«La cultura es el camino más grande de la libertad»

Susana Esther Baca de la Colina fue doctora Honoris Causa 2009, por la Universidad Nacional de Educación en Perú (foto de Matías Sepúlveda)

La destacada artista, investigadora de tradiciones afroperuanas y primera ministra de Cultura del Perú fue reconocida en “La Docta”

Susana Esther Baca de la Colina fue doctora Honoris Causa 2009, por la Universidad Nacional de Educación en Perú (foto de Matías Sepúlveda)
Susana Esther Baca de la Colina fue doctora Honoris Causa 2009, por la Universidad Nacional de Educación en Perú (foto de Matías Sepúlveda)

Antes del acto protocolar, en el Rectorado de la UNC se llevó a cabo un encuentro entre Susana y organizaciones sociales afro-descendientes y migrantes de Córdoba.

Allí la charla se fue dando entre luchas, sueños y los derechos históricos y culturales de la comunidad afro-descendiente. Sonriente, paciente y escuchando a cada uno, siempre el “gracias” era para quienes de antemano le agradecían su presencia en la ciudad. Además participaron los artistas como: Ingamandinga, Zurdo Roqué, Tere Ferrero, Valeria Molinari, Mery Murúa, Juan Iñaki, Paola Bernal y José Luis Aguirre, entre otros.

Susana Esther Baca de la Colina, quien entre otros reconocimientos fue doctora Honoris Causa 2009, por la Universidad Nacional de Educación en Perú, además ha ganado diversos premios como compositora como dos Grammy Latinos. La investigadora y compiladora de tradiciones afroperuanas y primera ministra de Cultura de su país es la continuadora del legado de Chabuca Granda. Pero sobre todo “una defensora de los derechos culturales y populares del continente”, se enfatizó en el acto.

 

La mujer como mapa de música

Cuando Susana hizo uso de la palabra, la primera gran ovación resonó en la sala. “Permítanme celebrar desde el corazón por tan especial acontecimiento, desde la razón por lo que significa este reconocimiento y celebrar en una tierra cálida y acogedora, terca en su afirmación de libertad y generosa en heroísmo”, comenzó diciendo la artista que fuera una compañera de lujo de los escenarios de Mercedes Sosa.

“Para todos los aquí presentes, gente sensible, conscientes que el fin fundamental de la cultura es promover valores, ampliar la sensibilidad, llamar a la empatía y contemplación, somos pueblos que bailan, cantan, que bordan que transforman el barro, que se dedican poemas de amor y desamor. Que tenemos multiculturales maneras de hacer y decir y todo esto amenazado por la pobreza de lo utilitario, la alineación de un patrón de conducta chabacano sin raíces, sin pertenencia a lugares propios. Por todo eso el reconocimiento que recibo, pero sobre todo los años de lucha como artista, me afirma que lo caminado tuvo sentido. Y que aún vienen desafíos y caminos a seguir”, agregó.

Luego pidió decir: “Déjenme confesar que mi reflexión cultural se siente desafiada por interrogar tres manifiestos de vital importancia: que nos cuidemos unos a los otros, cuidemos el planeta, la casa de todos, y que usemos los talentos para producir desarrollo y riqueza pensando en el bien vivir social. Soy una mujer negra que vive en un país y continente racista, con pueblos despojados en nombre del progreso, por eso hay que luchar para que la sociedad cumpla las condiciones de convivencia”.

“Vivo en un continente donde miles son marginados y excluidos por la intolerancia de reconocimiento del valor de reconocimiento de unos y otros por falta de educación. La historia nos enseña que los pueblos pagan con violencia social la falta de solidaridad y el egoísmo de los codiciosos”, enfatizó para luego convocar a “luchar por la afirmación de la cultura, de la solidaridad, de la paz conmovida. Para manifestarnos en contra de la degradación de la cultura porque es el camino más grande de la libertad”.

Le dedicó al momento una copla “de los poetas que no sabían escribir, pero igual hicieron poesía”. Entonces llenó la sala con su canto, y cantando “Las letras se van al diablo, porque escribirlas no sé. Pero yo cuando les hablo, todas se ponen de pie”. Entonces al público no le quedó más que emular a las letras.

Juan José Coronell
Especial para EL DIARIO

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