Será justicia, para que Nunca Más

Ester Felipe y Luis Mónaco, al centro, en carteles colgados ante lo que fue la D2

Escribe: Bettina Marengo
Especial para EL DIARIO

Eduardo Requena
Eduardo Requena

El horror no se borrará jamás de la historia de Córdoba, pero sus víctimas al fin tendrán algo de justicia, y sus familiares un retazo de paz. Hoy, desde las 11 horas, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Córdoba emitirá la sentencia de la megacausa La Perla. Cierre para un juicio que ventiló lo sucedido en el principal campo de torturas y muerte del interior del país, y que puso a los cordobeses frente a un espejo y les mostró las aberraciones cometidas por el terrorismo de Estado versión Menéndez. Ahí nomás, sobre la ruta 20, a escasos 30 kilómetros de las pérgolas de la Peatonal de la capital provincial, a unos 170 kilómetros de la plaza Centenario de Villa María.

Ester Felipe y Luis Mónaco, al centro, en carteles colgados ante lo que fue la D2
Ester Felipe y Luis Mónaco, al centro, en carteles colgados ante lo que fue la D2

El expediente da cuenta de 700 víctimas, de las cuales 311 aún están desaparecidas. Son presos políticos, dirigentes gremiales y sociales, militantes de organizaciones armadas, estudiantes, trabajadores, hombres, mujeres, adolescentes y casi niños que entre 1975 (antes del golpe de estado del 24 de marzo de 1976) y 1982 pasaron por La Perla, Campo de la Ribera (un centro de detención ilegal y torturas ubicado en el sudeste de la ciudad) y la D2 de la Policía, que operaba frente a la Catedral. Son apenas una parte de los asesinados por Luciano Benjamín Menéndez y sus esbirros, porque se calcula que durante la dictadura pasaron por La Perla unas 2.500 personas.

“Cachorro” espera el fallo junto a otros 42 militares, policías y personal civil de Inteligencia. Todos acusados de secuestros, torturas, asesinatos, violaciones y desaparición de personas. Once imputados murieron durante el transcurso del juicio, que comenzó en diciembre de 2012 y demandó más de mil horas de audiencias. Es el juicio oral y público más extenso de la historia de Córdoba, y es también al que más costó llegar, porque la Justicia Federal de Córdoba es y fue conservadora y procesista, y la que más demoró en el país en sentar a los represores en el banquillo de los acusados.

María del Carmen Sosa
María del Carmen Sosa

Unos 600 testigos, muchos de ellos sobrevivientes de los campos de concentración, dieron cuenta del horror aplicado sistemáticamente en los dominios del Tercer Cuerpo de Ejército, la llamada Area 311 a la que pertenecía La Perla.

Según se anunció, el gobernador Juan Schiaretti asistirá a la audiencia de hoy. También estará la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, su homóloga de Córdoba, Sonia Torres, y dirigentes políticos, sociales y gremiales de toda laya. Afuera de los Tribunales, se espera que una multitud en vigilia aguarde el veredicto, convocada por los distintos organismos de derechos humanos.

 

La verdad

Quien quiera oír que oiga, pero ahora nadie puede desconocer que en Córdoba, entre 1975 y 1982, militares, policías y civiles con nombre y apellido, en nombre y pagados por el Estado, quemaron gente con picana y la dejaron morir a los gritos, aplicaron formas de asfixias, arrancaron uñas, violaron mujeres, reventaron cuerpos a golpes, retuvieron a miles sin más ley que la propia, los acribillaron a balazos en noches donde hasta los demonios sintieron miedo, los enterraron en pozos ocultos y quemaron sus restos para hacerlos desaparecer para siempre.

Quien quiera oír que oiga, pero después del juicio por La Perla, nadie puede desconocer que en esta provincia, la represión ilegal también robó bebés de madres secuestradas. De hecho, en esta causa se juzga en Córdoba por primera vez la apropiación de un recién nacido, el nieto de Sonia Torres, titular de Abuelas de Plaza de Mayo filial Córdoba, hijo de su hija Silvina Parodi, desaparecida.

La megacausa incluye también un capítulo relacionado con los delitos económicos de la dictadura. Se trata del expediente Mackentor, donde se investiga el vaciamiento y apropiación de esta empresa constructora de capitales nacionales con sede en Córdoba, por parte de Menéndez y sus “muchachos”. Por ideología, por intereses, por odio y por dinero.

