Por amor a la camiseta

Grito de campeón. Ballesteros festejó como nunca la obtención del torneo de la mano del “Chano”

Un repaso por la vida e historia de un club que se emociona con el paso de los años. El último campeonato y las sensaciones de gloria de un pueblo…

Por amor a la camiseta. Wilson Acuña y Sandro Cepeda, junto a los campeones de 1993 y el tesorero Aghemo. Talleres de Ballesteros se emociona con los recuerdos
Por amor a la camiseta. Wilson Acuña y Sandro Cepeda, junto a los campeones de 1993 y el tesorero Aghemo. Talleres de Ballesteros se emociona con los recuerdos

Escribe Iván Wiliekoseliek 

Tres generaciones, tres equipos y cuatro torneos de Liga Bellvillense en una sola foto: José Carlos “Coquito” Martínez y Miguel Angel “Raspia” Casabona, de 1993; Sandro “Chano” Cepeda, de 2010 y entrenador en 2015, y Wilson Acuña, figura rutilante del Apertura y Clausura 2015. “Todas las veces que dimos la vuelta fue con jugadores del pueblo y con muy bajo presupuesto”, dijo el dirigente Marcos Aghemo.

No ha sido ni por asomo el equipo más ganador de la historia de la Liga. Y hasta incluso cuando tuvo grandísimos jugadores se ha debido “conformar” con honrosos segundos puestos (como aquel de 1981 que todavía se recuerda) y ver cómo “las potencias de siempre” daban la vuelta: Bell, Sarmiento de Leones, San Martín de Marcos Juárez, Complejo de Justiniano Pose… No.

Grito de campeón. Ballesteros festejó como nunca la obtención del torneo de la mano del “Chano”
Grito de campeón. Ballesteros festejó como nunca la obtención del torneo de la mano del “Chano”

Nunca ha sido un equipo “ganador” Talleres de Ballesteros. Y acaso se deba, entre otras falencias, a que nunca llegó a dar el zarpazo económico para profesionalizar el fútbol. Pero hay un rubro en el cual este club es campeón por goleada y es en el compromiso (iba a escribir “el orgullo”) histórico de sus muchachos por vestir su casaca.

Aunque tengan que seguir “poniendo el lomo” en trabajos pesados de lunes a viernes, aunque les pese en las piernas el tambo y los cortaderos de ladrillo, la fábrica de cadenas y la albañilería. Aunque el dinero de la recaudación apenas les pague los viáticos y tengan que resignar plata para no irse afuera.

Y entonces cuando esto pasa, cuando los “cracks” se quedan y se corre la bola de que “este año Talleres hace fútbol y se está armando lindo”, entonces los muchachos de “la Te” se juran defender la “albiazul” hasta morir y la gente acompaña de manera incondicional (“Pocos equipos de la zona te llevan mil personas a otro pueblo”, dice con razón Aghemo).

Y cuando esas campañas se ven coronadas por la obtención de un campeonato, entonces esos jugadores entran en la historia grande de Ballesteros. Como Rubén Juárez y el “Gordo” Cabalén, como Mario Nicosía o el “Pepe” Cacciavillani. O mejor, como el busto de San Martín, que, tallado en mármol, pareciera sonreírles a los chicos que pasan por la avenida cantando “dale, campeón/dale, campeón”.

 

Epica del bajo presupuesto

Estamos en el salón del club junto al tesorero, Marcos Aghemo, y dos figuras excluyentes del último campeón: su número 10, Wilson Acuña (elegido por unanimidad el mejor jugador del torneo, algo así como el “Balón de Oro” que entrega el Facebook de la liga), y el director técnico, Sandro “Chano” Cepeda.

Aún no han llegado los “próceres” del 93, pero (al decir del “Chano”) “estos viejos siempre llegan tarde”, y ante las risas de la comitiva, Marcos empieza hablando de su especialidad: las finanzas. “Para que te des una idea, a Talleres le cuesta cinco mil pesos salir a la cancha cada domingo. Con esa plata, los clubes de Leones o Monte Buey apenas si pagan a tres jugadores”. (“¡A dos!”, le corrige Wilson).

-Talleres tiene uno de los presupuestos más bajos de la liga. ¿Cuál fue el secreto del bicampeonato?

-Aghemo: No hay ningún secreto. Pasó en el 93 con el equipo del “Coquito” y el “Raspia”, pasó en 2010, cuando jugaba el “Chano”, y pasó ahora en 2015. En los últimos cuatro campeonatos que ganamos todos los jugadores eran del pueblo. No había gente de afuera. Y si esos jugadores se quedaron fue por amor a la camiseta, no porque no tuvieran oferta de otros clubes. Incluso, hay casos como el de Wilson, que por más que el pase sea de Unión de Morrison, eligió quedarse en Ballesteros. Este año, por suerte, hemos podido mejorar un poco la paga. Y aunque sabemos que todavía falta, es un orgullo decir que con un equipo semiprofesional hemos podido ganarles a las potencias de la categoría.

-¿Cuáles son los objetivos para 2016?

