Resurgimiento europeo del Tango

Todos sabemos que las callecitas de Buenos Aires tiene esas indescriptibles propiedades que le adjudica el tangoCHIRINO Tango en el exilio

Escribe Jesús Chirino

En una esquina de barrio Belgrano, el cartel de la puerta señala que estamos en “El Tugurio”, domicilio de Osvaldo Bayer, intelectual comprometido si los hay. El sol detrás de las nubes se asoma para ver el rostro que nos recibe, es el de la mujer que nos invita a pasar. Desde el interior de la casa, la voz profunda del historiador nos guía hasta la pequeña mesa frente de una pared tapizada con el verde de los potus en macetas. La charla se anima a caminos diversos y en uno de sus recorridos nos encontramos con que Ana Bayer, hija de Osvaldo, continúa filmando un documental sobre el tango que desde hace un par de años la tiene bastante ocupada. Ella es quien nos recibió y ahora nos comenta que tiene que viajar a la provincia de Córdoba para entrevistar una figura clave del resurgimiento del tango en Europa en los años 80. Tengo que ir a la ciudad de La Carlota para encontrarme con un prestigioso músico que vive allí, nos dice. Surge el clima de colaboración y se arma el grupo para el viaje, con la propia Ana, actualmente residente en Italia y la francesa Anne Gauthey junto a quien esto escribe. Luego se sumaría Javier Ferrero, estudiante de Comunicación Social en el INESCER.

 

Faltaba el tango en Berlín

 

Ana Bayer cuenta que desde hace cinco años está realizando la investigación y las entrevistas para el documental acerca de la historia del tango en Europa durante los años 80, a lo largo de la última parte del exilio de argentinos. Es claro que este trabajo se entrecruza con su historia personal, es tan así que nos dice: “Yo viví el exilio, con mi padre. Nos llevaron en el 74. Nos fuimos a Berlín y ahí viví toda una época. Entonces hacía danza”. Es así que fue protagonista de los primeros pasos que entonces el tango dio en Europa. De allí nació la motivación para trabajar en este documental que tanto la apasiona. Va al origen de su propia búsqueda de esa música y cuenta que fue pionera en el surgimiento del tango en el Berlín de los 80. Recuerda que “en el 82 hubo un festival muy grande de cultura donde vinieron escritores de América Latina. Los más grandes. Uno de los festivales más rico que hizo Berlín. Fue durante la guerra de Las Malvinas. Llegaron figuras como Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Manuel Puig, entre otros. A su turno, todos hablaban de Las Malvinas, era lo que estaba pasando en América Latina. Algunos pocos no lo hicieron, uno de ellos fue Vargas Llosa”. De este festival también participaron músicos de los países latinoamericanos, entre los argentinos asistieron Mercedes Sosa, Astor Piazzola y el Sexteto Mayor. Ana Bayer dice que todos los países “mostraban sus danzas, menos Argentina que no llevó nada de baile. Yo estaba allí sentada con algunos chicos uruguayos y preguntamos dónde estaba el lugar para bailar el tango y nada. Entonces, con un uruguayo, empezamos a buscar. Aún no existía Internet. Lo único que encontramos fue el Trottoirs de Buenos Aires en París” y fue desde allí de dónde vinieron “los primeros bailarines a Berlín a enseñarnos los primeros pasos. Eramos argentinos que no sabíamos bailar tango”, aclara Ana agregando que el uruguayo que la acompañó en esa aventura terminó poniendo la academia de tango más grande de Alemania. Pero ella dejó el tango para dedicarse a otras danzas, a la coreografía y a la dirección de teatro. Ahora dirige el documental por el cual tiene que entrevistar al músico Edgardo Cantón que viven en tierras cordobesas.

