Por una pedagogía con alegría

“Me aflige el docente que sólo se capacita cuando es obligatorio”, expresó González en un pasaje de su disertación de ayer

La prestigiosa licenciada en Psicopedagogía instó a los educadores a utilizar el humor y la risa en el aula, como forma de incentivar a los chicos

“Me aflige el docente que sólo se capacita cuando es obligatorio”, expresó González en un pasaje de su disertación de ayer

Liliana González arribó ayer a la ciudad en el marco de los festejos por el «mes de la dignidad docente», que finaliza hoy. La charla-debate se llevó a cabo en un concurrido auditorio del Rectorado de la Universidad Nacional de Villa María.

Durante su exposición, bajo el lema «Bienestar docente… una búsqueda, un desafío», la especialista explicó cuáles son los principales motivos que llevan a los docentes a sentir malestar en el aula. A su criterio, el primer motivo es la sensación de que la escuela ha perdido sentido para los chicos, no se ven ganas de aprender.

La psicopedagoga consideró preocupante ver cómo llegan chicos a las aulas, sin interés ni motivación.

González instó a los presentes, en su mayoría maestros y profesionales de la educación, a «fomentar la lectura, a escuchar buena música, a mirar buen cine». Además invitó a «jugar con las palabras, con el pensamiento y principalmente fomentar la creatividad».

Desde su experiencia docente, contó ejemplos de cómo intenta multiplicar el abanico de temas, cómo los da y las maneras de evaluar.

Si bien dijo no tener recetas mágicas, destacó que lo más importante hoy es «sacar a los chicos de las aulas y llevarlos al mundo». «Hay que volver a educar con el ejemplo», pidió a los presentes.

Uno de los puntos donde más hizo hincapié fue en la responsabilidad del docente de «generar esperanzas, entusiasmar», porque para ella «la gente que pierde la esperanza, pierde el futuro». Motivó a los docentes a «llenar el aula de buenas noticias, mostrar vidas, invitar a gente que pueda contar historias personales, invitar a los chicos a ver otra realidad».

Además, para González el humor en el aula es fundamental, la risa debe entrar al aula, la risa que hace pensar, «cuando la gente se ríe se relaja y al relajarse comienzan a pensar» remarcó.

 

Sin temor a la tecnología

En diálogo con EL DIARIO aseguró que «para los alumnos la escuela dejó de tener sentido, hoy el conocimiento está en Wikipedia, en Google, por eso el docente se tiene que parar desde otro lugar». Además agregó que «si el docente le teme a las nuevas tecnologías estamos mal, tenemos que aventurarnos en las nuevas tecnologías para no quedar a tanta distancia de los chicos» y que es importante como adultos «preguntarnos qué le queremos transmitir a las nuevas generaciones».

Con respecto a la incidencia de las nuevas tecnologías en el aprendizaje de los chicos contesto «el abuso, la adicción a la tecnología, está haciendo estragos. Está generando chicos que no quieren leer, que no quieren escribir, hacer un relato, se aburren, quieren siempre estímulos distintos, se acostumbraron al zapping. Esto genera desde trastornos físicos, obesidad por el sedentarismo, y desde mi área lo que más se ve es la caída de la autoría, les cuesta horrores crear a partir de una hoja en blanco. Se acostumbraron a tocar un botón y tener todo hecho por otro».

Al ser consultada por este medio sobre los crecientes casos de bullying en los colegios, la profesional asegura que «el bullying nace de la no socialización y el no uso de la palabra para transitar las diferencias». Según su experiencia, los chicos están cada vez más aislados, inmersos en la tecnología y han perdido la palabra y la mirada, hoy no saben crear una amistad. «Creo que al bullying lo podríamos parar si los chicos tuvieran más confianza en los adultos y pudieran avisarnos cuando la están pasando mal», agregó.

Liliana González es profesora de Psicopedagogía, egresada del Instituto Superior de Psicopedagogía y Educación Especial «Dr. Domingo Cabred» de Córdoba, y licenciada en Psicopedagogía, egresada de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Es especialista en clínica de niños y adolescentes y orientación familiar y es autora de ocho libros.

 

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