“No usar agroquímicos no es sinónimo de orgánico”

Marcos De Zárate, uno de los integrantes de la verdulería que decidió apostar a lo orgánico y Marcela Ablin, la especialista en esta producción, recibieron a EL DIARIO y contaron aspectos de este sistema

La ingeniera agrónoma Marcela Ablin remarcó que para vender producción orgánica hay que tener certificación y sostuvo que lo que ofrecen los De Zárate es alimento absolutamente sano. Resaltó que el ecosistema en el campo orgánico tiene que ser diverso

 

Escribe Diego Bengoa
DE NUESTRA REDACCION

Marcos De Zárate es parte de una familia sinónimo de verdulería y frutería que en noviembre del año pasado decidió incursionar en la horticultura orgánica.

Desconocían cómo aplicar este modo de producción, navegaron por Internet y dieron con la empresa certificadora Argenser y más tarde con la ingeniera agrónoma Marcela Ablin, especialista en producción orgánica.

Así fue la génesis de esta metodología, que tuvo sus primeros exhibiciones en el mercado hace 30 días, cuando iniciaron la venta de hortalizas orgánicas en transición.

También tienen harina, azúcar, miel, mermeladas, arroz, papilla para bebé, jugos, vinos, yerba, polenta, aceite de oliva y aceite de girasol.

En este contexto, Marcos y Marcela, quien los asesora, dialogaron con EL DIARIO.

Ablin precisó que en el país hay cuatro o cinco empresas certificadoras y que cuando un productor quiere empezar a producir bajo este modo tiene que contactarse necesariamente con una de ellas, porque así lo establece la ley.

“Argentina es un gran productor de productos orgánicos que se exportan al mundo pero son muy pocas las empresas que producen para vender en el mercado interno. Esta es una de ellas”, resaltó la especialista, quien indicó que se debe cumplir la Norma Argentina Unión Europea.

El proceso contó en sus primeros pasos con la inspección que efectuó la certificadora, que recorrió el establecimiento y analizó si estaba en condiciones para producir orgánico: se miró el suelo, los vecinos, las instalaciones, la historia, si allí se usaron agroquímicos y demás. Es que según el grado de contaminación detectado en el campo se concluye si se puede producir o no.

Los De Zárate, conocidos por sus verdulerías en la ciudad, sortearon esa prueba e iniciaron la siembra en marzo. Ahora ya tienen los primeros cultivos y se encuentran en el período de transición, por lo que en este momento venden “verdura orgánica en transición”, período que se extenderá por dos años, en los que el ecosistema se va a ir adaptando a producir de esta forma diferente. Ya luego podrán vender lo que se conoce como verdura “full orgánica”.

 

La palabra de la especialista

-¿Por qué les interesó el mercado interno?

-En el caso de las hortalizas nosotros producimos las de hoja, que son perecederas y no se exportan. Hoy hay algunos problemas con las economías regionales para exportar. Lo bueno de esta empresa es que produce verdura fresca y orgánica en transición para vender a los villamarienses y en el futuro a alguna localidad de la región o a Córdoba. Y hay demanda, porque a la gente le gusta y le interesa.

-¿Cuáles son las condiciones esenciales para producir?

-Primero hay que contratar a una certificadora, que te acepten el campo para producir y ya luego todo pasa por las ganas, el esfuerzo y el trabajo.

-¿Qué sucede cuando el sistema no ha sido certificado?

-No podés vender ningún alimento que se llame orgánico, biológico y ecológico. Hay muchos productores que dicen que no usan agroquímicos y que son orgánicos, pero no es así. Vos podés no usarlos y ser un productor cuya filosofía condiga con la producción orgánica, pero en países que tienen leyes como en la Argentina tenés que respetarlas, por lo que hay que contratar una certificadora.

-¿La falta de certificación hace presumir posibles riesgos para la salud?

-Nosotros tenemos que demostrarle al consumidor que lo que estamos vendiendo tiene trazabilidad. Eso significa poder saber qué día se sembró una lechuga mantecosa, con qué semilla, cómo se cultivó, qué tratamiento se dio, cómo se combatieron las malezas, si tuviste problemas de insectos o plagas, cómo los combatiste, si usaste algún producto permitido que puedas demostrarlo y si no usaste nada que también lo puedas demostrar.

Por eso la gente valora los alimentos orgánicos. Para el productor es más trabajoso, porque tiene que llevar registros, la certificadora vendrá dos veces por año como mínimo y revisará el campo y todos los papeles. Es un sistema transparente y está la certeza de que se consume alimento que no tiene agroquímicos.

Ser orgánico no es sinónimo de no usar agroquímicos: es no solo eso sino que hay que cuidar el suelo, cuidar el agua con la que regás, cuidar a la persona que trabaja para vos y producir un alimento de calidad.

Uno comúnmente va a la verdulería o peor aún a un supermercado y compra verdura seca, vieja, deshidratada, sucia. En el concepto de esto también ofrecemos un servicio, el de que la verdura no sólo que no tenga agroquímicos y que sea sana sino dártela sin barro, limpia.

-¿Por qué fuera de este modo de producción se utilizan agroquímicos cuando se pueden no usar?

-Porque es una forma de producción. Ante un problema se implementa un agroquímico, entonces tengo una sola persona trabajando, que prepara una mochila, aplica y con eso se queda sin malezas.

La agronomía es parecida a la medicina: cuando tenés un dolor, vas al médico y te da una pastilla, se fue el dolor pero uno tiene que saber por qué apareció y tratar de trabajar sobre la causa. El ecosistema tiene que ser diverso. En los campos orgánicos vamos a tener malezas, porque el insecto vive ahí, entonces cuando se sacan las malezas los insectos se van a vivir a mi planta, a la que cultivo. Si el ecosistema es diverso el insecto va a tener distintos cultivos y no vas a tener un ataque puntual en un cultivo.

-¿Cómo sintetizaría a la producción orgánica?

-Es pensar el ecosistema como un todo, no a la lechuga como cultivo. Para eso hay que sentarse y pensar, que a veces cuesta hacer. Y también perdemos, claro. Hoy los productores agropecuarios estamos vapuleados por el clima, por los calores intensos, las lluvias excesivas, períodos de sequías… ya no sabemos lo que va a venir. Antes con el estudio uno sabía, ahora con el cambio climático es difícil pero tratamos de trabajar pensando en el bien del que consume lo que estamos produciendo. A veces tenemos alguna verdura que se mancha y la gente tiene que aprender que no todo va a ser siempre lindo, lustroso y sin ningún daño, pero está la certeza de que no se van a llevar a la boca algo que no sea natural.

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