“El peronismo siempre molestó a las clases dominantes”

Escribe Nancy Musa DE NUESTRA REDACCION

Nació en La Carlota el 24 de abril de 1960, es oriunda de Santa Eufemia, lugar donde pasó su infancia y adolescencia, tiene dos hijos y una nieta. Empezó su militancia en el Partido Justicialista de Río Cuarto, ciudad donde fue a cursar Ciencias de la Comunicación y encontró su vocación por la política. Llegó a Villa María en 1990 y aquí tuvo sus hijos y construyó su hogar. Fue senadora departamental (1999-2001), legisladora departamental (2001-2003), intendente de Villa María (2003-2007), diputada nacional (2007-2015), y legisladora provincial con mandato hasta 2019. Es presidenta del Partido Justicialista local y ya es parte de la historia de la ciudad por haber sido la primera mujer en el Sillón de Viñas

Fuerte, firme y frontal. Nora Bedano no ha titubeado a la hora de asumir grandes desafíos, hacer frente a las adversidades o cuidar el territorio partidario con la vocación de una militante. Está en todas, el trabajo es su vigor, la familia su fortaleza. Sabe que la lucha es cruel y es mucha (como dice el tango) pero no le esquiva a la batalla. Está formada con el espíritu de los chacareros que nunca bajaron los brazos ante las tormentas. Los años y la experiencia vivida le dieron la templanza necesaria para callar ante las críticas cargadas de animosidad y escuchar la voz de quienes hoy le brindan un afecto sincero, en las mateadas que tanto le gusta compartir con vecinos de los distintos barrios.

 

-¿Qué análisis hace del momento que se está viviendo actualmente, entre un gobierno de otro signo político y los supuestos hechos de corrupción que están saliendo a la luz?

-Creo que es necesario primero que el Gobierno de la Nación no ejerza ningún tipo de presión ni de injerencia sobre el Poder Judicial. Si el Gobierno nacional tiene un plan para el país que yo no estoy de acuerdo y marca una gran diferencia con el Gobierno anterior que terminó el 10 de diciembre, en materia de inclusión, de derechos, de igualdad de oportunidades, de industrializar la producción argentina, y a la par de esos tenemos estos hechos que aparecen cotidianamente en materia de evasión, extranjerización del dinero argentino, lo mejor que le puede pasar al país es que el Gobierno deje actuar a la Justicia con total libertad.

 

-Dentro de todo lo que va a surgiendo entra el Eninder…

-Lo mismo que con los hechos que ocurren a nivel nacional, el actual presidente del Eninder, Martín Gill, va a tomar las decisiones correctas que tienen que ver con la auditoría externa y a su vez poner a disposición de la Justicia toda la documentación necesaria para que la Justicia pueda trabajar.

 

-Este Gobierno habla de la pesada herencia, usted que ha formado parte del Gobierno anterior, ha sido diputada, ¿qué opina de la pesada herencia?

-Las herencias uno puede asumirlas como lo hizo el presidente Néstor Kirchner, tomarlas, trabajarlas y si son malas herencias mejorar los resultados y si son buenas reconocerlas tal cual lo hizo Néstor Kirchner en 2003. Creo que hoy cuando el Gobierno habla de la pesada herencia es solamente una monótona excusa para poder soslayar las deficiencias que tiene, las debilidades que tiene el Gobierno actual, fundamentalmente en materia de inclusión, de reconocimientos de derechos y que tiene que ver con que hay una fuerte improvisación hasta el punto que a nueve meses de haber asumido se les hace necesario permanentemente mostrar en su discurso lo que ha dejado el Gobierno anterior que, por supuesto, no coincido que sea una pesada herencia.

De ninguna manera, me limito a conversar con la gente y a preguntarle cuándo estuvo mejor si ahora o antes del 10 de diciembre.

 

-¿Por qué habiendo gobernado tantos años el peronismo, el tema de la pobreza no pudo ser solucionado?