-Aghemo: Antes que nada, mantener el equipo. Hay tres jugadores cuyo pase pertenece a otros clubes, así que ya estamos charlando. El otro objetivo es mejorar los sueldos. Hay mucha diferencia entre la A y la B. Son dos torneos diferentes en lo futbolístico, pero también en lo económico. Ojalá podamos estar a la altura.

 

Del equipo del Bicentenario al bicampeón de 2015

Sandro Cepeda es el único jugador de “la T” (junto al exarquero Flavio Balsells) en haber logrado un campeonato como técnico y jugador. De una habilidad digna de los “tocados por la varita mágica”, Cepeda debutó en Talleres en 1991, pero al año siguiente pasó a las filas de Alumni. En la Placita Ocampo desparramaría goles, rivales y talento. También triunfaría en Unión de Ballesteros Sud y en Matienzo de Monte Buey, donde jugó 10 años y es ídolo. Volvería a Ballesteros de manera fugaz en 2006 para acompañar el último campeonato del “Perro” Arbarello y luego en 2010 para salir campeón de la “B” en la LVBF y lograr el primer ascenso, justo el año del Bicentenario.

-¿Pensaron en 2010 que iban a salir campeones?

-Cepeda: ¡Para nada! El equipo se fue armando en la rueda definitoria. Imaginate que salimos octavos y fuimos el peor clasificado a cuartos de final. Así que nos tocó Progreso de Noetinger, que había salido primero de punta a punta. A nosotros nos querían comer crudos. De hecho, nos habían metido seis en la fase regular y eligieron jugarnos el primer partido allá. Los escuché decir que nos querían hacer seis goles de nuevo para liquidar la serie y cuidar jugadores. Pero apenas nos ganaron uno a cero. Lo que pasó en el partido de vuelta, ni queriendo hacer una película te sale.

-Luz, cámara, acción: “Chano”, director de cine, cuenta su película de fútbol…

-Cepeda: Fue así. A los 10 minutos ganábamos dos a cero, al final del primer tiempo nos descuentan y a los 39’ del segundo tiempo nos empatan. Teníamos que ganar por dos goles porque ellos tenían ventaja deportiva. A los 43 minutos, Joaquín (Rivero) metió un puntazo de afuera del área y nos pusimos tres a dos. Dan tres minutos de descuento y en el último minuto, penal para nosotros. ¡No sabés el quilombo que se armó! Casi suspenden el partido.

-¿Por qué?

-Cepeda: Porque un jugador de ellos se tiró como si lo hubieran noqueado y no le habían hecho nada. Al final, el “Cabezón” Verón metió el penal y terminó el partido. Lo festejamos como si hubiéramos salido campeones. Te juro que la semi contra San Martín de Marcos Juárez y la final contra Complejo fueron dos trámites: porque, en realidad, la verdadera final había sido contra Noetinger. A partir de ese cruce, apareció el equipo.

 

Cinco años después, el “Chano” estaba (por segunda vez ya) en Talleres; esta vez como DT para festejar por duplicado. La figura excluyente del Apertura y el Clausura fue Wilson Acuña, acaso uno de los jugadores más talentosos de la historia de Ballesteros. Pero repasemos algunos detalles de su biografía.

Con 30 años recién cumplidos, Wilson sólo había jugado en su pueblo en épocas de Cebollita. Pero a los 15 agarró el bolso y se fue a probar a Boca. El club de la Ribera le dio el “OK” y, al decir de Wilson, “un representante me hizo una cuña con un dirigente de Morrison, firmé un precontrato y quedé enganchado. Yo que siempre quise ser dueño de mi pase, empecé a depender de Morrison. Me harté de pelear. Pero como el año pasado me casé y tuve un hijo, me dije ‘juego en Ballesteros o no juego en ningún lado’. Me cansé de viajar (Wilson jugó en Alumni y en Rivadavia de Arroyo Cabral). Por suerte, en Morrison me dejaron tranquilo”.

-Contáme cómo viviste el Apertura y el Clausura…

-Acuña: Fueron dos campeonatos tranquilos donde se jugó bien. Pasamos a Defensores de San Antonio de Litín en cuartos y a Unión de Ordóñez en semis. Pero en la final volvimos a sufrir. Otra vez Complejo. Perdimos tres a uno de locales y en el partido de vuelta, en Pose, ellos habían preparado los festejos. Pero les ganamos dos a cero jugando el mejor partido del campeonato. Definimos en cancha de Bell, donde empatamos uno a uno, pero lo ganamos por penales.

-Cepeda: Cómo será que estábamos nerviosos que habíamos salido campeones y no nos habíamos dado cuenta. Facundo fue a patear el penal, pero ya se había terminado todo.

-Acuña: Yo estaba esperando que Facundo pateara y en eso se me acerca un dirigente. Me dice: “¡Che, salieron campeones!”. Y yo: “¡Qué vamos a salir campeones si todavía falta un penal!”. Y él: “¡Te digo que salieron campeones, bol…, andá a festejar!”. Cuando vi que los de Complejo se iban, recién ahí caí en la cuenta.

