Edith Vera: a 90 años de su nacimiento

Edith Vera

Cerca del aniversario de su nacimiento recordamos a una mujer que elevó las letras de la ciudad. Un ser de una especial sensibilidad que deseaba que su morada quedara como la casa de los poetas. La vida y la ciudad, no la trataron siempre de la mejor manera. La sinrazón de la dictadura cayó sobre ella, quizás por ser hija de un socialista y haber estado casada con un hombre asociado al comunismo, aparte de ser ella misma un canto a la libertad que apoyaba las protestas de los trabajadores

Edith Vera
Edith Vera

Escribe Jesús Chirino

En una nota de agosto de 2010, publicada en este mismo espacio, contamos que en el Registro Civil de la ciudad se guarda el acta cuatrocientos cuarenta, fechada el 28 de agosto del año 1925. En tinta, quedó asentado que aquella tarde, siendo las dieciséis horas, Norberto Vera se presentó en la oficina estatal para denunciar que el día anterior, a las nueve y quince horas de esa mañana invernal había nacido su hija. La que llegaría a ser la señora de las letras de nuestra ciudad, aunque su producción la consagró mucho más allá de cualquier frontera. La niña vió la primera luz en el domicilio particular de sus padres, el nombrado Norberto y su esposa Aurelia Piazza, este 27 de agosto se cumplen noventa años desde aquel día en que nació la que llegaría a ser una poeta de letras mayores cuya obra continúa despertando admiración. Aunque, debe ser dicho, no muchos protagonistas de la vida artística/cultural de la ciudad fueron justos con ella en vida.

La escritora local Marta Parodi supo señalar que Edith no escribió poemas durante su niñez, salvo uno cuando contaba con tan sólo seis años de edad. Durante su infancia, la niña nacida el 27 de agosto de 1925, se mostró ensimismada, de pocas palabras. En su hogar se respiraba un aire perfumado con las ideas socialistas a las cuales adhería su padre. Apenas si tenía once años cuando, con la pasión por la lectura ya desarrollada concurría a la Biblioteca Socialista para, entre otras cosas, leer «La Vanguardia «, diario de esa orientación ideológica, y «Crítica». De todas maneras, según señala la misma Parodi, la niñez de Edith ocurrió en «Un hogar de opresivo orden y agobiantes prohibiciones» pero esa niña ya sabía encontrar y celebrar la belleza en pequeñas cosas, es así que comenzó a desarrollar la costumbre de adornar con flores su pelo, hábito que nunca abandonaría. Cuando desarrolló sus estudios en la escuela secundaria logró contar con muchos amigos, atento a lo que se cuenta, quizás eso le servía de contrapeso a una relación problemática con su mamá. En el año 1945 egresó de la Escuela Normal «Víctor Mercante» con el título de maestra/bachiller y partió a trabajar a la localidad de Leones. Dos años después fue trasladada a la localidad de San Francisco del Chañar. Luego de pasar por la ciudad de Córdoba, regresó a Villa María. En 1954 se casó con el médico Mateo Abner y juntos compraron una casa antigua que refaccionaron. Aquellos fueron tiempos de felicidad. Más adelante cursó el profesorado de Jardín de Infantes en la Escuela Normal «Víctor Mercante». Cuando concluyó esos estudios iniciados en 1969 fue directora del entonces recién creado jardín de infantes dependiente de la Biblioteca «Bernardino Rivadavia».

En la biografía que escribió Parodi señala que por esa «época se sucedieron en aguda alternancia, hechos buenos y malos en su vida. El matrimonio comenzó a andar mal. Edith supo que, debido a serias enfermedades, había quedado estéril. Impulsada por la profesora cordobesa María Luisa Cresta de Leguizamón, en 1960 se presentó al concurso ‘Campaña para una buena literatura para niños’ organizado por el Fondo Nacional de las Artes en Buenos Aires, y ganó el Primer Premio. Este consistía en la publicación del libro premiado: ‘Las dos naranjas’, pero Edith estaba muy quebrada y no cumplimentó los requisitos indispensables para que el material se pudiera editar». En 1964 se separó de su esposo y recién en 1969 el libro «La dos naranjas» fue publicado.