-Creo que el Gobierno de Néstor y Cristina trabajaron intensamente con el objetivo de eliminar la pobreza en forma continua y perseverante, ir desgastando la intensidad de la pobreza y lo lograron. La pobreza forma parte de muchísimas variables, es producto del no acceso a la educación, el no acceso a un trabajo, la pobreza es la inflación, el no hacer obras de infraestructura que puedan acercar las fábricas, los parques industriales, las escuelas técnicas adonde vive la gente.

La pobreza se genera por la confluencia de varios motivos y yo estoy convencida de que durante los doce años del Gobierno anterior trabajaron día a día para combatirla. Nunca escuché a ninguno de esos dos presidentes hablar de pobreza cero. Sí lo escuché a este presidente hablar de eso, pero hoy los números me dicen que se ha incrementado la pobreza. Es un enorme desafío, de todos los gobiernos del mundo, no somos la excepción, y es el más grande de todos los desafíos y la más difícil de todas las victorias.

 

-¿Por qué se hizo peronista?

-Es una historia larga, yo vengo de una familia en que mi madre nunca me lo dijo, pero creo que se sentía muy cerca del peronismo y todos sus hermanos eran peronistas. Mi papá radical y toda su familia radical. Ya en el secundario, en el colegio de mi pueblo, me di cuenta de que los ejes del peronismo los sentía como míos y luego de la guerra de Malvinas cuando la dictadura comenzó a flexibilizar mínimamente alguna participación ya estaba estudiando en Río Cuarto. Cuando termina la guerra yo sentí que había sido una gran estafa al pueblo argentino y me dije que no podía ser una cómoda estudiante universitaria, que no podía trabajar e irme a mi casa y no interesarme por otra cosa.

Y cuando empezamos a recuperar los centros de estudiantes en la universidad comienzo a acercarme a alguna dirigencia del peronismo en Río Cuarto y finalmente me incorporo en el año 83 con la apertura democrática. Me sentí totalmente identificada con el peronismo y allí me quedé hasta el día de hoy y me pienso morir peronista.

 

-¿Era una niña traviesa, curiosa?

-Traviesa no, curiosa sí. Leí mucho en mi infancia, vivía en el campo, no había televisión, teníamos la radio y lectura, por lo tanto todo libro o revista que caía en mis manos yo lo leía. Me acuerdo que tenía una familia vecina en el campo muy lectores y ellos me traían revistas, diarios, leí muchísimo. Después soy la única mujer de tres hijos, tuve una niñez muy tranquila, fui una buena jinete, me gustaba cabalgar y ya cuando llegó la hora de hacer el Nivel Medio me quedé instalada en el pueblo para poder ir a la escuela. Fui muy tranquila siempre y muy curiosa.

 

-¿Y en esos años tenía en mente ser alguien en especial? Política seguro que no…

(Risas). No, de ninguna manera aunque me conmovió profundamente la muerte del General Perón, y aún cuando en el marco familiar escuchaba críticas profundas hacia el Gobierno y hacia Perón cuando vi las imágenes del sepelio me hice una pregunta propia de una adolescente de 14 años. Me pregunté cómo podía ser que tanta gente llorara por ese hombre cuando supuestamente no era tan bueno. Eso me fue abriendo una profunda curiosidad por el peronismo y leí muchísimo.

Creo que en los primeros años de la adolescencia y porque siempre supe que la educación era la única forma de progresar y veía el enorme sacrificio de mi mamá y de mi papá en el campo, un campo pequeño de chacareros, un poco el objetivo allá lejos era ser maestra. Después en el Nivel Medio pasé a pensar que quería ser abogada.

Tuve profesores en el Nivel Medio que me encantaron , eran abogados y me hicieron conocer el derecho desde todo punto de vista, como una herramienta para tomar las grandes decisiones de la vida.

 

-¿Y por qué no pudo concretar la vocación de ser abogada?

-Yo terminé el Nivel Medio en 1977, plena dictadura, y en 1978 tenía que estar instalada en Córdoba para estudiar Abogacía. Y sin decirme que no, me di cuenta que mi familia no me lo iba a permitir y creo que hubo influencia de otros familiares que vivían en Córdoba y que eran testigos de lo que ocurría y en algún momento le deben haber sugerido a mi mamá que la situación no era sencilla y que no permitiera que con 17 años me fuera a Córdoba. Así quedó truncada la posibilidad de ser abogada y elegí irme a Río Cuarto. Que yo creo que tiene que ver con la inocencia que tenía la gente del interior del interior de no entender que lo que ocurría en Córdoba podía ocurrir en Río Cuarto.

