“La obra y la vida del cura son enormes”

Sebastián Luna, párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes

El párroco de la Iglesia de Lourdes se definió como un devoto de Gabriel Brochero, de quien destacó su amor por los excluidos y su finalidad pastoral

 

Sebastián Luna, párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes
Sebastián Luna, párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes

“A la canonización, todos los que tenemos devoción por el cura, ya la considerábamos”, aseguró el sacerdote Sebastián Luna al hablar de la canonización del cura Gabriel Brochero.

“La canonización es la declaración oficial que la Iglesia hace de la santidad de una persona. Brochero no es el único santo argentino, sí es el único nacido y muerto en Argentina, porque en realidad ya tenemos otros santos que han estado en el país, como Héctor Valdivielso Sáez, también conocido como San Benito de Jesús, o Ceferino Namuncurá que son nativos o han estado en Argentina pero después se han ido. Brochero es el primer santo nacido y muerto acá”, remarcó el párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en el barrio Ameghino.

“La obra y la vida del Cura Brochero son enormes y para todos tiene algunos mensajes que deben ser escuchados”, consideró Luna.

“Creo que el primero de esos mensajes es el amor que tuvo Brochero por los excluidos. En la zona de Traslasierra ahora hay turismo y demás, pero antes era inaccesible y él ha dado todo por esa gente, buscando para ellos beneficios económicos y espirituales. A cada uno atendía con particular devoción, de hecho, murió por tomar mate con un leproso que estaba río de por medio y al que nadie quería”, recordó el sacerdote.

“Creo que lo primero que nos dice, ya que a veces miramos para el centro o hacia las grandes ciudades, es que primero debemos mirar a los excluidos dentro de nuestra Patria, de nuestras ciudades o de nuestras familias”, completó.

“El amor de Brochero nos tiene que enseñar, y mucho”, afirmó.

 

Regalos de Dios

“Para los que vivimos en este tiempo tenemos regalos de Dios que son muy importantes, el Papa Francisco fue un regalo de Dios para la Argentina y también la canonización de Brochero”, opinó Luna.

“La santidad de Brochero y la entrega del Papa Francisco a todos nos anima a mirar y a mirarnos de otro modo, a no mirarnos tanto el ombligo, sino a tener la capacidad de mirar al otro y entregarnos con mucha alegría y confianza al servicio de los demás, esos son los mensajes de ambos”, enfatizó.

Consultado sobre si a su juicio hay algún otro argentino que tenga el merecimiento que ha tenido Brochero, Luna respondió que “la santidad en la Iglesia tiene múltiples formas, no hay un solo modo de ser santo, cada uno tiene el derecho de vivir a su modo la vocación o el llamado de Dios, tomando la vocación no sólo como lo relacionado a lo sacerdotal, sino a estar en el mundo como Dios quiere. En ese sentido no hay semejanzas con Brochero, porque él es único, pero hay otros caminos en vías de santidad que son reconocidos, como es por ejemplo la beata Laura Vicuña, nacida en Chile y llegada a la Argentina, que fue una jovencita que ofreció su vida por la santidad de su mamá. Lo mismo pasa con Ceferino Namuncurá, un indio aborigen de Río Negro que tuvo una vida de santidad, viviendo la fe siendo fiel a sus raíces”.

 

Finalidad pastoral

“Obviamente la tarea de Brochero -a mi modo de ver porque soy devoto del cura- es quizá una de las más grandes a simple vista, porque hay una tarea de un fuerte contenido social, pero con una preocupación pastoral indudable. Era un cura que tenía una fuerte incidencia social”, señaló el párroco de la parroquia de Lourdes.

“Si bien su obra social fue muy importante, todo tenía una finalidad pastoral, él no hacía un camino simplemente para que haya un camino o una acequia simplemente para llevar agua, mientras hacía el camino o la acequia, al mismo tiempo daba catequesis o invitaba a quienes trabajaban a su lado a hacer los ejercicios de retiro espiritual. La finalidad del cura era profundamente pastoral, ponía a trabajar a los hombres para que no se dedicaran al alcohol”, aseguró.

“El cura tuvo una finalidad grandemente pastoral”, reiteró el sacerdote para concluir.

 

El decreto del Papa Francisco

El viernes pasado el Papa Francisco firmó el decreto que permitirá que Brochero, beatificado en 2013, sea canonizado próximamente, lo que lo convertirá en el primer santo nacido y muerto en Argentina.

El decreto reconoce un segundo milagro atribuido a la intercesión de Brochero, la recuperación de la niña Camila Brusotti, quien volvió a caminar y a hablar tras un infarto masivo en el hemisferio cerebral derecho, provocado por una golpiza de su madre y padrastro. El reconocimiento de este segundo milagro es el último trámite necesario, según el mecanismo eclesial de canonización, para que pueda ser proclamado santo en los próximos meses.

El primer milagro del Cura Brochero admitido por la Santa Sede fue el de Nicolás Flores, quien se recuperó de un accidente de tráfico sufrido cuando tenía solo 11 meses, que lo dejó en estado vegetativo.

Nacido en Villa Santa Rosa (Córdoba), el Cura Brochero desarrolló una inmensa labor misionera en una amplia zona de las serranías cordobesas, donde se desplazaba a caballo o en mula, hablando con la gente de campo, los gauchos, en su mismo lenguaje, “un verdadero pastor con olor a oveja”, como lo definió el Papa Francisco.

El sacerdote se destacó por su estilo evangelizador mediante los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola que solía llamar «baños del alma», su devoción mariana y su fortaleza ante las adversidades, entre ellas la lepra, que le causó la muerte.

Como cada 26 de enero, aniversario de la muerte de Brochero (1840-1914), la villa al pie de las sierras cordobesas que lleva su nombre acoge una multitud para recordar la figura del cura. Este año, de la misa participó el presidente Mauricio Macri y su Gabinete, en ocasión de su visita a Córdoba.

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