Cómo salió Medellín del infierno del narcotráfico y la violencia urbana

“En Latinoamérica las ciudades se parecen mucho, alertándonos problemáticas como la inequidad social, la falta de educación, la falta de sociedades civiles fuertes, la falta de institucionalidad, la corrupción”, dijo

Pasaron de ser la ciudad más violenta del mundo en la década del 90 a ser modelo de inclusión con oportunidades, educación y desarrollo. El secretario de Educación de esa localidad colombiana explicó el proceso y contó los resultados

“En Latinoamérica las ciudades se parecen mucho, alertándonos problemáticas como la inequidad social, la falta de educación, la falta de sociedades civiles fuertes, la falta de institucionalidad, la corrupción”, dijo

De la mano del narcotráfico, Medellín se había convertido en los años 90 en la ciudad más violenta del mundo. Nada menos que 368 homicidios cada cien mil habitantes. Una sociedad devastada por la droga. Pibes armados, jóvenes sin oportunidades ni salidas a la vista. Reclutados por los mercaderes de la muerte.

¿Qué hizo el Estado local? Trabajó sobre las causas y no tanto sobre las consecuencias. No se centró en la mano dura sino que tendió su mano progresista abriendo caminos inclusivos a través de la urbanización social, con un montón de herramientas que integraron a los que estaban excluidos.

Para eso, todos tiraron para el mismo lado, generando un pacto que en 2000 se convirtió en la Biblia de este lugar, a la que deben amoldarse todos los que ostenten el poder político, sean del signo que sean. Y los resultados fueron muy positivos.

Todo esto se visibilizó ayer en las palabras de Luis Guillermo Patiño Aristizábal, secretario de Educación de esa ciudad colombiana, uno de los participantes en el encuentro de Unesco en Villa María, centrado en “Aprender a vivir de manera sostenible en las ciudades de América Latina y el Caribe”.

Junto al intendente Martín Gill, Patiño Aristizábal relató la experiencia que sacó a Medellín del abismo.

 

“Hemos tenido unos logros a nivel social que son muy importantes, pero no quiere decir que todo esté resuelto.

Todo comenzó en una etapa muy compleja de violencia urbana generalizada que tuvimos a partir de los años 90, cuando Medellín era considerada por el número de homicidios por 100 mil habitantes como la ciudad más violenta del mundo, contando con una tasa sumamente preocupante. Llegamos a tener 368 homicidios cada 100 mil habitantes. Creo que ninguna ciudad de América Latina ha tenido este tipo de violencia.

Tocamos fondo, que se dio básicamente por los problemas de narcotráfico. Recuerden que es la época de Pablo Escobar, de los grandes carteles de la droga, que lo que hacen es corromper la sociedad, a las instituciones políticas y privadas y logran en los barrios reclutar a muchos de nuestros jóvenes generando una suerte de guerra urbana bastante deplorable.

Después de esa década la sociedad se levantó y realizó una suerte de pacto, donde la academia, los empresarios y los políticos, coincidieron en decir que no podíamos seguir cómo estábamos y que necesitamos de alguna forma pasar de esa página del miedo y el terror a la página de la confianza y la esperanza. Es así como desde 2000 llegaron una serie de administraciones públicas a la ciudad y a través de ese pacto con los ciudadanos y todos los sectores empezamos a desarrollar políticas públicas que se han convertido en políticas de Estado. La sociedad, sin importar qué gobierno, de qué color y de qué tendencia, exigió que las mismas se mantengan vivas.

Y la más importante es la del urbanismo social, una gran propuesta urbanística que viene de Barcelona pero que Medellín de acuerdo a sus características pudo implementar.

“Damos la espalda a la realidad. Había dos Medellín, una muy moderna y que avanzaba y detrás de esa estaba la ciudad de los barrios populares, que no eran reconocidos, en donde no llegaba la institucionalidad”, indicó

Desarrolló los Proyectos Urbanos Integrales (PUI), que consisten básicamente en llevar la institucionalidad a los lugares más pobres, más marginados, con los mayores índices de violencia para entregarles a las personas de estos lugares lo mejor del Estado.

Entonces se ofrecieron una serie de equipamientos urbanos muy importantes como bibliotecas, metrocables, transporte público limpio y efectivo, centros de innovación, de desarrollo, restaurantes escolares. Hay un empoderamiento muy importante en estos barrios.

Medellín pasó a mostrar la cara difícil de estas poblaciones, ya no le dio la espalda como lo hizo durante muchos años.

Lo que se hizo es reconocer esas realidades, dando oportunidades a las personas, convirtiendo a la educación en ese motor de desarrollo de oportunidades, que ha posibilitado a los jóvenes tener un proyecto de vida. Esto finalmente generó a través del tiempo no sólo políticas públicas más inclusivas sino que ha demostrado ser un modelo exitoso, porque hoy tenemos una cifra de menos de 17 homicidios cada 100 mil ciudadanos. De 368 se pasó a 17. Siguen siendo muchos, porque son seres humanos, pero de verdad a partir de estas políticas públicas para generar oportunidades se consiguió que muchos de esos jóvenes dejaran las armas, dejaran de pertenecer a pandillas y encontraran muchísimas oportunidades con programas que van desde los 0 años, que comprenden la primera infancia (con alimentación, vacunación, posibilidades de procesos de aprendizaje innovadores) y que presentan una visión por ciclos con un sistema que termina en un bachillerato articulado con el nivel superior.

