Las memorias de un gladiador

Excampeón argentino en categoría Mosca en el 86 y 87 y representante de la selección en los Juegos Panamericanos de Indianápolis, Fabián “Mojarrita” Carranza es una de las glorias del boxeo villamariense. A punto de viajar a los Juegos de Seúl 88 debió colgar los guantes por una inflamación en el nervio óptico. Hoy sigue peleando desde el ring sindicalista, defendiendo a los empleados municipales

Dos momentos inolvidables en la carrera boxística de “Mojarrita”. Cuando se consagró campeón argentino y haciendo guantes con Gustavo Ballas
Dos momentos inolvidables en la carrera boxística de “Mojarrita”. Cuando se consagró campeón argentino y haciendo guantes con Gustavo Ballas (abajo)

“La izquierda bien arriba y adelante. Siempre punteando con izquierda hasta que de pronto sacás la derecha. Izquierda-izquierda-izquierda y ahí nomás la derecha. Así nos entrenaban para los Panamericanos. Porque vos tenías que estar en el ring tres rounds intensivos sin dejar de tirar golpes. Con la izquierda bien arriba y adelante. Izquierda-izquierda-izquierda y ahí nomás la derecha. Así…”.

Quien habla no parece un gremialista en su oficina ni alguien que colgó los guantes hace casi 30 años. Más bien parece aquel boxeador recién desembarcado de Indianápolis que, tirando trompadas al aire con fabulosa precisión, da consejos a otro púgil para un combate decisivo. Pero no estamos en el 87, sino en 2016 y el lugar no es el gimnasio de Alcides Rivera, sino el SUOEM de calle Catamarca; allí donde Fabián trabaja desde hace 10 años. Y acaso a este contraluz se comprenda mejor la frase que dirá más de una vez: “Me costó muchísimo dejar el boxeo. Imagináte que estuve en un ring desde los 9 a los 25 años y esa era mi vida. Cómo será que después de que me operaron hice un par de peleas, pero no pude seguir. Veía poco y estar ahí arriba era muy riesgoso”.

Le pido entonces a Fabián que retrocedamos al año 75 y empecemos la historia desde su primera tarde en un gimnasio.

“Fui con mi padrastro, que era boxeador y albañil, el ‘Zurdo’ Mario Ortega. Mi vieja siempre le decía ‘lleválo a Fabián para que saque cuerpo, ¡mirá lo flaquito que está!’. Esa tarde me llevó y le agarré el gustito. Al poco tiempo vinieron del diario Noticias y yo salí en la foto con los boxeadores. Decía: ‘Y abajo, el niño ‘Mojarrita’ Moreno’, porque algunos me conocían por el apellido de mi abuelo que había sido policía. Al sobrenombre me lo puso el ‘Pelado’ Quartapelle porque apenas me vio, dijo: ‘¿Y este pescadito de dónde salió?’ y empezó a decirme ‘Mojarrita, traéme esto. Mojarrita, buscá lo otro’… Yo tenía miedo que cuando creciera me dijeran ‘Bagre’ (risas). Pero seguí siendo ‘Mojarrita’ y a pesar de matarme en el gimnasio, seguí flaquito”.

 

De San Antonio de Litín a Indianápolis

-Y llega tu debut…

-Fue a los 16 años, en San Antonio de Litín y como amateur. Por ese entonces laburaba de albañil con mi padrastro y ese día había hecho una losa. Así que viajé lleno de mezcla, pero igual gané por nocaut en el segundo round. Me acuerdo de que todo me quedaba grande, el pantalón de mi padrastro, unas botas del 41… Desde entonces fui peso Mosca.

-¿Y no te convenía Minimosca?

-Sí, pero es una categoría donde hay muy pocos boxeadores. Yo pesaba 47 kilos y medio. Y para Mosca tenía que llegar a los 50. En los pesajes, Alcides me llevaba a tomar unos desayunos espectaculares y a la noche los bajaba en el gimnasio. Gustavo (Ballas) hacía lo mismo. Pesaba 58 y se bajaba ocho kilos en 15 días. Una bestia…

-¿Ya querías ser profesional por esos tiempos?

-Sí. Pero al profesionalismo lo decidió Alcides, que era mi técnico. El nos llevó al “Gringo” Sena, a Hugo Bisconti, a Ramírez y a mí a pelear a Buenos Aires en el 86. Yo venía de ganar el Torneo “Guantes de Oro” en Córdoba y allá tuve la suerte de salir campeón argentino y repetir al año siguiente. Entonces me convocaron para la selección. Cuando me lo dijeron, no lo podía creer. Pero a los pocos días tuve que hacer un amistoso con Brasil. Me tocó pelear con el ganador de los Juegos Olímpicos anteriores y yo estaba sin entrenar, porque después de cada pelea descansaba siempre una semana entera. Y perdí por un punto…

-O sea que hiciste un peleón…

-Eso mismo me dije yo. Apenas me bajé del ring, el presidente de la Federación Argentina de Boxeo, que era González, me dio un pasaje en avión. “Acostumbráte, cordobés -me dijo- porque la semana que viene te venís al Cenard a prepararte para Indianápolis”. Ahí aprendí lo de la guardia alta con la izquierda. Estuve seis meses haciendo amistosos en Perú, Chile y Brasil. Y cuando volví me llevé mi familia a Buenos Aires. Porque yo tenía 20 años, pero ya estaba casado y tenía la nena de 2 años. Así que paramos de una tía.

