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El expresidente Arturo Illia, al que alude el autor de uno de los escritos, junto a otro exmandatario radical, Raúl Alfonsín. El primero no llegó a verlo al segundo como titular del Ejecutivo nacional: falleció en enero de 1983. En octubre de ese año su correligionario ganaría las elecciones para asumir en diciembre
El expresidente Arturo Illia, al que alude el autor de uno de los escritos, junto a otro exmandatario radical,  Raúl Alfonsín. El primero no llegó a verlo al segundo como titular del Ejecutivo nacional: falleció en enero de 1983. En octubre de ese año su correligionario ganaría las elecciones para asumir en diciembre
El expresidente Arturo Illia, al que alude el autor de uno de los escritos, junto a otro exmandatario radical, Raúl Alfonsín. El primero no llegó a verlo al segundo como titular del Ejecutivo nacional: falleció en enero de 1983. En octubre de ese año su correligionario ganaría las elecciones para asumir en diciembre

Una calle con el nombre de Illia

 Señor director:

El 18 de enero, además de cumplirse el primer aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman, se cumplieron 33 años del fallecimiento del doctor Arturo Umberto Illia, aquel radical, médico rural, cordobés por adopción que desde Cruz del Eje llegó a presidente de la Nación en 1963.

Tengo para mí que mirar el pasado no implica necesariamente un anclaje en lo que ya fue, por el contrario nos sirve para entender el presente y mirar con claridad el futuro…

Si hablamos de Don Arturo seguramente el denominador común de quienes lo recuerden será la honestidad, pero me atrevo a decir que Illia fue mucho más que un presidente honesto, y para satisfacción de los gustosos de los números puede afirmarse que en su gobierno, depuesto a menos de tres años de asumir, dinamizó la economía logrando que el Producto Bruto Interno subiera un 10,3% en 1964 y 9,5% en 1965. La industria creció el 18,9% y el 13,8% en cada uno de esos años: fueron los mayores niveles registrados hasta aquel momento desde que se llevaban estadísticas. La participación de los asalariados en el ingreso nacional pasó del 36,4% en 1964 al 41,1% en 1965. La tasa de desempleo bajó del 8,8% en 1963 al 5,2% en 1966. La salud y la educación fueron atendidas con mayores partidas presupuestarias y en las universidades el clima de libertad académica permitió mejorar notablemente el nivel educativo. Se anularon los contratos petroleros suscriptos por Frondizi, por considerarlos ilegales. En este contexto, fue enviado al Congreso un novedoso proyecto de Ley de Medicamentos que limitaba el accionar de los poderosos laboratorios multinacionales, prohibía las drogas peligrosas y exigía la protección de la salud de los consumidores a través de severas inspecciones y controles… En fin, un cúmulo de medidas que reflejaba que se trataba de un gobierno que era progresista en los hechos más allá de los discursos.

Como es sabido Illia fue derrocado por un golpe militar el 28 de junio de 1966, y en ese golpe confluyeron una serie de factores además de las fuerzas armadas, el sindicalismo y el peronismo, los grandes grupos económicos como los lobbies de laboratorios y fundamentalmente la prensa que ridiculizó al presidente tratándolo de tortuga por su supuesta lentitud…

Al respecto, es de lo más ilustrativo el memorable Tato Bores, que en su monólogo 2.000 del año ‘90 dijo:

“La cuestión es que a Don Arturo lo rajaron porque

decían que era muy lento, que era una tortuga. Ahí tuvimos un cacho la culpa todos, porque los sindicatos, la CGT le tiraba tortugas en Plaza de Mayo, los medios en contra, los periodistas en contra, los humoristas le hacíamos chistes (éramos una manga de boludos, que pa’ que’ le via’ contar); porque el

problema no era que Don Illia era lento: el problema es que los que vinieron después fueron… fueron rápidos, ¡y fuimos derecho pal’ cara… melo, fuimos, pero bah, pero rápido”.

Arturo Illia fue derrocado hace casi cincuenta años y falleció hace más de 30, pero de seguro que su conducta humanista puede inspirar a todos aquellos que abracen la democracia más allá del paso del tiempo y más allá de los nuevos bríos del marketing y la videopolítica.

Si como decía Norberto Bobbio “somos también lo que elegimos recordar”, una ciudad con cultura democrática como Villa María está en deuda por no tener una calle que lleve el nombre de un presidente como Illia…

 Alfredo M. Nigro

 

 

Los besos en el pan

 Señor director:

“…estoy todo el santo día aquí oyendo la radio, la televisión y que no hay futuro, que no hay trabajo, que privatizan los hospitales, que quieren cerrarnos el Centro de Salud, que me van a rebajar la pensión …sólo salgo para ir a la peluquería, y allí, no veas, todo el día hablando de lo mismo. Que si ponte mechas mujer. Que no, que no tengo dinero, y tu hermana, ¿ya no viene?, es que como han echado a su marido, pues el mío se le acaba el contrato el mes que viene, pues mi hijo no ha encontrado nada todavía, así una y otra todo el tiempo igual, tristezas y más tristezas…”.

El párrafo fue tomado del libro Los besos en el pan, de Almudena Grandes, publicado el año pasado y que recoge testimonios reales de la vida en un barrio de Madrid. En todos los capítulos hay una historia referida a la angustiante situación económica que padecen una gran parte de los países que integran el Mercado Común Europeo (MCE).

La crisis que comenzó en 2009 no parece encontrar salida porque los economistas del MCE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) siguen imponiendo la primacía del sector financiero ante la producción y el trabajo. Si no hay trabajo no hay empleo. Y mientras España caía bajo esas recetas, Argentina y sus vecinos de Sudamérica se liberaban para crecer y así construir el Estado garante del bienestar de los pueblos.

Ante las últimas noticias de que el Gobierno de derecha, que ahora impera en la Argentina, ha restituido sus relaciones con el FMI y la decisión de volver a contraer deuda externa para garantizar la libre circulación del dólar, cabe preguntarnos si los argentinos terminarán de nuevo dando besos en el pan, una metáfora para describir la carestía de alimentos y el hambre que sufrieron los españoles durante y después de la Guerra Civil y que ahora temen ante el resurgimiento de la miseria.

 Silvia Valerga

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