-¿Por qué la violencia es hoy un flagelo?

-Hay muchas razones y creo que en Latinoamérica las ciudades se parecen mucho, alertándonos una serie de problemáticas como la inequidad social, la falta de educación, la falta de sociedades civiles fuertes, la falta de institucionalidad, la corrupción que se lleva los mejores recursos, todo lo que hace cada vez más que estos problemas se arraiguen en nuestras comunidades.

Necesitamos que esas políticas públicas se den, que acompañen a la sociedad civil y permitan los cambios y transformaciones que necesitamos.

Tenemos muchísimos problemas, nos falta bastante por avanzar pero una característica que hemos tenido es que hemos reconocido lo que sucedía. No les damos la espalda sino que como sociedad los enfrentamos. No hay que tocar fondo para poder empezar estas políticas públicas, estas experiencias deben enseñarnos a unirnos y tomar decisiones que realmente contribuyan a generar unas mejores condiciones sobre todo para las personas más necesitadas.

-¿Costó mucho acordar ese pacto? ¿Hubo consenso social en trabajar en las causas y no en las consecuencias?

-Llegó un momento en donde había unos problemas tan graves, que no podíamos seguir en ese túnel. Se habían trastocado los valores de la sociedad por el narcotráfico, mucha gente no quería trabajar sino tener dinero fácil y no podíamos seguir. Ese consenso se dio desde todos los sectores y eso es lo más interesante, estuvieron desde el Gobierno a los políticos, empresarios, fundaciones, ONG, muchos grupos de base y la sociedad civil.

Este consenso se materializó en un gobierno ciudadano que logró aglutinar todas las tendencias y aspiraciones y empezamos a trabajar como sociedad de la mano para salir de esos problemas tan graves.

En América Latina damos la espalda a la realidad. Había dos Medellín, una muy moderna y que avanzaba y detrás de esa estaba la ciudad de los barrios populares, que no eran reconocidos, en donde no llegaba la institucionalidad. Lo que hicimos fue articular todo el potencial institucional, todas las secretarías trabajando de la mano: educación, cultura, deporte, desarrollo económico. Y la triada conformada por empresa, estado y universidad.

Los resultados son muy positivos teniendo todavía muchísimos problemas, porque siempre los recursos son escasos y las necesidades son gigantes.

 

De qué forma se abordó a victimarios

-¿El acuerdo fue hacia adelante o comprendió el abordaje a los victimarios? ¿Cómo se trabajó con quienes delinquían?

-Nosotros sufrimos una violencia urbana, no política, que Colombia sí la vive. Lo de Medellín es violencia urbana a partir del narcotráfico.

Desafortunadamente, quienes éramos chicos en ese momento somos llamados generación perdida. Esa violencia generó que miles y miles de jóvenes entre 15 y 28 años murieran. Fue la peor consecuencia. Luego se dieron procesos muy importantes para darles oportunidades a estos chicos que estaban delinquiendo o en organizaciones delictivas y se los apoyó con trabajo, estudio, con formación y una posibilidad de reintegrarse nuevamente a la sociedad.

Medellín atrae muchísima gente desplazada no solo de la zona rural del departamento sino de Colombia, y atrae porque hay oportunidades, hay subsidios, posibilidades de vivienda y estudio para los niños.

Esto hace que sea muy complejo porque es un destino que atrae a mucha gente con necesidades.

 

La represión y la mano dura “no sirven de nada si no está la inversión social”

-¿Pensaron en la mano dura, el endurecimiento de penas o la represión?

-A nivel de política criminal del Estado, en principio para combatir el narcotráfico hubo un fuerte fortalecimiento de las penas y figuras de extradición, pero finalmente nos dimos cuenta que simplemente la represión y las políticas de seguridad duras no sirven de nada sino está el componente integral de la inversión social. Es una visión de seguridad integral.

Por supuesto que para algunas organizaciones tiene que estar la mano fuerte de las autoridades, pero si no hay del otro lado esa visión integral de oportunidades, de educación, de posibilidades de forjar un proyecto de vida es muy difícil y se pierde cualquier tipo de política.

En este tramo de la nota, el intendente Gill acotó que en Medellín las comisarías incorporaron otros elementos. Entonces, el funcionario colombiano explicó que “fue una visión de comisaría no represiva sino comunitaria, que empezó a devolver la confianza de las personas hacia las autoridades”.

Agregó que “muchos de los habitantes de los barrios no se sentían parte, decían que iban a bajar Medellín como si no fueran de la misma ciudad, no había transporte eficiente para llegar rápido y entonces se produjo una de las primeras grandes transformaciones en América Latina que es utilizar los metrocables, lo que conectaba a esas personas que estaban fuera de la visibilidad, y se creó un tranvía y un sistema de buses articulados”.

“Se acercaron las instituciones a la sociedad, nunca más ocultamos a nadie, a los visitantes los llevamos a los barrios reales, y esos pobladores cuando ven visitas se sienten reconocidos, importantes, visibilizados”, remarcó.

 

“Por el narcotráfico, mucha gente quería tener dinero fácil”.

“Llegó un momento en donde había unos problemas tan graves, que no podíamos seguir en ese túnel. Se habían trastocado los valores de la sociedad”.

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