Y con 17 años me fui a estudiar a Río Cuarto sola, uno era muy ingenuo, no tenía noción de lo que estaba pasando en el país, yo vivía en una casa familiar, iba a la universidad por la tarde y regresaba a las 11 de la noche, me bajaba del urbano y caminaba cuatro cuadras hasta llegar a la casa y cuando le escribía las cartas a mi mamá le decía “quedate tranquila porque cuando regreso a la noche hay un policía en cada esquina que nos cuida” y no era la Policía, era la dictadura.

 

-¿En su casa se hablaba de política?

-No, casi nada. En algunas reuniones familiares, vos viste que en el campo se acostumbraba mucho las visitas de vecinos y de familia o nosotros íbamos a la casa de los tíos o los tíos venían a mi casa y allí por ahí escuchaba algo relacionado con la cuestión política, le prestaba un poco de atención, pero no participaba porque además creo que aunque no tenía tan clara la definición ya me parecía que mi opinión iba a ser contraria a lo que se decía en la mesa (sonríe).

 

-A lo que decía su padre radical (se ríe), ¿y su mamá no hablaba?

No, mi mamá no hablaba. Mi mamá era una mujer muy linda, murió muy joven y creo que eso me hizo perseverar en la preparación, apostar siempre a una enorme voluntad por la educación, por poder crecer cada vez más, porque mi mamá trabajó muchos años como ama de casa en el campo, pero en situaciones muy difíciles, sin agua, sin luz, con piso de tierra. Yo estudiaba con un farol, mi papá me había fabricado un escritorio y yo me levantaba muy temprano a estudiar a la luz de un farol, primero de una lámpara a querosén y después el sol de noche. Luego, con un farol a gas, la electrificación rural tardó muchos años en llegar, porque había que poner mucho dinero y esa zona eran todos chacareros pequeños que hacían las dos cosas: agricultura y tambo.

Yo tenía mi tarea, toda la familia iba al tambo y mi responsabilidad era tener la casa ordenada y el desayuno listo para cuando mi papá, mi mamá y mis hermanos volvían del tambo.

 

-Y cursó la universidad en plena dictadura

-Sí, uno observaba cosas, mucha vigilancia, recuerdo que los domingos a la noche yo tomaba el ómnibus en La Carlota para irme a Río Cuarto y en cualquier lugar de la ruta paraban el colectivo y revisaban todo. Y bueno uno con la juventud que tenía y viniendo del interior del interior donde no se conocía tanto, no se sabía tanto y dependíamos de la radio, no teníamos claro lo que pasaba, luego después de la guerra de Malvinas yo encuentro a las Madres de Plaza de Mayo, nos acercamos a Susana Dillón que fue la que condujo Madres y Abuelas en Río Cuarto y ya empezamos a encontrarnos con los compañeros dentro de la universidad, con Humberto Roggero, Eduardo Accastello, Gerardo Russo, ellos estaban en otras facultades y los profes de la universidad algunos volvían del exilio y otros podían manifestar con tranquilidad su peronismo y nos fueron juntando y así crecen las primeras asambleas para recuperar los centros de estudiantes y fue como una cosa simultánea porque llegó 1983, el anuncio del llamado a elecciones y mi acercamiento a la sede del Partido Justicialista que estaba a tres cuadras de mi casa.

Entonces una tarde dije “tengo que ir” y fui, entré, dije “buenas tardes” (se ríe) y había mucha gente mayor, en realidad la JP como tal no existía todavía, sí estaba la Juventud Peronista Universitaria de la que formábamos parte y así empecé a conocer a la dirigencia de allá y empezamos a trabajar con otros jóvenes.

Trabajamos mucho, allí me enseñaron el abc de la militancia en el territorio, con gente muy querida, aprendimos un montón, la apertura democrática nos empujaba a participar, nos empujó como un volcán a trabajar y lo hicimos, y yo lo hice con mucha pasión, me enamoré de la militancia.

