A seis meses de haberlos entregado, cómo es vivir en un hogar sustentable

Mariela, junto a sus hijos, en el ingreso al complejo de viviendas. Está ubicado en calle Iberá, entre Aconcagua y Paraguay, justo al frente de donde se construyen otras seis bajo la misma modalidad

El termotanque solar, la estufa rusa y la recolección de agua de lluvia permiten un ahorro significativo en las boletas de luz, gas y agua, respectivamente. La construcción pasó la “prueba” del invierno y a poco de empezar el verano aseguran que se muestra “fresca” ante los primeros calores

Mariela, junto a sus hijos, en el ingreso al complejo de viviendas. Está ubicado en calle Iberá, entre Aconcagua y Paraguay, justo al frente de donde se construyen otras seis bajo la misma modalidad

Son cerca de las 12 y a pesar de que está bastante nublado, Mariela no necesitó prender ningunas de las lámparas de la casa hasta el momento. “Ayer recién las prendí a las 20”, nos comenta.

Mariela es madre de cuatro hijos y habita junto a ellos desde hace seis meses una de las viviendas sustentables de calle Iberá, entre Aconcagua y Paraguay, en barrio Los Olmos. Es un complejo de tres casas a las que se accede por un pasillo, dos de ellas fueron construidas bajo la modalidad ecológica y la tercera la montó la propia familia sobre el terreno cedido por el municipio.

Mariela ya pasó un invierno en el hogar y la estufa rusa que usan para calefaccionar “estuvo siempre prendida” a lo largo de esa estación. “La leña esta un poco cara, pero cuando podía salía a buscar algunos troncos por el barrio”, narró la mujer a EL DIARIO.

Antes vivía en La Calera y estuvo siete años en la lista de espera municipal para obtener una vivienda social, luego del fallecimiento de su madre, con quien vivía en su casa.

“Cuando falleció, empecé a alquilar en otro lado y me empecé a preocupar cada vez más, a moverme más. Llegué a ir hasta tres veces por semana”, señaló. En esas idas y vueltas al Instituto de Vivienda conoció a una mujer que más tarde se convertiría en su vecina: “Nos llevamos bárbaro”, aseguró Mariela.

El pasillo es el único espacio común que tienen, cuyas paredes en poco tiempo alojarán las enredaderas que ya trepan desde abajo.

Con amplios ventanales en la parte superior del techo, la construcción apunta a aprovechar de la mejor manera la energía del sol, ya sea para el calefón solar que les provee agua caliente o bien para iluminar el hogar de forma natural.

En el patio de luz tienen cajones amarrados a la pared donde cultivan verduras y especias, como lechuga morada y perejil, por mencionar algunos.

La política energética del hogar representa un ahorro significativo para las familias. “La última vez pagué un poco más de 200 pesos de luz porque usamos bastante la resistencia”, contó Mariela.

El aparato al que hace referencia es el que le permite calentar el agua los días de poco sol, sobre todo en invierno, ya que el calefón funciona con energía solar.

Respecto al agua, el complejo cuenta con dos tanques de depósito de agua de lluvia que es utilizada para riego y para la descarga del baño.

Frente al complejo de calle Iberá se construyen otras seis casas bajo esta modalidad, aunque las nuevas tendrán la novedad de tener paredes térmicas que optimizarán aún mas el rendimiento de las energías.

 

El pasillo es el único espacio común que tienen las familias

Se viene el verano

Mariela y sus cuatro hijos están a punto de enfrentar el primer verano en las viviendas sustentables, aunque ya tuvieron un adelanto de esa estación con los primeros calores fuertes de noviembre.

“Está haciendo mucho calor, pero es cuestión de cerrar las cortinas temprano. La casa es fresca si sabés ventilarla como nos indicaron, para que haya corriente de aire”, explicó la mujer.

Tiene dos dormitorios bastante amplios, una cocina compacta pegada a un lavadero, un living-comedor espacioso y un patio de luz. Entre las dos casas hay un pequeño patio donde están los tanques de agua casi a la altura del piso y sobra espacio como para una pileta estilo Pelopincho.

“Ahí pensamos hacer una división porque entre las dos familias son muchos niños y pensamos que es lo mejor”, indicó Mariela a nuestro medio.

La cuota que deben abonar por mes al Estado es de $650, muy por debajo del valor de cualquier alquiler en la ciudad. A esto se le suma el hecho del ahorro de energía eléctrica, agua y gas, y la posibilidad de obtener algunos alimentos -aunque sean pocos- de su propia huerta.

 

Print Friendly, PDF & Email