Niños y trastorno obsesivo compulsivo: cómo detectar la enfermedad

Quienes lo padecen, pasan mucho tiempo ordenando, contando, entre otras compulsiones

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) afecta al 2% de la población, aunque muchos ignoran que lo padecen. Cómo afecta la vida de los menores y cuáles son las terapias más efectivas

Quienes lo padecen, pasan mucho tiempo ordenando, contando, entre otras compulsiones
Quienes lo padecen, pasan mucho tiempo ordenando, contando, entre otras compulsiones

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es una patología que afecta a muchas personas y se presenta generalmente desde la infancia y la adolescencia.

Esta enfermedad psiquiátrica se caracteriza en su inicio por las obsesiones, que son instrucciones mentales -tales como pensamientos, ideas, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes- que generan ansiedad y se imponen de forma repetitiva y no deseada, provocando un malestar importante.

Para contrarrestar las obsesiones aparece el otro rasgo distintivo: las compulsiones. Estas son acciones mentales y conductuales que se definen por comportamientos, entre los que se pueden mencionar lavarse las manos, ordenar, rezar, contar, repetir palabras en silencio, entre otras. «Aquellos que los padecen experimentan un gran malestar debido a sus obsesiones e invierten mucho tiempo en los rituales de neutralización, lo que puede llevar a una incapacidad funcional o total», explicó el psicólogo Fernando García.

En términos epidemiológicos, el TOC es considerado el cuarto trastorno mental en orden de prevalencia, afectando a casi el 2% de la población general. Con respecto a la edad de inicio hay una gran divisoria en dos grupos: en el inicio de la infancia y en la adolescencia. Además, hay una mayor incidencia en las mujeres que en los varones.

Para los niños, las repercusiones del TOC tienen lugar en tres áreas importantes: en su carácter, en su socialización y en su rendimiento escolar. Los menores se muestran más retraídos, irritables, hostiles, tristes. Y son frecuentes las reacciones bruscas ante sucesos poco importantes.

«La demanda de tratamiento suele ser extendida y varía desde los 6 meses a los 18 años desde que comienzan los primeros síntomas. Esto es debido a que los pacientes tienen baja conciencia de su enfermedad y disimulan sus síntomas por vergonzantes aun ante familiares más cercanos», comentó el especialista.

A pesar de las constantes investigaciones, las causas son aún desconocidas. Los factores influyentes pueden ser lesiones en la cabeza, infecciones y funcionamiento anormal en ciertas zonas del cerebro. También podrían incrementar el riesgo de TOC los genes -precedentes familiares- y la existencia de antecedentes de abuso físico o sexual.

«La hiperactividad del lóbulo frontal, particularmente la zona orbitofrontal, podría dar como resultado algunos de los síntomas característicos del TOC, tales como la aparición de secuencias repetitivas observables dentro de los denominados rituales compulsivos, la rigidez cognitiva, el aumento de la preocupación y los sentimientos de culpa que acompañan las obsesiones», dijo García.

 

La eficacia de los tratamientos

En cuanto a la eficiencia de diversos tratamientos, sólo los que han probado su eficacia son los farmacológicos y los psicosociales, entre los que se destacan dos tipos de intervenciones: la terapia cognitiva y la terapia conductual de exposición y prevención de respuesta.

«La terapia de exposición y prevención de respuesta consiste en exponer a los pacientes a sus intrusiones e instarlos a que no ejecuten estrategias de control ni rituales. La terapia cognitiva pone por objetivo la flexibilización de las creencias responsables de valorar de un modo disfuncional las intrusiones», explicó el especialista.

La medicación es útil en el control de los síntomas del TOC, sin embargo, la tasa de recaídas es muy alta.

«Muchos pacientes son incapaces de sostener los tratamientos. Los factores que inciden en este sentido son la co-ocurrencia de trastornos de la personalidad y los contextos sociales y familiares desfavorables o disfuncionales, que pueden ser agentes de mantenimiento del trastorno. Hay evidencia de que los estilos de crianza favorecen la vulnerabilidad al trastorno en interacción con aspectos genéticos».

«Un rango de intervenciones son efectivas para el manejo del trastorno obsesivo compulsivo, pero aún hay considerable incertidumbre y limitaciones respecto a la eficacia relativa. Tomando en cuenta la evidencia, la combinación de psicoterapia y farmacología es probablemente más efectiva que la psicoterapia sola. Al menos en los casos de TOC severo», finalizó el especialista García.

Fuente: Diario Democracia, Junín

 

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