 

-Y el comienzo no fue muy bueno ya que empezó con la derrota del peronismo en las urnas.

-Sí, empecé con la derrota del peronismo, pero como contraparte de eso, terminé de convencerme que había elegido los principios que me llenaban, que era la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. No me lo olvidaré jamás, como me leí todo, fuimos aprendiendo todo de golpe, las internas, los grupos, los jóvenes, los adultos, los viejos dirigentes, aprendimos todos juntos.

 

-Y en ese momento usted militaba concurriendo a una villa

-En ese momento había un asentamiento al lado del río, le llamábamos La Conchancharava, y con dos o tres compañeras y con la guía de dirigentes políticos que yo considero importantes en mi formación, como Humberto Roggero, y una militante de toda la vida que se llama Mary Hansen entendí lo que era esto de vivir marginados y de pelear todos los días por la dignidad. Entonces, con mis compañeras todas muy jóvenes empezamos con la educación, debajo de una planta enorme que Mary tenía en su patio, empezamos con apoyo escolar, seguimos con una bloquera y después hicimos una revista y vimos como mejorar el lugar. El abc de la militancia que no va a cambiar jamás, por más que ahora tengamos Internet, Facebook, WhatsApp, el abc de la militancia no va a cambiar, el contacto personal con la gente es irremplazable.

 

-Usted que empezó militando en 1983 en el territorio, más allá que hoy lo sigue haciendo, ¿qué cambios ve en la relación de los políticos con la sociedad?

-Creo que la relación de los políticos con la gente cambia de acuerdo a tres ejes: primero una decisión propia personalísima, un dirigente político, un militante puede decidir dedicarse a la reflexión, a la escritura, a la elaboración del discurso y no tiene contacto con el pueblo, en todo caso ese dirigente cree que lo hace a través de su producción intelectual.

El segundo eje tiene que ver con la burocratización y el aburguesamiento de quienes van ocupando cargos e intencionadamente o inintencionadamente, ese cargo los va alejando del pueblo.

Y el tercer eje tiene que ver con circunstancias ajenas, a veces la situación económica, el trabajo, el tipo de trabajo que puede realizar la persona, le puede permitir o no mantener contacto con el pueblo.

Pero de los tres ejes el principal es el primero, depende de uno, uno puede estar en contacto con el pueblo teniendo o no un cargo, puede estar en contacto un tiempo mínimo o tiempo completo, pero aún el tiempo mínimo vale muchísimo a la hora de sentarse con un vecino, tomar unos mates y escuchar cuán feliz o infeliz es. Porque uno puede dar una mano para que esa infelicidad sea menor.

 

-¿Esa parte de estar con el pueblo le gusta mucho?

-Mucho, mucho. Nosotros acá en Villa María inventamos las mateadas, tal vez alguien que lea la nota puede decir que no (se ríe), pero nosotros nos dimos cuenta de que los actos multitudinarios solamente posibilitaban que el pueblo escuchara al dirigente que hablaba y no pudiera ser escuchado. La mateada, como la de ayer (por el jueves pasado) éramos doce o trece vecinos con un mate y estuve dos horas escuchándolos, con otros compañeros del partido, para mí eso es impagable. Porque lo que pasa en la calle, Nancy, las autoridades se enteran, en cambio cuando uno se sienta en la cocina de un vecino y empieza a charlar uno termina conociendo el alma de esa persona y todo lo que le pasa. Las gratitudes e ingratitudes, los desarraigos, cuando te encontrás con familias muy solitas en la ciudad que se han venido buscando trabajo y no tienen a nadie. O la persona mayor que se ha quedado sola y que me abran la puerta y me pueda sentar a tomar unos mates forma parte de eso que siempre tiene que unir al militante con el pueblo.

 

-¿Y cómo aparece Villa María en su ruta de vida?

-Es mi lugar en el mundo. Viví casi quince años en Río Cuarto y cuando me vine a Villa María por razones personales, formé mi familia, me llevó mucho tiempo desvincularme y desenamorarme de Río Cuarto. Yo allá fui muy feliz, la militancia, la universidad me permitió cosechar amigos para siempre, mi primer trabajo, por lo tanto tengo los mejores recuerdos.

