Despedida a máxima velocidad

En septiembre de 1999, el intendente logró un triunfo contundente en la ciudad. Una victoria que le permitió estar en el poder durante16 años, lograr un lugar en el contexto provincial y tener su reconocimiento en el PJ a nivel nacional. Hoy, sabe que el 10 de diciembre un capítulo de su historia llega a su fin y lo está viviendo “a fondo”

p7-f1Escribe NET
De nuestra Redacción

Eduardo Accastello encara su despedida del Gobierno municipal con el acelerador a fondo. Mucha agua corrió bajo el puente desde aquel “histórico (para el peronismo villamariense) 12 de septiembre de 1999”.

Hace 16 años, el “Palestino” (como le llamaba el siempre recordado Bernardino Calvo) obtuvo en las urnas un triunfo contundente, una victoria que dejó al radicalismo con las manos vacías después de 16 años de estar sentado inamovible en el Sillón de Viñas.

En aquella previa a la primavera de 1999, Accastello celebró con bombos al calor del actual gobernador José Manuel de la Sota, quien unos meses antes había iniciado a la provincia de Córdoba en el camino del peronismo.

Mucha agua corrió bajo el puente desde aquel domingo 12 de septiembre. Tal vez, demasiada.

¿Qué le pasa a Accastello?, fue una de las preguntas que anduvo rondando, en los últimos días, por las esquinas de los que acostumbran mirar los trasfondos de la política.

El interrogante tiene sus fundamentos lineales y entrelíneas.

El intendente volvió de Colombia con un “león en el tanque”. De pronto y sin aviso salió al escenario con una actividad tras otras. Inauguraciones de pavimento aquí y allá. Anuncios a futuro, entrega de aportes y una seguidilla de acciones mediáticas que desconcertaron hasta al más avezado en la materia.

Sin duda, el poder tiene una seducción irresistible y abandonarlo genera una lucha interna entre las luces y las sombras que conviven en el interior de los seres humanos y más en aquellos que han elegido el liderazgo como un estilo de vida.

No es mi intención ingresar en el terreno de la psicología, la intención es rescatar en parte la historia del capítulo que Accastello (más o menos acelerado) cerrará el próximo 10 de diciembre.

Accastello fue el dirigente que más poder tuvo en el justicialismo desde el retorno de la democracia. A fines de los años 80 llegó a Villa María y empezó, de a poco, escalando posiciones en un partido que de ser gobierno en 1973 (con el reconocido Carlos Pizzorno) pasó de golpe y con sorpresa a sentarse en las bancas de la oposición.

Con la dinámica de la juventud y las ambiciones encendidas, Eduardo Accastello fue construyendo su propio puente hacia el poder. En el Concejo Deliberante (en 1991) colocó los cimientos que ocho años después le sirvieron para sentarse el máximo sillón del ex-Palace Hotel con una alianza con sectores tradicionalmente “antiperonistas”.

Eran tiempos en que la política había canjeado la ideología por los valores que cotizaban en el mercado.

Accastello llegó al poder en el final de una década signada por una economía sometida a los designios de los organismos internaciones que terminó estallando en diciembre de 2001.

Si embargo, el intendente local piloteó la crisis y siguió adelante con los motores afinados y los neumáticas alineados para “agarrarse” al camino sinuoso.

Y así, el “militante atrevido” que llegó a la Villa a mediados de los 80, logró en sus primeros cuatro años al frente del municipio subir varios escalones y convertirse en uno de los ministros más importantes de José Manuel de la Sota.

El jefe comunal tuvo unos primeros pasos al estilo de los gigantes, fue presidente de la Federación Argentina de Municipios y de la mano del “Gallego” llegó a coordinar la Región Centro (integrada por Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos).

Nunca sacó el pie del acelerador y su carrera fue vertiginosa.

