Fumate este habano

Por el Peregrino Impertinente

Quienes visiten Cuba, sabrán disfrutar de sus playas paradisíacas, su mística revolucionaria y sus gentes entrañables (“Me interesa ¿a cuánto cotiza en pizarra el kilo de gentes entrañables?” pregunta un empresario que desde que se enteró lo del levantamiento del bloqueo, vive obsesionado). Pero también, de algunos de los productos emblemáticos de la isla, entre ellos el habano.

Un tipo de tabaco que por su gran calidad es codiciado por fumadores de todo el mundo. Cigarro elaborado mediante los procesos más delicados, y que es marca registrada del país caribeño, al igual que el son, el mojito y la persecución seguida de rapto y despertares en zanja de todo aquel que diga que Silvio Rodríguez es un bajón.

De sabor corpulento con delicados taninos que en boca se antojan a humo, el producto en cuestión es manufacturado fundamentalmente en La Habana, de ahí su nombre. “Mirá vos, me cambiaste la vida”, dirá el cínico lector, demasiado preocupado con que Prat Gay, Melconian y Sturzenegger vayan a manejar los destinos económicos del país como para interesarse por la etimología de un pucho.

Con todo, el tabaco con el que se elaboran los habanos viene de otras latitudes, siempre dentro del territorio cubano. Son las tierras conocidas como Vuelta Abajo (el occidente), Semi Vuelta (el centro) y Vuelta Arriba (El Oriente). “Dado Vuelta”, en cambio, es como queda el viajero al prenderse cinco habanos juntos mientras se clava una botella de ron con coca.

En estas regiones, campesinos de manos expertas trabajan de sol a sol seleccionando la materia prima. “Pero el esfuerzo vale la pena: ¡Patria o Muerte!” exclama uno de ellos. “¡Eso, venceremos!”, se suma el foráneo, entusiasmado. “No, Patria o Muerte se va a llamar la empresa de habanos que voy a abrir apenas se abra el mercado. Que soy revolucionario pero no bol…”, retruca el primero, mandando todo el romanticismo a la Miami que lo parió.  

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