Y cuando me vine, si bien ya formaba parte de un espacio de militancia política, me costó olvidar aquella ciudad y comprender y aprehender el perfil de Villa María. Yo vine y hasta el año 93 estuve trabajando en la Legislatura de Córdoba, viajaba todos los días de lunes a jueves a trabajar con los senadores de Río Cuarto. Pero, bueno fue un proceso interesante cuando uno se trasplanta a otra ciudad, por supuesto estuvieron los afectos de la familia, nace mi primer hijo Gastón y eso hizo que dejara de trabajar en Córdoba, construir las nuevas amistades, pero la elegí y nunca me iría de acá.

 

-Ni se imaginaba que iba a llegar a ser la primera mujer intendente de la ciudad.

-No, de ninguna manera. Siempre dije que mi vocación es la militancia, nosotros en el partido tenemos un programa que se llama Reconociendo nuestra ciudad, donde los sábados a la tarde alquilamos un colectivo y acompañamos a vecinos de los barrios más humildes a recorrer Villa María y mostrarles lo que es Aeropuerto hasta los nuevos loteos, porque a veces pasan meses y esa familia va del trabajo a su casa y pierde la dimensión de cómo ha sido transformada y cómo ha crecido en los últimos años. Para mí es un placer andar dos horas arriba de un urbano con 36 vecinos explicándoles cómo apareció el Museo del Anfiteatro, el Museo de Ramos Generales, cómo crece el sector del barrio Industrial o la historia de Las Playas que estaba fuera del padrón municipal.

Pero, bueno jamás se me pasó por la cabeza que yo podía ser intendente de la ciudad, nunca.

 

-Y qué recuerdos tiene del momento en que le propusieron ser candidata.

-Creo que fui muy valiente, primero fue en un acto al que vino el gobernador José Manuel de la Sota, en el marco de las campañas de 2003, se reúne con nosotros, con el intendente Accastello y había que empezar a preparar el esquema de 2003 en adelante. Ahí fue cuando el intendente Accastello se suma como ministro de Gobierno de la provincia, Martín Gill queda a cargo de la Intendencia y pasado julio había que tomar decisiones y bueno en el marco del espacio, del partido al que agradeceré eternamente, se d­ecide que yo sea la candidata.

Y me lo comunican en ese acto en donde el gobernador me dice “me parece Nora que te vas a tener que preparar”, y yo creo que guardé silencio, no dije nada y después nos reunimos todo el equipo en el despacho del intendente Acccastello y él comunicó la decisión de mi candidatura.

No fue ni euforia ni duda ni miedo. Fue un momento en que primero me pensé como mamá, pensé en mis dos hijos y en el tiempo que les iba a restar, luego como dirigente política, después me pensé como mujer y ciudadana responsable y en ningún momento dije que no. Ni titubeé.

 

-¿Es más difícil para una mujer ejercer el poder al frente de un Ejecutivo, es como repitió en diversas oportunidades la presidenta Cristina que muchas veces la atacaban por ser mujer?

-Sí, coincido plenamente con lo que varias veces dijo Cristina. Porque es más difícil. Primero porque somos diferentes a los hombres, no somos ni mejores ni peores, somos diferentes. Y pensamos la acción política y el poder de manera diferente. Entonces desde cambiar horarios, porque uno piensa en el resto de las mujeres que colaboran y trabajar en horario que el género masculino lo toma como momentos de ocio y nosotros los aprovechamos para acelerar los tiempos.

Cuesta mucho, yo no sentí discriminación en ninguno de los cuatro años de la Intendencia, pero en más de una oportunidad, en muchas, te diría que observaba dudas en mis colaboradores masculinos acerca de cuánto sabía yo o de cuánta seguridad tenía yo al tomar una decisión (sonríe).

 

-Usted dice que las formas de ejercer el poder entre el hombre y la mujer son diferentes, ¿cuáles son esas diferencias?