Su poder de “adaptación” a los diversos matices del justicialismo fue ampliamente demostrado en los diferentes lugares que fue imprimiendo su nombre hasta “comprometerse” con mayor fervor con el kirchnerismo en plena lucha con “el campo”.

 

El sueño que no fue

El dirigente del peronismo local llegó a un punto cumbre para hacer conocer su nombre en todo el territorio provincial en el año 2005, cuando encabezó la lista de diputados nacionales del peronismo cordobés.

La decisión de ir al Congreso fue vista, en ese momento, como el prólogo al “sueño” que ya estaba en su “libro de vida”: ser gobernador de Córdoba.

Rescatando en todos sus discursos las figuras del brigadier San Martín y de Amadeo Sabattini, Accastello buscó proyectar una imagen que le abriera puertas también en el sentimiento radical. Todo parecía marchar sobre ruedas hasta que la Caja de Pandora se abrió y sacó parte de los pecados políticos.

En 2007, el intendente buscó disputar la interna peronista y se puso las zapatillas de candidato a gobernador. No logró romper la fortaleza de la estructura delasotista, que puso todas las fichas en Juan Schiaretti.

La división del peronismo local con la rebelión de Raúl Costa lo obligó a dejar la banca y regresar a “casa” para disputar nuevamente la Intendencia.

Fue uno de los años más duros para el líder del PJ villamariense y departamental. En la misma sintonía estuvo el peronismo provincial que casi cae en manos de otro soldado salido de sus filas: Luis Juez.

Accastello se caracterizó por su total “devoción” a la política. Enfrentó momentos difíciles, una serie de denuncias por supuestas irregularidades administrativas, pero nunca abandonó el campo de batalla.

Después de ocho años consecutivos en el Palacio Municipal y de recuperar en varios puntos su imagen, volvió al sueño relegado.

Esta vez no retrocedió y se tiró sin salvavidas a buscar ser el sucesor de De la Sota. Los votos no lo acompañaron y la Gobernación volvió a la categoría del “sueño que no fue”.

¿Qué le pasa a Accastello? Nada y todo. El intendente está a casi 90 días de alejarse del despacho que le dio las mayores satisfacciones y pesares.

En el lugar que él despide queda un discípulo, Martín Gill, que, seguramente, pasará a ser (como es habitual en el peronismo) el próximo líder del PJ.

El futuro de Accastello no está escrito, todavía, en letras de molde. Si Scioli gana, podrá, tal vez, ser un funcionario nacional, pero el poder no es una cuestión de “lugar” en la maraña de la burocracia.

El poder en sus distintos niveles, para muchos es un sentimiento tan fuerte que “duele” a la hora del adiós.

Accastello se va de un sillón, pero deja con sus aciertos y errores su sello grabado a fuego en la historia de la ciudad.

El intendente cierra un capítulo para comenzar otro. No es el fin, es el principio.

Tal vez sería más productivo para su entorno que baje un cambio y se relaje. Tal vez.

“Lo que niegas te somete y lo que aceptas te transforma”, decía Carl Jung. Un pensamiento para reflexionar.

 


 

En la red social

“En el 3° Congreso Internacional de Responsabilidad Social reafirmamos nuestro compromiso de comunidad organizada con una democracia protagónica profundizando la participación y el protagonismo ciudadano.

A las amenazas globales hay que afrontarlas con respuestas locales, abordando de manera comunitaria la desigualdad, el cambio climático y la esclavitud moderna”.

Lo escribió el intendente Eduardo Accastello en su muro de Facebook, tras ser panelista en la mencionada actividad que tuvo lugar en Buenos Aires y contó con la presencia de Lula Da Silva.

 


 

Festejo doble

El 13 fue un número de la suerte para el candidato a presidente de Cambiemos, Mauricio Macri.

Tras festejar el triunfo de Boca en el clásico, llegó a Córdoba con toda la euforia para celebrar la victoria de Ramón Mestre.

En tanto, Oscar Aguad acompañó al ganador de los comicios en Bell Ville: Carlos Briner.

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