-¿Y cómo te fue en los Panamericanos?

-Perdí en cuartos de final contra un portorriqueño por puntos. El tema es que no había perdido. Salió en todos los diarios que me habían robado la pelea. Pero también tuve ofertas para quedarme allá.

-¿A pelear en Estados Unidos?

-Sí. Siempre pasa. Cuando salimos de acá con la selección nos dijeron: “Miren, muchachos, que allá les van a prometer el oro y el moro, pero ustedes van y vuelven con nosotros. Una vez acá hagan lo que quieran”. Nos decían esto porque muchos deportistas se fugan de la Villa Panamericana y se van a un gimnasio norteamericano. Al gimnasio le conviene que vos te fugués para no pagarte los pasajes. Si te quedás y te va bien, ellos te acomodan los papeles. Es una tentación muy grande. Más si el apoderado es Ray “Sugar” Leonard…

-¿Lo conociste a Leonard?

– Charlamos un montón con traductor. Un tipo excelente que va de frente. Y nos propuso a Ponce y a mí que nos quedáramos con otros 20 boxeadores de otros países. “Pero tiene que ser esta noche”, nos habían dicho. Ponce había perdido su pelea, pero yo todavía tenía chances porque había ganado la mía. Lo pensé y no me animé, sobre todo por mi familia, que para mí era y sigue siendo lo más importante.

P58-F2 Con Ballas

El “sparring” de Ballas

-Antes de conocerlo a Leonard tuviste tu bautismo de fuego con tu otro ídolo, ¿no?

-Lo de Gustavo (Ballas) fue una de las cosas más emocionantes que me pasaron en la vida. Tiene que haber sido en el 85, cuando él volvió tras su recuperación de la droga. Se había venido de Mendoza a prepararse acá y ese día llegué al gimnasio en una bicicleta Simsa que tenía. Apenas entro, me dice Alcides “¡dale, ‘Mojarrita’, cambiate rápido y calentá que está Gustavo y vas a hacer guantes con él!”… Para qué… Te juro que se me llenaron los ojos de lágrimas… Gustavo era mi ídolo de siempre junto con Leonard… Yo a Gustavo le copiaba todo, el estilo, el modo de esquivar golpes… Yo no tenía mucha pegada, pero quería ser un estilista como él…

-¿Y cómo fue ese encuentro?

– Maravilloso. Al punto que cuando terminamos me dice Gustavo “¿así que vos sos el ‘Mojarrita’? ¿Qué número calzás?”. Le dije 39. “¡Igual que yo!”, me dijo. Y se sacó las botas y me las dio. Pero también me regaló las medias, los guantes, el pantalón, la coquilla… Para que te des una idea lo que fue para mí, yo boxeaba siempre con esa coquilla. Era toda amarilla y decía “Gustavo Ballas 1981”, cuando salió campeón del mundo.

-¿Y vos te tenías fe para llegar tan alto?

-Mirá, en el 87 Gustavo fue a pelear por el título del Mundo a Miami contra Baby Rojas y me llevó de “sparring”. Me acuerdo de que salimos en El Gráfico haciendo guantes y Gustavo decía “miren a este pibe, ‘Mojarrita’ Carranza, próximo campeón del mundo…”. Así que si él me tenía fe, ¿cómo no me la iba a tener yo? Pero tuve esa desgracia en la vista haciendo guantes en Carlos Paz con Adrián Román. Sin querer me metió un dedo en el ojo y se me inflamó el nervio óptico. Nunca voy a saber hasta dónde hubiera podido llegar.

-Al año siguiente venían los Juegos Olímpicos de Seúl, ¿no?

-Claro. Y yo estaba convocado. Argentina mandaba tres boxeadores: Juanito Díaz, Domingo Damigella y yo. Pero ese mismo año me operaron de la vista y no quedé bien. Así que me bajé de los Juegos. Los médicos me dijeron que no boxeara más y la Federación me quitó la licencia. Yo tenía 21 años y volví recién a los 25. Hice unas cuantas peleas como profesional, pero al final tuve que dejar. Era mucho riesgo.

-Se ve que no lo dejaste del todo porque seguís peleando desde el gremio…

– ¡Ja ja! Sí, hace más de 30 años que soy empleado municipal y entré por el boxeo, gracias al doctor Elías que estaba en Deportes. Fue durante la intendencia de Cabezas. Pero cuando asumió Veglia no me renovaron el contrato.

Y Fabián despliega sobre su escritorio las fotos de un pasado glorioso: campeón argentino en Buenos Aires, haciendo guantes con Ballas en Miami y sonriendo en una foto borrosa con Ray “Sugar” Leonard en Indianápolis.

Iván Wielikosielek

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