El trigo concentra todas las miradas

Daniel Miralles, docente de la UBA
Daniel Miralles, docente de la UBA
Daniel Miralles, docente de la UBA

“El trigo es un cultivo clave para el suelo, ya que mejora sus propiedades químicas y físicas, además de controlar las malezas. Durante más de 10 años, los márgenes negativos hicieron que el trigo desapareciera de las rotaciones, siendo remplazado parcialmente en ciertas zonas por la cebada. Esto trajo consecuencias negativas, como el aumento del nivel de las napas freáticas, la degradación de los suelos y la aparición de malezas en los cultivos de verano. En 2016 esta situación nefasta para los sistemas de producción se comenzaría a revertir gracias a mejores márgenes para el productor y a políticas proactivas por parte del Estado Nacional para promover la exportación de trigo. Por lo tanto, se espera un aumento en la superficie de este cultivo y un excedente de exportación hacia mercados tradicionales como Brasil (que se había perdido) y hacia nuevos mercados”, indico Daniel Miralles, profesor de la cátedra de Cerealicultura de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), en una entrevista realizada por el sitio de divulgación de esa casa de altos estudios (Sobre la Tierra).

“En una gran proporción del área triguera vamos a partir de una cosecha fina sembrada en suelos con una excelente disponibilidad de agua debido al año Niño que venimos teniendo, lo que asegura una gran parte del rendimiento del cultivo. En aquellos lugares donde la napa pueda resultar una ventaja, como en el oeste de la provincia de Buenos Aires, donde los suelos son más sueltos, el cultivo puede independizarse de las precipitaciones durante su ciclo”, sostuvo el investigador.

“En estos días, muchos productores y técnicos se llegaron hasta la cátedra de Cerealicultura de la FAUBA a consultar y actualizarse respecto del cultivo de trigo. Con tantos años de no realizarlo, se habían olvidado”, agregó.

“En campañas pasadas también se dilató la cosecha de la soja o no se pudo contar con piso más o menos firme para sembrar la fina; esto podría suceder este año si los excesos hídricos en los suelos se prolongan hacia el invierno. Cuando se dan estas situaciones, en algunas zonas con dificultades por el exceso hídrico, los cultivares de ciclo largo (que son los primeros en sembrarse) deberán ser cambiados por cultivares de ciclo intermedio o corto”, afirmó Miralles.

Para el investigador, si bien esta situación no es novedosa, es necesario que los productores y los técnicos estén alertas para ajustar el manejo en el momento oportuno: “La clave es estar atentos y tomar las precauciones del caso. Si los cultivares de ciclo largo se siembran tardíamente respecto de su fecha óptima, pierden potencial de rendimiento. Además, muchos podrían no llegar a cumplir con la cantidad de horas de exposición a bajas temperaturas (o “vernalización”), necesarias para florecer. De cualquier manera, desde el punto de vista climático, el futuro es más alentador, ya que para el invierno y la primavera el pronóstico prevé un año neutro (eventualmente, Niña), lo que reducirá el riesgo de excesos hídricos durante los períodos previos a la floración, que son los más dañinos para los cereales invernales”, concluyó.

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