 

Pisotearon tantas cosas

En el año 1979, tiempos de la dictadura desaparecedora de personas, fue exonerada de su cargo de directora del jardín. Paradójicamente fue el mismo año en que los representantes locales de la dictadura, a cargo de la Intendencia, crearon la Dirección Municipal de Cultura. A la par de su exoneración llegaron los allanamientos a su casa ubicada del lado de los números pares de la calle Catamarca al 1200. Según el testimonio de trabajadores municipales que cumplieron funciones en la Dirección de Cultura, después de 1983, Edith solía recordar que durante la dictadura, en una de las tantas incursiones militares a su casa, hogar de la poesía, los hombres de verde triste revolvieron todo, como era costumbre tiraron las cosas al suelo, libros, papeles, cuadros y dibujos que colgaban en las paredes. Aquella vez, cuando la patrulla del miedo consideró que había terminado su repudiable tarea comenzó a retirarse. Fue en ese momento cuando uno de los soldados conscriptos tuvo el triste detalle de pisar intencionalmente los dibujos desparramados por el suelo. Quién sabe qué le despertó, a aquel muchacho, el talento que mostraban los dibujos de Edith. Con el tiempo la artista y el exconscripto se volvieron a encontrar, ya era tiempo de democracia. Ella continuaba siendo la misma mujer valiente que solía ponerse flores en el pelo y escribía poesías que quedarían para la posteridad. El había dejado el uniforme verde triste transformándose en docente en una escuela de artes. Edith tomaba clases en la misma institución en la que el muchacho trabajaba. No sabemos si alguna vez se arrepintió de ese infame acto de juventud, mucho menos conocemos si se animó a pedirle disculpas. Pero esa es una más de las tantas disculpas que debe gente con actuación pública que, con cosas mínimas, se embriagó de poder durante la dictadura y aportó, quizás sin ser muy consciente de ello, al clima de temor y control que generó el gobierno de facto.

 

Una casa para la poesía

Edith Vera fue una reconocida artista multifacética, incursionó en el periodismo, la música, las artes plásticas y la escritura. En el año 2002 por Ordenanza 5.043 fue declarada Ciudadana Destacada de la ciudad de Villa María. En abril de 2003, cuando ya no vivía en su casa, murió pobre y con mucho menos reconocimiento social del que se merecía.

En agosto de 2003 de ese mismo año, mediante Ordenanza 5.192, la ciudad designó con su nombre la Sala de Lectura Infanto Juvenil de la Biblioteca Mariano Moreno. En el año 2004 una calle en barrio Parque Norte pasó a llevar su nombre. Numerosos han sido los homenajes que artistas de la ciudad han ofrecido a la memoria de esta mujer cuya poesía fue admirada por niños y adultos de tantas latitudes. En septiembre de 2009 se hizo una consulta entre los vecinos para ver qué nombre se le ponía al Jardín de Infantes ubicado en el barrio San Martín, sector de las cuatrocientas viviendas que actualmente se denomina barrio Malvinas Argentinas. Entre los sugeridos las docentes eligieron el de Edith Vera, la mujer que quiso que su casa quedara para la ciudad y se transformara en teatro para niños, biblioteca y casa del poeta.

Pero antes de que Edith falleciera esa casa no sólo había sido despojada, sino que también había sufrido el poder destructor de las llamas. Muchas de sus pertenencias fueron tiradas a la calle. Algunas voces se sumaron para reclamar que se concretara la voluntad de la escritora, el intendente de entonces manifestó públicamente su predisposición a que se concretara el proyecto, pero el tiempo pasó y demostró hasta dónde llegaba ese compromiso. La casa ya no está, en su terreno se levanta un edificio. Quizás esa moderna construcción simbolice la deuda que nuestra sociedad siempre estará pagando por no poder cumplir con aquella voluntad y no haber atemperado, aunque más no fuera un poco, la soledad que muchos dicen vivió esa mujer que tantas veces nos sigue iluminando cuando leemos sus poemas. Edith no sólo fue una artista de alto vuelo, también fue un ser humano maravilloso, de gran humildad y siempre con ganas de continuar aprendiendo. Así muchos la recuerdan concurriendo a talleres literarios o iniciando el cursado de la carrera de Animación Sociocultural en el Inescer cuando esta institución inició sus actividades en la última parte de los años 80 del siglo próximo pasado. Dentro de pocos días se cumplirán 90 años de su nacimiento, quizás los mejores honores que le podemos hacer sean leerla, difundirla y preguntarnos qué hacemos con nuestros poetas porque una ciudad que no cuide a sus poetas perderá sensibilidad.

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