 

Todo señalaba la pampa

 

El día de la entrevista Edgardo y Claudy Sylvian, su pareja, nos recibieron en su casa de la calle General Paz de La Carlota. Cantón es una figura de renombre que entre sus muchísimos antecedentes tiene la autoría de la música de la película Invasión, de 1969, cuyo guión le pertenece a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Hugo Muchnick que también dirigió ese film de culto. Igual quisimos saber por qué la necesidad de entrevistarlo. Ana nos señaló “resulta que empecé a contar la historia de tango en Berlín de los 80, a medida que iba filmando e investigando, todo el mundo me iba diciendo, bueno pero todo empieza en París, y allí los entrevistados me decían, el que sabe todo es Cantón, él es el primero, el que fundó un bar donde todo comenzó”. Todos dejaban en claro que fue “el de la idea de traer a los grandes músicos de tango” para mostrar el verdadero tango en Europa. Es decir que todas las entrevistas anteriores conducían hacia lo que tenía para contar Cantón quien en los 80 fue uno de los fundadores del “Trottoirs de Buenos Aires” en París.

 

Más allá de la larga entrevista que le realizó, Ana se encontró con muchísima información que Cantón le entregó generosamente. Copias de periódicos parisinos, fotografías de músicos en el Trottoirs …”, discos y un sinnúmero de anécdotas como aquella de que el día de la inauguración no aparecían las sillas para el local. Antonio Seguí, encargado de conseguirlas, las había comprado en otro país, lo que demoró su llegada hasta muy cerca de la apertura del local. Cantón también contó cómo fue el trabajo junto a Julio Cortázar para ponerle música a las poesías de éste y llegar a grabar el disco Trottoirs de Buenos Aires.

 

Los portantes

de la cultura

Ana revisa cada documento, registra, sigue la búsqueda y pregunta. A la hora de las respuesta nos cuenta que en estos años que lleva trabajando en el documental ha cambiado de productores, pero a pesar de los inconveniente sigue adelante. Es así que ha entrevistado a diversas figuras del tango como Tata Cedrón; a los bailarines que hicieron conocido el tango en París como el caso de Elsa María Bórquez de Mayoral y otros que fueron pioneros en la difusión del tango en Alemania. También entrevistó a “Tango Anarquista”, entre otros.

Mientras, en el estudio de Cantón, se despliegan fotografías del Trorroirs, en una asoma un Jairo casi adolescente, Tania en pose junto a Edgardo, Cortázar aplaude parado, Antonio Seguí y Rubén Juárez aumentan la presencia cordobesa en aquel París mientras la blanca risa de Susana Rinaldi explota de tal manera que nos parece hacer coros con la de Anne. Fuera de las fotografías, concentrada en su labor, Ana Bayer dice que mediante su trabajo quiere plasmar la idea de que resulta imposible separar lo cultural de los otros aspectos de quienes deben irse de sus lugares: “La gente que se va de un país, por ejemplo el exilio, lleva su música, sus tradiciones, y van creando otras maneras de hacer música. Un poco esa es la historia del tango. Así se creó el tango, fueron culturas nuevas que llegaron a Buenos Aires y se transformaron. Entonces no se puede separar lo que vive el ser humano cuando tiene problemas políticos o económicos y se va del país y lo que refleja culturalmente cuando va a otro lado”. Cuenta con tanto entusiasmo que, cuando comienzan a proyectarse las imágenes del documental, son dos mundos que juegan entre sí, por un lado el tango con sus versos y poesía, por otra parte todo lo político. El tango con sus ejes más temáticos que conceptuales, lo político con otro juego, y el exilio aunando todo. La tarde va acabando y surgen interrogantes ¿el café parisino de referencia era frecuentado sólo por exiliados? ¿De dónde salieron los rumores que lo relacionaron con la embajada de la dictadura? Estas y otras preguntas vuelan y descienden ante Cantón que responde sin perder la compostura. La grácil figura de Claudy reparte simpatía y las respuestas se guardan para cuando todos estemos sentados mirando el documental acerca del tango en el exilio.

 

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