“El consejo espiritual es mi forma de seguir siendo médico”

Luis Pérez Seggiaro con su esposa, Graciela de Celis

Con 70 años y 44 como ginecólogo y obstetra en la ciudad, el doctor Luis Pérez Seggiaro se jubiló en el mes de julio. Referente ineludible de la Iglesia Evangélica y responsable de la venida al mundo de más de doce mil villamarienses, habló de los embarazos adolescentes, la despenalización del aborto y la tan necesaria tarea pastoral en los sanatorios

Luis Pérez Seggiaro con su esposa, Graciela  de Celis
Luis Pérez Seggiaro con su esposa, Graciela de Celis

Si hay una palabra que define al doctor es sin dudas “solidaridad”. No sólo por su trabajo como obstetra ad honórem durante años en el Pasteur, o por fundar el dispensario de barrio La Calera o por crear con su esposa una escuelita rural en una comunidad mapuche del Chubut, sino también y sobre todo por su inclaudicable labor pastoral dentro y fuera de los consultorios. Sin embargo, la tarea médica por la que toda la ciudad lo conoce es por ayudar en el alumbramiento. En efecto ¿cuántos villamarienses trajo al mundo el doctor Luis Pérez Seggiaro? Su esposa Graciela aporta un dato por demás revelador. “Hace unos años sacamos la cuenta con mis hijos y eran unos doce mil chicos. Creemos que al momento de jubilarse superó los quince mil”. Pero a él no le gustan los números. “Es que es imposible de calcular, porque las rachas de nacimientos son muy cambiantes. En la Maternidad de Córdoba había 40 nacimientos por día, y cuando vine acá, tres o cuatro”. Luego el doctor rememora su residencia definitiva en la ciudad allá por 1972 y su primer trabajo en el Cruz Azul, la Asistencia Pública, la Clínica Rucci y el servicio de Ginecología y Obstetricia del Pasteur. “A ese trabajo lo hice ad honórem porque en el hospital había pocos médicos y no daban abasto. Así que uno estaba a disposición”.

-¿Qué diferencias nota en la salud villamariense desde 1972 hasta hoy?

-No muchas. Pero en estos últimos meses con el nuevo Hospital han habido más nombramientos. Además se están cubriendo más especialidades y eso está muy bueno. En salud privada se han incrementado las obras sociales, que es algo muy positivo.

-Su carrera estuvo marcada a fuego por la solidaridad ¿Cree que hay una ética particular en los médicos evangelistas?

-Tal vez, pero pienso que la ética debiera ser la misma para todos los médicos más allá de tu credo. Un médico suizo, Paul Tournier, habla de “la Medicina de la Persona”, que ve al paciente como un ser integral y no como un órgano enfermo; un ser psíquico, físico, social y religioso, todo a la vez. Y yo creo que es así.

-Uno de sus logros más resonantes fue la creación del dispensario de La Calera ¿Cómo lo recuerda?

-Fue en el 89, en plena hiperinflación. Por esos días nos había llegado a mi mujer y a mí la información de que unos bebés habían sido abandonados bajo un árbol en ese barrio. Y como con Graciela siempre fuimos de dar apoyo a la gente en riesgo, decidimos ir. Atendimos a los chicos y hablamos con los vecinos. Ellos nos dijeron de la situación precaria que estaban atravesando al no haber un centro asistencial. Y entonces surgió la idea de buscar un lugar para atenderlos.

-Y apareció aquel garaje que les prestó el colegio Rivadavia.

-¡Ese fue nuestro primer consultorio! Lo inauguramos en 1990 con los doctores Miguel Zandrino, Canavoso, Alfredo Guillen, Seguini y Rovaina. Al poco tiempo supimos que cerca de cien niños no se habían vacunado jamás. Así que hicimos una campaña con un parlante en mi auto. Puse la canción de María Elena Walsh “llegó el doctor con su cuatrimotor”. ¡Y los chicos venían a vacunarse solos! Después conseguimos un terreno y levantamos el centro de salud con los vecinos. Fue una experiencia alucinante.

 

En cuerpo y alma

-¿Son más frecuentes hoy los embarazos adolescentes que en el 72?

-No. Por más que hoy existe mucha más información, las adolescentes embarazadas siguen siendo el veinte por ciento, y ese número comprende todas las clases sociales. Por lo visto no es un problema de información sino de “formación”. Las chicas no son conscientes de que traen una nueva vida al mundo. Parece muy simple de entender pero no lo es.

-Hoy, tanto los políticos como las feministas hablan de la despenalización o la legalización del aborto ¿Qué piensa al respecto?

-Primero, que esas dos palabras no significan lo mismo. “Legalización” significa que cualquiera puede abortar. “Despenalización” que hay ciertos casos que no estarían penados. Por ejemplo, cuando los estudios revelan malformaciones incompatibles con la vida y el niño morirá en el vientre o apenas nacido, me parece bien pensar en la despenalización. Pero con la legalización no estoy de acuerdo para nada. Algunas feministas dicen “es mi cuerpo y hago lo que quiero”. Pero ese “otro cuerpo” que se lleva adentro también tiene derecho a vivir.

-Hace cinco meses que se jubiló ¿lo siguen llamando?

-¡Todos los días! Pero ya no atiendo sino que derivo la consulta, aunque en el fondo no he dejado la Medicina. Ahora estoy abocado a dar consejo espiritual tanto en la iglesia como en el sanatorio Cruz Azul, donde estamos armando un pequeño gabinete. Hay muchísima gente que hoy necesita ese apoyo y brindarlo es mi forma de seguir siendo médico.

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