 

Hijos de Villa María

Villa María tiene su propio duelo a resolver con la sentencia de la megacausa La Perla. Eduardo “el Gallego” Requena, docente y educador, nacido y criado en esta ciudad, es una de las víctimas de la causa. Ester Felipe, hermana de la cantante Liliana Felipe, es otro de los retoños de estas tierras que se tragó la dictadura.

Ester y su marido, el periodista Luis Mónaco, hijo del pintor Enrique Mónaco, fueron secuestrados la misma noche, por separado, en Villa María. Fue el 9 de enero de 1978 y, según testigos, los mataron en La Perla una semana después. Cuando se la llevaron, Ester estaba durmiendo junto a Paula, su hijita de 25 días. Nunca más se supo del matrimonio.

El “Gallego” Requena era profesor de Historia y Geografía. En el 76 trabajaba en la emblemática escuela Bernardino Rivadavia, donde había cursado su secundario. Militaba en el gremio docente. Orador brillante, futbolista vocacional en River Plate de barrio Almirante Brown, docente de alma, sus alumnos lo amaban. Lo secuestraron el 26 de julio de 1976. Un grupo comando lo sacó de un bar de la avenida Colón de la ciudad de Córdoba. Estuvo en La Perla. De allí, a la muerte.

El otro caso cercano es el de María del Carmen Sosa, nacida el 20 de abril de 1943 en Villa María. Casada y madre de un hijo, era maestra coordinadora de la Dirección Nacional de Educación del Adulto y sindicalista en la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba. Además estudiaba psicología en la Universidad Nacional de Córdoba. Fue secuestrada la tarde del 9 de enero de 1976 en la vía pública. Permaneció cautiva en el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio Campo de La Ribera. Aún continúa desaparecida.

Cosas del destino, los dos fiscales generales que tuvo la causa son oriundos de Villa María. Carlos Gonella, el primer acusador del TOF1 que tuvo que dejar el lugar al ser designado en la Procelac, y Facundo Trotta, quien continuó en el proceso y pidió penas durísimas de prisión perpetua efectiva e inhabilitación de por vida para la mayoría de los imputados.

Cuarenta años después

Si el Tribunal que integran los jueces Jaime Díaz Gavier (presidente), Julián Falcucci, Camilo Quiroga Uriburu y Carlos Ochoa hace lugar al pedido de Trotta y de la querella, integrada entre otros por los abogados Claudio Orosz, Miguel Ceballos, María Teresa Sánchez, Horacio Viqueira, y Juan Carlos Vega, Menéndez recibirá su quinta condena a prisión perpetua del fuero federal de Córdoba y la undécima en todo el país. Otros personajes, no menos tenebrosos, como el exmayor Ernesto “el Nabo” Barreiro, uno de los jefes de la “patota” de La Perla, y líder del levantamiento carapintada contra el expresidente Raúl Alfonsín, podrían ser condenados por primera vez en sede judicial. Para él, también hay pedido de perpetua. Pero la mayoría de los imputados son multicondenados por tribunales ordinarios, y con todas las garantías que ellos negaron a sus víctimas. En cualquier caso, cuarenta años después, la sociedad los juzga y hoy se sabrá el veredicto. Cuarenta años, lo saben los sobrevivientes y los seres queridos de los desaparecidos, es mucho tiempo para esperar pero nada para la memoria y el olvido.

Esas noches donde los dioses abandonaron a los cordobeses

Un quiebre

Un filósofo alemán, Theodor Adorno, dijo que era imposible escribir poesía, o lo que fuera, después de Auschwitz, el mayor campo de exterminio del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Algunas interpretaciones sostienen que lo que afirmaba el pensador es que no hay forma de escribir, literalmente hablando, sobre el horror de ese campo ubicado en Polonia. Para Adorno, Auschwitz significó un quiebre en la historia de la civilización occidental, por la magnitud de la barbarie. Córdoba, y este juicio lo recuerda, tiene su Auschwitz. Tal vez no sea imposible escribir, poesía o lo que sea, después de La Perla. Pero no habrá palabra que no pronuncie el horror, la soledad de las víctimas y el terror de esas noches donde los dioses abandonaron a los cordobeses. B. M.

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