Falleció «el Sopa» Calderón

La trasnoche fue su amante cuando casi todos ya despedían la noche, serenata eterna que seguirá acompañando desde otra mesa. Pedirá una más, pedirá “Chiquillada” de Leonardo Favio y entonará con pasión “pantalón cortito, bolsita de los recuerdos, pantalón cortito con un solo tirador…”.

Ayer el pueblo de La Palestina despidió a uno de esos personajes que extrañará: Horacio Calderón, «el Sopa».

Colaborador de las instituciones del pueblo y junto a sus compañeros de andanzas Gasparito (Armando Ripa) y el Pulpa (Juan Carlos Calderón), formó parte de esa primera comisión de la Agrupación Gaucha El Bagual, de la que se convirtió en presidente en 1998.

«El Sopa» fue «desyuyador» y armador de cuadrillas para lo que mandaran, como “sacar bolsas” (recolectar en los potreros las bolsas de maní y cargarlas sobre un camión o primero a un acoplado tirado por un tractor). Siempre se las rebuscó en la “changa”, pero se destacó jugando a las bochas, en el campito, en la cancha o en la calle de tierra, por lo que cuando todavía era intendente el fallecido Alejandro Cativelli, lo nombró profesor de bochas y su amigo del Club San Fermín de la vecina localidad de Luca, Mingo Barrionuevo hizo que lo inscribieran en esa entidad para lograr el carné de la Federación. Es que el hombre trascendía las fronteras de su querido pueblo. Se trenzaba en una peña improvisada en los bares coreando junto a cabralenses, luqueños y ticinenses, ausonienses o dalmaceños. Era amigo por ser buen tipo y era número puesto en cuanto evento sucediera en el salón. Más si los changos de Nuevo Rumbo eran parte del espectáculo, que hasta alteraban la tradicional “Pateando sapos” para dedicársela a Sopita en noches de peña.

Vale mencionar que en su rol de bochófilo participó, y hasta enseñó al protagonista, en la película “Bello amore, La Palestina”, rodada en el pueblo y con la actuación de la villamariense radicada en Buenos Aires Alicia Muxó.

 

En bicicleta

El hombre, este entrañable personaje, siempre se trasladaba en bicicleta, una que incluso heredó de un niño amigo y la usó hasta “gastarla” y recibir una que ya no utilizaba un familiar. Esos lazos tejió hasta con los más pequeños.

Al borde de las lágrimas, conmovido, como reviviendo las infancias de cada hijo de pueblo, pedía cada vez que pudo que le cantaran que “con cinco medias hicimos la pelota, y aquella misma siesta perdimos por un gol. Una perrita que andaba abandonada pasó a ser la mascota del cuadro que ganó”. Siempre pedía por Favio.

Los que lo conocieron recuerdan de aquellos campeonatos nocturnos donde su Chacarita La Esperanza era protagonista, con la camiseta de su Club Ricardo Gutiérrez, con bastones amarillos azules, y se enfrentaba en prácticamente un clásico con Agencia (sub) de Quiniela La Fortuna (casacas naranjas) de su hermano Hugo, un memorioso que tiene presente que “fue en el 88, empate en 2”, con goles de Maía, Luis María Reano, y Nelson Accastello, por el equipo de Horacio, mientras que para los quinieleros anotaron Fabio Bersano y Alberto Arévalo.

Calderón, «el Sopa», visitaba el 8 de cada mes la gruta del Gauchito Gil, camino a la fábrica. Es más, a un correntino que reside en La Palestina le había propuesto un asado en la sombra de los árboles que rodean ese punto, pero no fue posible.

El pasado 20 de enero, «el Sopa» cumplió 61 años.

El domingo último, el cuerpo le demandó atención. Fue trasladado al Hospital Regional Pasteur de Villa María, donde a pesar de la destacada atención profesional (así lo apuntaron los familiares) a eso de las 3 de ayer, se despidió como los hacía cada trasnoche al montar su bicicleta.

“Pantalón cortito, bolsita de los recuerdos…”, esos que sembró cada día este hombre, este personaje, trasnochador como la serenata y buen tipo de oficio.

 

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