 

Utimo título “oficial” de la selección y el primero de la “T”

Por esos días, mientras Batistuta clavaba los dos golazos contra México para ganar la Copa América en Ecuador (el último título oficial de la selección) Talleres conseguía estampar en bronce la otra cara de la moneda: su primer campeonato reconocido por la LBVF. Porque si bien en Ballesteros todos dicen “fuimos campeones en el 55”, hay una polémica legal. Y nadie mejor que Marcos para explicarla.

“Ese campeonato del 55 no está oficializado. Hubo dos torneos, de los cuales Talleres ganó uno. Pero la LBVF le dio el título al ganador del otro. Así que, en cierta forma, era como si Talleres nunca hubiera salido campeón. En la final del 93 yo tenía 15 años y te puedo decir que esa noche el pueblo fue una locura. La fiesta duró hasta la madrugada”.

Es en ese preciso instante en que el “Bati” y el “Cani” de aquel Talleres llegan a la entrevista: “Coquito” Martínez, autor del gol en la finalísima, sería “Bati”. Y “Raspia” Casabona sería “Cani”, más por los “claritos” que por las características de juego.

“No sé a qué vine -dice Casabona-, si todos los que están acá saben jugar al fútbol. En cambio yo me paraba de cinco y le talaba los tobillos al que pasaba”.

-¿Ganaron el campeonato que debió haber ganado el equipo del 81?

-Casabona: Capaz que sí. Yo a ese equipo del 81 no lo vi porque estaba haciendo la colimba en el sur. Recién a los dos meses me enteré de que estaba en Chubut. ¡Estaba perdido y con un friazón! Pero en el 93 quedaron dos jugadores de ese equipo que decís vos, Germán Barrionuevo y Quico González, que eran referentes junto al “Bicha” González. Y también tres jugadorazos: el “Cabezón” Flores, el “Pato” Albiero y el amigo “Coco”.

Cuando volví del sur empecé a jugar en la segunda. Y mirá los cuerpos que había: Lolito Ingrasia, Oder Actis y hasta el señor intendente que jugaba de dos y era un colador… Menos mal que después se dedicó a la política (risas).

-¿Cómo recuerdan ese campeonato?

-Martínez: Fue igual que en 2010, entramos por la ventana por ser el peor clasificado, pero por suerte llegamos a la final contra Complejo de Pose, para variar.

-Casabona: Acá empatamos dos a dos y yo pensé “estamos en el horno”. Fuimos allá medio regalados porque ellos tenían todos changos que corrían como si les estuviera incendiando la casa. Por suerte el “Coquito” metió un golazo y lo ganamos uno a cero.

-¿Cómo fue aquel gol?

-Coquito: Fue un centro de Germán que peinó el Quico y me quedó frente al arco. Tuve tiempo de elegir el lugar y todo.

-¿Y qué hicieron después del gol?

-Casabona: ¡Nos metimos atrás como unos hijos de p…! ¡Teníamos más miedo que en el control policial! Me acuerdo de que el “Tochito” sacó un gol hecho de la línea y que nos tenían contra los palos. ¡Estos gringos no se cansaban nunca! Cuando terminó el partido, el “Coquito” se quiso hacer el Batistuta y tiró un botín a la tribuna. Al rato lo andaba buscando como si hubiera perdido la billetera. ¡Si era el único par que tenía el bol…!

-La última pregunta es para todos: ¿cuál es el secreto de la garra ballesterense?

-Cepeda: Que nuestro pueblo es muy futbolero y cada partido se vive de manera muy especial. Acá hay cinco canchas y si vos querés jugar ahora, no hay ninguna libre. Acá juega todo el mundo, de los 5 a los 60 años. Incluso está el ejemplo del “Cachito” Oviedo, que atajó hasta los 80. Y en el baby ni hablar… El “Ruly” (Enrique Martínez) está haciendo un laburo bárbaro, así que hay semillero para rato.

-Aghemo: Creo que ningún pueblo lleva la cantidad de gente que lleva Talleres. En la final en Bell Ville cortamos mil entradas visitantes. ¡Capaz que Morrison y San Marcos lleven mil personas!

-Martínez: Acá siempre se jugó por la camiseta y nunca se ganó plata. Si bien a veces querés irte afuera para sacar un mango extra, apenas podés te volvés acá, a jugar para el club y por el club…

-Casabona: Yo soy albañil y tengo dos empleados que están jugando. Nunca me faltaron a laburar y tampoco a los entrenamientos. Ojalá les podamos transmitir esto a los más chicos.

-Acuña: Me acuerdo de un partido en Leones. Era a las 9 de la noche y un compañero que trabaja en la fábrica de queso de Heroles salía a las 7. Así que agarró el auto y llegó justo. Entró al vestuario con el pantalón blanco, se puso la camiseta y salió a la cancha.

 

Cuando llega el momento de la foto, le digo a Wilson que agarre la “10” y al “Chano” la otra casaca. Entonces el “Raspia” le dice al tesorero “y a la pelota agarrála vos, Buyín, a ver si de una vez te familiarizás con el esférico”. Click.

Gracias, muchachos, por tanta garra amateur en épocas donde todo se compra y se vende menos el orgullo de ser de un pueblo.

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