carabajal en el presente. O sea que nuestro repertorio es tradicional, pero con elementos que hemos aprendido en la carrera y los hemos ido fusionando. Nutrir esa música con otros géneros da una amalgama muy interesante.

-¿La propuesta musical de ustedes es algo más que chacarera?

Joaquín: -Mucho más. Si bien la chacarera es el género santiagueño más conocido en el país, no es el único. También hay gato, zamba, escondido y “wayra muyu”. También hacemos danzas que no son muy difundidas y que en el pago se llaman “danzas muertas”. Eso tiene que ver con el tema de tesis de “Ishiko” y con el libro que venimos de publicar.

-¿Y cuál fue esa tesis?

-Ishiko: -Acabo de recibirme de la Licenciatura en Composición con un trabajo sobre las cuatro estaciones santiagueñas. Las que he tratado de reflejar mediante la música y las fiestas populares tomando como referencia las obras de Piazzolla y Vivaldi…

-Menos mal que tomaste la música porque, según, en Santiago siempre es verano…

-Ishiko: -Bueno “chango”, pero no es tan así… (risas). A decir verdad, tenemos un invierno que dura 15 días. Es una semana antes y una semana después del 9 de julio. Luego viene una especie de primavera hasta noviembre y después el verano que no tiene fin. Pero la mayoría de las fiestas santiagueñas son durante esos días de frío. Y son producto del sincretismo entre la colonización y los pueblos originarios. Como “La marcha de bombos”. En mi tesis investigué cada fiesta de la mesopotamia santiagueña.

– Allí muchas personas aún hablan el quechua ¿no? 

Ishiko: -Sí. De hecho hay lugares donde se habla más quechua que español. Tengo un vecino oriundo de Matará y su señora aprendió el español cuando se vino con él a La Banda. La chica contaba que el padre le pegaba si la escuchaba hablar en español. De esa región es también Mario Lescano, el cantautor que hizo la “Chacarera del Almamula”, que es una leyenda nuestra. Mario se vino por las inundaciones y yo le transcribí en partitura muchas de sus composiciones.

-Cuéntenme del libro “Melodías del norte”…

Ishiko: -Es un proyecto que compila 127 canciones inéditas de Santiago. Son temas que no figuraban en ningún cancionero popular y que hemos ido rescatando para usarlas como material didáctico o compartir en guitarreadas. El libro apareció en las “Ediciones El Mensú”, de Villa María. Esas canciones son un tesoro de identidad y cultura.

-¿Recuerdan alguna en especial?

Ishiko: -Rescatamos una chacarera muy hermosa que se llama “La bilingüe”, porque es mitad en castellano y mitad en quechua. Y como sólo había dos versiones instrumentales en discos, tuvimos que meternos al monte y hablar con la gente más grande para que nos cantara la letra y nos explicaran los términos. 

José: -De hecho hay un glosario al final del libro para explicar las expresiones. La idea de este proyecto fue darle un lugar académico a una música que se lo merecía ampliamente. Presentamos el libro en Santiago y lo han declarado de interés municipal.

Un cordobés en los esteros

-¿Cómo se integra un altoalegrense a un trío de santiagueños?

Coco: -Fue por una coincidencia de gustos musicales. Hace tres años que entré a la carrera de música acá en la UNVM y ahí los conocí. Después nos juntamos en guitarreadas y empezamos a tener proyectos juntos. 

-¿En tu pueblo ya tocabas folclore?

Coco: -Sí. Incluso he venido varias veces al Festival de Peñas con grupos, pero nunca con un proyecto serio. Era más bien una guitarreada sobre el escenario. Antes escuchaba mucho rock y por mi viejo me llegó el folclore. Y lo empecé a sentir como más cercano.

-¿En Santiago hay pibes que, como “Coco”, empiezan por el rock?

Joaquín: -Hay casos pero menos comunes que acá. El “Coco” no sabe todas las empanadas que se perdió por haber llegado tarde al folclore… (risas).

José: -Lo que pasa es que en Santiago, la música folclórica está en la atmósfera sonora todo el tiempo. Y quieras que no, te va influenciando. Allá podés tocar otros géneros y de hecho hay un movimiento de rock más que interesante. Pero al final el folclore te gana porque está en todas partes. Lo escuchás en el taxi, en el bar, en las radios… 

-¿Cómo definirían ustedes la onda musical de Villa María?

José: -Es la onda ecléctica de una ciudad de paso. Y por eso acá es normal escuchar tango, rock o jazz de manera indistinta. Pero la Universidad le está dando una identidad musical muy importante a la ciudad, basada precisamente en la diversidad. Hoy en Villa María es normal que convivan músicas de todas las provincias y se fusionen en cada grupo. La ciudad ha traído muchas manifestaciones que a partir de ahora también representan a Villa María como nosotros. Y por eso estamos tan agradecidos.
Iván Wielikosielek

Esta tarde, doble función de “patio santiagueño”

La ópera prima de Shalaku es el disco homónimo aparecido hace dos meses. Se trata de un compilado del folclore argentino hecho con aroma tradicional y condimentos modernos. El cuarteto viene de presentarlo con gran éxito. Sin embargo y tras ser invitados al Festidanza 2016 de Arequipa (Perú) en agosto, el grupo estará “de gira” en la city hasta el viaje.

“Como la Municipalidad y la Secretaría de Extensión de la Universidad nos han costeado los pasajes, hemos creído justo retribuirles el gesto con actuaciones solidarias. Por eso tocaremos el domingo”, comenta José. 

Los “Patios Santiagueños con Shalaku” tendrán lugar hoy a las 13.30 en el salón “Pinceladas de Esperanza”, de barrio San Nicolás (Buenos Aires y Mafalda Gilli) en el marco de las “Jornadas de Convivencia”. Y a las 16.30 se presentarán en la Academia de Música y Danzas Nativas “Sueños de Tradición” de barrio Los Olmos (Aconcagua y Chascomús), espacio dirigido por la profesora Mariana Pedernera. 

“La idea es compartir con la gente una mateada, canciones y las actividades que vayan surgiendo. También estamos generando una intervención cultural para el sábado 11 en la Peatonal a las 16.30, donde esperamos repetir la muy buena recepción que nos brindó la gente cuando presentamos el disco”.

Dato: Para quienes quieran contactarse con el grupo pueden hacerlo por Facebook (Shalaku músico/banda); Youtube (Shalaku Folclore) o a los teléfonos (0353) 156-569537 (0353) 154-769377. 

Print Friendly, PDF & Email