Cuando los caballos se convierten en una alternativa para curar

Zandrino y Devecchi están al frente de la fundación, acompañados por un equipo de 10 colaboradores

Desde 2009 la fundación se dedica al tratamiento para la rehabilitación de personas con capacidades diferentes y otras afecciones, a través de la terapia con equinos

p4 f1 equinoterapia“La Fundación Lo Mejor de Mí surgió primero porque mi familia está muy ligada a los caballos y, además, como una forma de brindar ayuda al prójimo”, reveló Marcelo Devecchi, quien dio el puntapié inicial para la formación de esta organización sin fines de lucro allá por 2009.

La fundación tiene como objetivo principal brindar un espacio de rehabilitación a través de la zooterapia y -fundamentalmente- de la equinoterapia, para aquellas personas con capacidades diferentes y otros tipos de afecciones, como el estrés y las fobias.

Inicialmente, la fundación comenzó a funcionar en la calle Buenos Aires al 3600 y, después de un impasse, retomó las actividades en una nueva dirección: ruta 158, kilómetro 163, a unos 500 metros del puente Andino. En este nuevo espacio, junto a Devecchi se ha puesto al frente de la organización Leandro Zandrino.

p4 f2 equinoterapia“Estuve viviendo 10 años en España, fui voluntario de una fundación de allá que se dedicaba a esta actividad y ahí me formé”, explicó Zandrino.

“Dentro de un espacio de terapia y rehabilitación, esta fundación tiene como objetivo ayudar a mejorar los aspectos físicos, psicológicos, educativos y sociales en pacientes con autismo, deficiencia auditiva, asma, problemas de comunicación, trastornos emocionales, síndrome de Down, parálisis cerebral, amputaciones, insuficiencia cardiovascular, estrés, fobias, síndrome de Rett, entre otras patologías”, señaló Devecchi.

“El caballo es la herramienta de trabajo, se aprovecha el movimiento tridimensional de atrás hacia adelante de su desplazamiento para mover todos los músculos del cuerpo del paciente, entonces con sólo montarlo, es como si caminara. Por eso es importante para las personas que tienen dificultades para caminar. Además los equinos tienen una temperatura corporal unos grados más alta que la del ser humano, que se transmite a los miembros inferiores de quien lo monta y hace que se produzca la relajación de los músculos”, precisó Devecchi.

Zandrino y Devecchi están al frente de la fundación, acompañados por un equipo de 10 colaboradores
Zandrino y Devecchi están al frente de la fundación, acompañados por un equipo de 10 colaboradores

“La equinoterapia utiliza el caballo como medio para tratar diferentes patologías y es complementaria de otras terapias. La equinoterapia no es que el paciente venga a andar a caballo, es también el entorno y el contacto con la naturaleza y la paz que eso transmite. Acá hay 12 caballos, un pony, una ternera, una cabra, una oveja, conejos y perros y todos los animales, más la naturaleza, contribuyen a la terapia por el sólo hecho de tener contacto con un ser vivo”, remarcó Zandrino.

“Se utilizan los caballos por el temperamento, son animales buenos, nobles. Al finalizar la sesión el paciente le da una zanahoria al caballo como recompensa y de esa forma se crea el vínculo”, agregó.

p5 f2 equinoterapia“La terapia dura entre 30 minutos y una hora, dependiendo de la afección que tenga cada paciente, y al final de la sesión se ve la relajación, porque pueden lograr el estiramiento de pies, por ejemplo”, indicó Zandrino, quien puntualizó que la terapia se hace habitualmente una vez por semana, jueves o sábados, aunque en algunos casos se puede llegar a dos sesiones.

También precisó que en general las sesiones se realizan de marzo a diciembre.

“Habitualmente, cuando los chicos vienen a la terapia los papás se quedan y se integran a la actividad. También hay adultos que hacen el tratamiento, en este momento viene una persona de 62 años que sufrió un ACV y otra con fobia”, aclaró.

“Hacemos una ficha de evaluación inicial, en la que se toman los datos del paciente y se sacan conclusiones sobre cómo tratarlo. Después se hace una ficha de la evaluación diaria y una más de cómo se desarrolló la terapia y de la evolución que hubo en el mes y en el año”, sostuvo Zandrino.

 

Ad honorem

Según los responsables de la fundación, la terapia en todos los casos debe estar autorizada por un médico y puede extenderse en el tiempo, pero generalmente las obras sociales que la admiten como prestación ponen un límite en la cantidad de sesiones.

“En la mayoría de las obras sociales no está reconocida la prestación como equinoterapia, aunque en Córdoba se aprobó hace unos meses la ley y está en espera de ser reglamentada”, afirmó Zandrino.

“En 2015 tuvimos unos 15 pacientes y prácticamente se trabajó ad honorem. Hasta diciembre pasado una terapia por mes estaba entre 1.320 y 1.480 pesos dependiendo de la complicación del caso. Trabajamos con descuentos del 50% y este año vamos a empezar con ese descuento también”, detalló.

“Habría más chicos que necesitarían venir a hacer esta terapia, pero muchos no tienen recursos. Por eso tenemos un sistema de padrinazgo para niños y caballos que ayuda para cubrir gastos, de mantención en el caso de los animales y de tratamiento en el caso de los pacientes”, subrayó.

En ese sentido, remarcó que las personas que quieran comunicarse por terapias o por padrinazgos pueden hacerlo a través del Facebook de la fundación o llamando al teléfono 0353-156561745.

 

Sin animales rescatados

“Los animales para la terapia se entrenan, los equinos viven más de 20 años y en general se utilizan caballos que ya han vivido bastante y son muy tranquilos”, aseguró Zandrino.

“En general no se trabaja con caballos rescatados porque han sido tan castigados que a veces se vuelven no malos, pero sí desconfiados, lo mejor es trabajar con los caballos que uno puede elegir, no los que te traen o te tocan. Los caballos son muy buenos, pero hay que eliminar los riesgos, por eso somos muy meticulosos y tenemos mucho cuidado con los animales con los que trabajamos”, destacó y mencionó que hay potros que se castran para que no se crucen con sus madres y para que no sean tan briosos y difíciles de controlar.

Finalmente, Devecchi mencionó algunos casos emblemáticos que quedaron en su memoria por los resultados obtenidos.

“Hubo dos niños ciegos, una niña a la que le faltaban un brazo y una pierna, y un adulto que carecía de piernas y manos que tuvieron buenas recuperaciones gracias a esta actividad”, señaló.

“El que deja la terapia, habitualmente es por alguna circunstancia que no le permite venir, pero no porque desee dejarla, el que vino quiere volver siempre. A veces empiezan con terapia y después quedan haciendo tareas como colaboradores”, aseguró Zandrino para finalizar.

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