Filosos como navajos

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Por El Peregrino Impertinente

Cuando los cowboys de las películas peleaban contra los “indios”, en realidad peleaban contra los apaches, quienes en realidad pertenecían a su vez a diferentes subgrupos étnicos, como los navajos, que en realidad venían a ser los buenos, porque los invasores eran los blancos. O sea, una gran mentira Hollywood, lo mismo que los ovnis, el cuco o Massa.

En fin, que todo esto era para hablar justamente de los navajos, una colectividad que se hizo famosa gracias a John Wayne, cuando debería ser conocida por varios otros aspectos mucho más interesantes. Por caso, que son el pueblo originario más grande de Estados Unidos, que descienden de tribus nómades que escapaban del frío de lo que hoy es Canadá y que hablan un idioma indescifrable para los oídos occidentales. “¿Viste lo para atrás que está la jefa? No la toco ni con el bastón de Toro Sentado”, le dice con total impunidad un navajo al otro, la patrona al lado.

Pero acaso más llamativo que aquellos datos, es el hecho que buena parte de los 300 mil navajos que componen el padrón gringo habitan la llamada “Nación Navajo”. Una reserva de 70 mil kilómetros cuadrados repleta de paisajes desérticos y bellas montañas. Fue creada por los estadounidenses en el año 1870 para que los aborígenes puedan conservar su identidad, y de paso no tener que verles sus nativas caras en la fila del súper.

Este espacio protegido del suroeste yanqui funciona en la práctica casi como un estado aparte, con sus propios poderes políticos, sus propias leyes y su propia policía “¿Cómo harán con la coparticipación?” Se preguntan varios gobernadores de provincias argentinas “¿Coparticiqué?”, les responden enigmáticos desde la Casa Rosada.

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