La importancia de los vínculos en la vida del niño

El niño necesita saber que puede hablar sin temor a ser criticado, que puede probar y equivocarse, que siempre los adultos estarán junto a él para ayudarlo y enseñarle

Escribe: Servicio de Educación Temprana
INSTITUTO ESPECIAL DEL ROSARIO

El niño necesita saber que puede hablar sin temor a ser criticado, que puede probar y equivocarse, que siempre los adultos estarán junto a él para ayudarlo y enseñarle
El niño necesita saber que puede hablar sin temor a ser criticado, que puede probar y equivocarse, que siempre los adultos estarán junto a él para ayudarlo y enseñarle

Nada es más fácil o más difícil que la convivencia, especialmente entre quienes establecen lazos duraderos. Como grupo de pertenencia primario, la familia nos “marca”, nos nutre y sostiene.

Desde el momento en el que una pareja desea un hijo, ya comienza a gestarse una familia. Pero entre esa imagen ideal y las experiencias que luego vivirán hay un abismo, lo que les producirá ansiedad y desconcierto.

A partir del nacimiento, los vínculos que los unen se van fortaleciendo a medida que se van modificando. Todos afrontarán experiencias para las que no se han preparado, las que poco a poco se van asimilando como aprendizajes en sus vidas.

Todo niño necesita la contención y la seguridad que le brindan quienes ejercen la función materna y paterna, para crecer con confianza, enfrentando los desafíos que se presentan a su alrededor. Pero también parámetros claros, que marquen los “sí” y los “no”, los que le indiquen cómo corresponde actuar en cada situación.

Ya sea que se trate de una familia pequeña o extensa, con uno o varios hijos, que viven solos o con tíos y abuelos. Todos ejercitarán tempranamente cómo relacionarse unos con otros. La función primordial de la familia es, entonces, la humanización, la transmisión de valores y sentimientos que caracterizan a la comunidad de la que forma parte.

Los sentimientos de valor sólo pueden florecer en un ambiente donde las diferencias personales son apreciadas, los errores tolerados, la comunicación abierta y las reglas flexibles. Se plantean entonces como fundamentales las vivencias del infante en sus primeros años de vida, es decir, lo que “aprende” en la relación diaria, especialmente lo que siente que se espera de él.

Esto sólo es posible en una relación basada en el amor y la aceptación. Debe sentirse incluido en los proyectos, ser partícipe de aquello que la familia planifica, espera, en un lenguaje claro y adaptado a sus posibilidades de comprensión.

El niño necesita saber que puede hablar sin temor a ser criticado, que puede probar y equivocarse, que siempre los adultos estarán junto a él para ayudarlo y enseñarle. Es a partir de cómo haya interiorizado estas relaciones, cómo haya vivido sus primeros aprendizajes, que podrá luego interactuar con su entorno.

Coincidimos con la frase del Santo Padre: “No es posible una familia sin soñar. Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar los chicos no crecen, el amor no crece, la vida se debilita y se apaga. Es muy importante recuperar el amor a través de la ilusión de todos los días”.

Dieta sin prohibiciones y cuatro comidas: claves para una buena nutrición de las personas mayores

Derribar mitos como el referido a que las personas mayores deben cenar sólo un café con leche o que ninguno debe ingerir carnes es clave para lograr una dieta equilibrada que permita incorporar los nutrientes necesarios para enfrentar los problemas como la pérdida de masa muscular, aseguraron especialistas en el marco del Día Mundial de las Personas Mayores que se celebró días pasados.

«No existen alimentos prohibidos para las personas mayores, a menos que por alguna circunstancia específica haya que limitar una comida, uno debe partir del concepto de que el adulto tiene incluir todos los grupos de alimentos y hacer todas las comidas», aseguró a Télam Marcela Leal, directora de la carrera de Nutrición de la Universidad Maimónides. Y continuó: «Entonces, esta idea de que deben tomar un café con leche de cena o que no deben comer carnes por el colesterol o el ácido úrico es falso, lo que hay que hacer es adaptar la dieta a sus particularidades».

La especialista indicó que «la mala alimentación en las personas mayores es muy prevalente y se debe a múltiples causas que van desde lo orgánico (como la pérdida de piezas dentales o de los sentidos del gusto y el olfato) hasta lo social (la depresión producto del aislamiento provoca inapetencia)».

«También pueden darse factores del tipo económico, que la persona o su entorno no pueda comprar los alimentos como carne, pescado o harinas; o de tipo funcional, que no pueda ir a comprar entonces haga una dieta seca, es decir, sin productos frescos», describió por su parte Julio Nemerovsky, miembro de la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología (SAGG) y docente e investigador en las universidades Isalud y Maimónides. Para indicar una dieta a una persona mayor no deben olvidarse algunos factores que los especialistas identifican como frecuentes: «Si bien todas las personas envejecen diferente, existen algunas características propias del paso del tiempo como la sarcopenia, que es la pérdida de masa muscular», sostuvo Nemerovsky.

En este contexto, Nemerovsky describió que la frecuente malnutrición que se observa en el consultorio «no sólo implica la imagen del viejo enflaquecido, sino que también incluye al sobrepeso y la obesidad». «En las personas que están excedidas de peso el músculo va perdiendo su masa magra por infiltraciones de la grasa, lo que se denomina obesidad sarcopénica, y en este caso, aunque uno vea al adulto gordito, el músculo no puede cumplir con su función», describió. Por su parte, Zulema Stolarza, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), detalló «otros cambios fisiológicos»: «A medida que pasan los años disminuye el gasto energético, se modifica el olfato y el gusto, y se presentan problemas de masticación (por pérdida de dientes)», indicó. Y continuó: «También pueden presentarse inconvenientes en la deglución (disfagia motora), disminución de la motilidad esofágica, retraso en el vaciamiento gástrico y absorción deficiente de vitamina B12, así como estreñimiento por disminución de ejercicio físico y escasa ingesta de líquido».

«Ante estas situaciones, antes de eliminar un alimento de la dieta hay que buscar la manera de cambiarle la textura; por ejemplo, si la persona no puede masticar bien, triturar la carne magra y armar un budín; si se le da una sopa, incorporarle una clara de huevo», describió la nutricionista Leal. Y continuó: «El consumo de proteínas es central para combatir la sarcopenia, por eso no hay que evitar las carnes, sino consumir carnes magras, pollo y pescado, que además de ser saludable es blando y de fácil digestión». A su vez, Leal explicó que las carnes «deben acompañarse con ensaladas crudas o jugos cítricos para mejorar la absorción del hierro, porque es común la anemia de las personas mayores». «La fibra alimentaria también es importante para evitar la constipación porque ayuda a evacuar y permite que la glucemia se mantenga estable. La fibra se encuentra en todos los productos integrales como arroz integral, fideos integrales, pan negro, ollejos, semillas, etcétera», describió.

«También hay que estar atentos con los lácteos, porque a veces disminuye la lactasa, que es la enzima que ayuda a digerir la leche, entonces se produce intolerancia. Esto se soluciona con la ingesta de lácteos deslactosados», aclaró. En tanto, Stolarza concluyó «lo que nosotros sugerimos es ingerir alimentos que contengan de dos mil a 2.400 calorías diarias, un 55% a 60% de hidratos de carbono, entre un 15% y un 25% de proteínas y entre un 20% y un 25% de grasas». En el mundo existente actualmente unas 700 millones de personas mayores de 60 años y se estima que para 2050 la cantidad ascenderá a dos mil millones, esto es, más del 20% de la población mundial.

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