Catalina, con la alegría de vivir

Cata tiene un carrito que le permite andar, a pesar de sus problemas
Cata tiene un carrito que le permite andar, a pesar de sus problemas
Cata tiene un carrito que le permite andar, a pesar de sus problemas

Hace casi un año, un llamado desesperado por Facebook, pidiendo ayuda para una perra chocada que se arrastraba, estaba en el barrio Los Olmos. Era sábado al mediodía y no pude hacer oídos sordos. Me llevó mi esposo y cuando llegué al lugar, estaba ahí calladita, con una mirada fija, la levanté, la cargué en el auto y comenzamos a llamar a la veterinaria de guardia. Ella estaba tranquila y no se quejaba, sólo miraba con sus ojitos expresivos, pidiendo una caricia.

Llegamos a la veterinaria y el pronóstico no fue alentador: todo indicaba que no había vuelta atrás. Se realizaron otras consultas y otra vez la desesperación, la impotencia, la ira, el dolor… Lo que aconsejaba el veterinario era que si volvía a su lugar de origen, lo mejor era dormirla. Sentí un puñal en mi corazón. Otra vez esa mirada pidiendo “quiero vivir” y, sin saber dónde llevarla ni cómo tratarla, dije NO. Yo no tenía ningún derecho a decidir sobre ella.

La bautizamos Catalina y le dije, mirando a sus ojitos, “ahora sos mía y de todos, y vas a vivir y vas a volver a caminar”.

Comenzó una búsqueda agónica de un lugar para ella y, como siempre, Dios está con nosotras, apareció una persona que cuidaría de ella. Apenas llegué y la coloqué en el piso, su carita cambió y, a la semana, una llamada de Vero, que me decía: “Catalina camina”. ¡Sí! Nuestra Cata, la que la gente me ayudó a pagar su guardería, su balanceado. Ella caminaba con sus complicaciones, arrastrando una pata, pero ella se levantó y caminó. Y así es que hoy, en otra guardería, ella, nuestra Cata, camina, se arrastra, juega con sus hermanos de cuatro patas, hace berrinche y es feliz como tantos otros.

Ella es Cata, quien necesita de todos nosotros para que continúe en la guardería, cuidada y ¡¡¡feliz!!!

Norma

 

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