Pintas arábicas y mar

Ubicada bien al sur de España, de cara a Marruecos, esta pequeña ciudad sorprende con su centro histórico y sus costas de arena. El legado omeya, entre el Mediterráneo y el Atlántico  

 

p16 f1Escribe: Garay Especial para EL DIARIO

Tiene el tamaño de un pueblo, la misma cantidad de habitantes que Villa Nueva y un conglomerado de variopintos atractivos que difícilmente puedan encontrarse en lugares más grandes y famosos. Suficientes virtudes las de Tarifa. Un municipio de pintas arábicas en su arquitectura y movimiento juvenil en sus doradas playas, que lo convierten en meca europea de deportes como el windsurf y el kitesurf. Ubicado al sur de España y de Andalucía, en los confines del viejo continente y de cara al Africa, queda claro que tiene con qué seducir al viajero.

En términos urbanos, el plano presenta credenciales de peso en su centro histórico. Un área pequeña, pero contundente en bondades, repleta de obras dejadas por musulmanes y cristianos y rodeada de murallas medievales muy propias de estas latitudes. Hay plazas bonitas para sentarse a disfrutar del cuadro (la Santa María, la de la Merced, la de la Fuente y la Plazuela del Viento, por caso), calles cerradas adornadas de naranjos, barcitos donde aprovechar noches agitadas y tardes de sangría, cañas y tapas y (como ya se dijo), obras de fuste que enamoran a los ojos.

Al respecto, vale señalar joyas como la Puerta de Jerez (siglo XIII, lleva la firma de la dinastía Benimerí), el actual Mercado de Abastos (antiguo convento), el Ayuntamiento y varias iglesias entre las que destacan la de San Mateo (siglo XVI, muy gótica ella), la de Santa María (ayer mezquita) y la de San Francisco (de perfil barroco).  

Continuando con el inventario, especial énfasis merece el Castillo de Guzmán el Bueno. Una impresionante fortaleza medieval que cuenta más de 1.000 años de vida. Fundada por los califas omeyas sobre ruinas romanas, sobresalen en ella sus muros proverbiales y su Torre Albarrana. El otro castillo emblemático de la localidad es el de Santa Catalina, enclavado en una de las colinas que envuelven a la ciudad.

El visitante seguirá aspirando historia en su paseo por la costa. En el sector encontrará miradores desde donde tanto cristianos como musulmanes vigilaban las aguas a la espera del enemigo. Aquí y ahora, lo que hay para contemplar es el Mar Mediterráneo de un lado y el océano Atlántico del otro. El sólo dato ya habla de la ubicación crucial de Tarifa. Realidad que se ve potenciada por la vecindad de Marruecos, distante a sólo 14 kilómetros con rumbo sur (en días claros, se alcanza incluso a divisar la Sierra del Rif marroquí).

Para enfatizar aquello, surge la Isla de Las Palomas (que en rigor es la que separa el Mediterráneo del Atlántico) y sobre todo el Puerto local, desde donde salen ferrys de pasajeros hacia Tanger (Marruecos) varias veces al día.

 

Las olas y el viento

En el final, queda lo que muchos turistas de Europa colocan al principio de su lista de razones para visitar este punto perdido de la Provincia de Cádiz: las playas (¡hay decenas!). En concreto, Tarifa y su área de influencia abarcan casi 40 kilómetros de costas de arena, ubicadas dentro del Parque Natural del Estrecho y bendecidas por sus tenues cerros.

Allí, forasteros en plan muy pero muy relajado (no son pocos los que duermen a la luz de las estrellas), gozan de fuertes olas y del indomable viento del levante (que para quienes busquen reposo al sol puede ser bastante molesto). Ese que les permite practicar el windsurf y el kitesurf, navegando aguas legendarias de espaldas a una ciudad sorprendente.

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