-Somos más claras. Sabemos decir que sí y sabemos decir que no, sin culpas. Tomamos determinaciones con la certeza de basarnos en dos cosas: en la información que tenemos y nuestra propia capacidad de reflexión y somos muy abrazadoras, muy contenedoras, yo cuidé mucho a mis funcionarios y al pueblo, yo tenía un programa que se llamaba “Viernes ciudadano” y todos los viernes a las 2 de la tarde yo abría mi despacho y atendía personalmente a cada villamariense que necesitaba hablar conmigo y de ese programa, que después dio nacimiento a los MuniCerca, lo que más recuerdo es cuánto agradecía la persona que hubiera podido ser atendido en el despacho de la Intendencia. Cientos de personas atendí en los cuatro años.

 

¿Se arrepintió de algo al terminar su mandato?

-Arrepentirme no, pero sí lamenté no haber tenido tiempo o no haber sabido encontrar las herramientas necesarias para poner mucho más énfasis en el tema educativo. Por eso me parece excelente y lo felicito al intendente Martín Gill por todo lo que está haciendo por la educación. Yo llegué a ser lo que fui y lo que soy gracias a poder acceder a un colegio secundario, poder haber ido a la universidad.

Pensé mucho en mi gestión sobre el tema educación pero estaba muy estructurada la idea que era absoluta responsabilidad del Gobierno de la provincia y lo que nosotros hicimos es formar un gabinete interdisciplinario itinerante en todas las escuelas, fue nuestro aporte más un sistema de becas.

 

-¿Le hizo perder amigos la política?, amigos que dolieron no hablo de los circunstanciales

-Sí, porque es muy difícil separar, cuando uno milita como lo hago yo, que es todos los días y en cada momento de mi vida, los amigos pasan a ser los mismos con los que convivimos cotidianamente en el trabajo, entonces cuando surgen diferencias es muy difícil separar. Sí, he perdido y amigos muy queribles.

 

-Sin entrar en el terreno personal, ¿logró separar la cuestión privada con la política en relación a Eduardo Accastello?

-Sí, lo logramos y yo personalmente logré entender que la vida privada va por un l­ado, nosotros tenemos dos hijos por lo tanto la relación es absolutamente adecuada para que nuestros hijos pudieran superar esos momentos de dificultades en la familia sin sobresaltos. Por otro lado, reconozco en Eduardo Accastello a un dirigente político con mucha preparación que ejerció sus funciones dejando todo lo mejor de sí.

 

-Volvemos al peronismo, una nueva derrota para su partido y un período de incertidumbre ¿cuál es su visión sobre el futuro a partir de este nuevo ciclo que se abrió en el país?

-Creo que en el país el Partido Justicialista como de costumbre, como es la mecánica casi innata del peronismo desde el fallecimiento de Perón, tiene todas las posibilidades de rearmarse, de empoderarse y volver a ser la única opción válida en este país para 2017 y 2019, a los efectos de devolverle al pueblo argentino la tranquilidad de que se lo cuida, se lo protege y se lo dignifica día a día.

 

-¿Cree que el ciclo de Cristina como conductora está finalizado?

-No, que es diferente a decir que vaya a ocupar cargos. Una militante como es Cristina, una dirigente sumamente inteligente, sumamente capaz de entablar esa cuestión de amor con un sector muy importante del pueblo, de ninguna manera considero que su ciclo haya concluido, lo que no significa que deba o no ocupar cargos.

Pero acerca de su conducción política no me caben dudas que lo va a seguir haciendo.

 

-¿El estilo de conducción de Cristina influyó en la derrota electoral del año pasado?

-Sí, probablemente. Trato todavía hoy de encontrar más razones para explicar la derrota en las elecciones presidenciales. En todo caso, es la más pequeña de todas las razones, creo que son varios los motivos por los cuales el peronismo pierde las elecciones.

Ahora, hacía muchos años que el pueblo argentino no tenía una voz potente, clara, profunda en las ideas que expresaba, una gestión que otorga tantos derechos solamente puede perder una elección cuando hay un cierto cansancio en el electorado. Una necesidad de cambiar, creyendo que el cambio iba a ser sólo superficial y no tan hiriente, no tan agotador en esto de volver hacia atrás, en desandar los caminos del crecimiento y el progreso para todos.

 

-¿Qué análisis hace de este enfrentamiento entre el peronismo y el antiperonismo?

-Creo que este Gobierno nacional, que tiene una figura pública que es el presidente, pero que hay muchísimas figuras sumamente poderosas ocultas, en lo primero que pensaron cuando asumieron es ver cómo iban descascarando y destruyendo las paredes del peronismo. Creo que cuando se habla tan despectivamente de los dirigentes que formamos parte del Gobierno anterior, lo hacen con el propósito de eliminar cualquier vestigio del peronismo.

Estoy convencida de que este modelo ultraconservador, que no es lo mismo que neoliberal, tiene como uno de sus objetivos más importantes ir por cada uno de los mejores y mayores exponentes del discurso peronista.

El peronismo siempre molestó a las clases dominantes, el peronismo con sus infinitos errores, cobijó y miró con mucho amor a los que menos tienen, y por eso molesta. Y cada vez se ensancha más la grieta.

 

-Los opositores consideran que la grieta fue iniciada por el Gobierno anterior con las acusaciones de gorila, entre otras cosas.

-En ese caso no hay que hablar de grieta. La grieta no se produce en el discurso humanista, social, cristiano del peronismo y el discurso ultraconservador. La grieta se produce entre ricos y pobres, en todo caso tenemos que hablar de las profundas diferencias ideológicas que existen también en otros lugares, porque las diferencias ideológicas se profundizan en base al debate y nosotros venimos planteando desde 1945 una coherente línea discursiva que tiene que ver con la educación pública gratuita, la comunidad organizada, el rastrojero, el Mercosur, la industria argentina, esa es la diferencia.

La grieta en todo caso es cuando tenemos una minoría demasiado empoderada con la enorme transferencia de fortunas de dinero en manos de los sectores económicos más importantes y un pueblo al que no le abren las paritarias y la inflación le supera el aumento de salarios.

 

-¿Por qué emparentan tanto al peronismo con la corrupción?

-Es el discurso que se instaló, uno podría decir lo mismo acerca de los gobiernos liberales y conservadores que tuvo este país a lo largo de toda la historia. Y podríamos hablar de los negociados con los frigoríficos, de la conquista del desierto y la apropiación de tierras en manos de unos pocos, tiene que ver que con el paso de los años los instrumentos de comunicación fueron tomando posición sobre el país que querían ellos y de allí se instala el nuevo discurso.

 

Opiniones

 Mauricio Macri

Un buen ingeniero.

 

Juan Schiaretti

Un buen gobernador, un militante y alguien que tiene la gran responsabilidad de conducir al peronismo de Córdoba nuevamente a la victoria en las elecciones de 2017 y 2019.

 

Martín Gill

Una excelente persona en primer lugar, un brillante joven con una capacidad de análisis y reflexión que respeto muchísimo y un dirigente político con un futuro que hoy todavía no lo podemos medir.

 

¿Volvería a ser candidata a intendente si se lo pidieran?

No, creo que hay que dejarle paso a las generaciones nuevas, veo en el peronismo de Córdoba una generación nueva con Martín Gill, Llaryora, Llamosas, respetuosos de los que fuimos marcando caminos para que les sirva a ellos, pero creo que en esta etapa de la vida yo soy más productiva desde un trabajo legislativo.

 

¿Cuál es su sueño hoy?

Quisiera que al final del ejercicio de mis cargos pudiera caminar por las calles de mi ciudad con la certeza de haber cumplido, tanto en el rol de mamá, de abuela o de militante, esos dos caminos (el personal y el político) poder unirlo en uno solo y sentir la certeza de que estuve a la altura de las circunstancias.

 

Me gusta

Leer, el cine y la naturaleza

 

Me encanta

Tomar mates, hacer jardinería, estar con mi nieta

 

Me divierte

Escuchar la risa de mis dos hijos, las conversaciones con mi papá, andar conduciendo por los caminos

 

Me entristece

La muerte, la pobreza, la discriminación

 

Me enoja

La violencia, la indiferencia, la enfermedad de los niños

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