Inflación: reino de tecnócratas

Mariana Heredia. Interesante leerla para entender más la economía

Aquí una síntesis apretada de la entrevista realizada por Juan Ciucci a la autora del libro “Cuando los economistas alcanzaron el poder”, publicado por la Agencia Paco Urondo

Mariana Heredia. Interesante leerla para entender más la economía
Mariana Heredia. Interesante leerla para entender más la economía

-Si bien el libro habla de los economistas, sirve para pensar a los “especialistas” y su rol preponderante en las sociedades actuales.

-Muchas veces se escucha este llamado a que el Estado se nutra de especialistas, como una cierta tendencia del Estado argentino en no tener criterio de reclutamiento en la especialización, el conocimiento específico sobre el área en la que van a actuar sus funcionarios. Y, efectivamente, creo que es una preocupación legítima y en algunos casos se asocia este ascenso de los economistas (que ocurrió a partir de los 70) a la conquista de un espacio estatal. Ahí el libro propone dos aclaraciones: en realidad no se da una tecnificación de todas las áreas de la intervención estatal. Los economistas tienen una presencia singular: ninguna cartera en la Argentina tiene una asociación tan estrecha con un grupo de especialistas como el Ministerio de Economía y el Banco Central. Los economistas casi que monopolizan el acceso a esas carteras públicas y además han logrado acceder a la dirección de otras. Tal vez la otra asociación que se podría hacer es entre el Ministerio de Justicia y la abogacía, que ha sido históricamente la profesión de estado por excelencia (…). La otra cuestión interesante es que mientras hasta los 60 eran los Estados los que formaban a través de las universidades públicas y luego reclutaban en sus agencias a los especialistas y creaban ahí espacios de diagnóstico y luego de elaboración de políticas públicas; lo que se da a partir de los 70 es que el Estado muchas veces importa a los especialistas de espacios que se fueron creando a tal fin, como, por ejemplo, los think tanks. Y los economistas tienen una posición de vanguardia en la creación de estos espacios paraestatales, que ni está en la administración pública ni en las formaciones partidarias, pero que tiene un contacto permanente con ellas en la identificación de problemas y la propuesta de soluciones. Hoy eso se observa en el área educativa, de justicia, de salud.

-Es la aparición del tecnócrata…

-Exactamente. Esta figura con la que hubo muchas discusiones conceptuales, porque desde la sociología clásica con las conferencias de Weber de principios del Siglo XX estaba esta idea de que en la modernidad existen estas figuras que se relacionan con la comprensión y la eventual transformación de nuestro mundo: el político, el científico y el burócrata, que tendría en la sociología de Weber un lugar más gris, limitado a obedecer. El tecnócrata entraba mal en esa clasificación, no es un político porque no son elegidos por el voto ciudadano ni tienen una gran vocación por arengar y conducir a las mayorías (…). Son figuras híbridas, porque combinan un poco de éstas que mencionaba.

-Sí ha sucedido en nuestra historia reciente que luego de cumplir sus funciones han querido dar el salto a la política…

-Es interesante eso porque en algunos momentos se interpeló a un electorado que cree necesario que sean los especialistas los que gobiernen, muchos economistas que tuvieron funciones públicas importantes (Cavallo, López Murphy, en su momento Alsogaray) intentaron crear formaciones partidarias. No les fue tan mal, en general logaron en distintos momentos constituirse como tercera fuerza…

-En la actualidad, Lavagna o Lousteau…

-Sí, pero es un poco diferente, porque una cosa es cuando se forma un partido político con una coherencia y una tradición que se ancla en los think tanks o en los espacios de diagnóstico técnico. Otra cosa es el caso de Lousteau, donde se asientan o intentan crear formaciones partidarias con un anclaje o acuerdos con otras fuerzas (…).

En los 90 había una tesis recurrente en que el problema no había estado en las políticas de mercado, sino en su aplicación. Eso de algún modo distribuía responsabilidades: los tecnócratas quedaban a salvo y los políticos y burócratas quedaban comprometidos (…).

-El libro toma el período 1976-2001 y lo señala como la más reciente “utopía tecnocrática”.

-Sí, es cierto que cuando uno mira los diarios de los 50 – 60 aparecen pocos economistas, no es una profesión consolidada y los grandes problemas del país todavía no se definen como problemas estrictamente económicos. Si bien Perón, Frondizi u Onganía estaban preocupados por el desarrollo del país y la Argentina potencia, sólo tardíamente (Onganía en particular) comienzan a definir eso como un problema económico que puede escindirse de la integración de las mayorías o de la construcción de un Estado eficiente o un régimen político que acompañara y apuntalara el progreso colectivo. Es a partir de la década de los 70 que comienza a construirse como un problema económico vinculado con la inflación y que los economistas van a intentar con sus herramientas a darle respuesta. La política económica de los 30 a los 80 se caracteriza por una enorme inestabilidad y los ministros de Economía fueron los más inestables de todos. Recién a partir del 76 con Martínez de Hoz van a adquirir unas potestades y una influencia pública y política de la que antes habían carecido. De allí que la estabilidad era una utopía de una Argentina muy inflacionaria (…).

-Allí el tema a discutir es la inflación, cómo se construye en el “sujeto” que permite las medidas drásticas que se van a tomar…

-De algún modo, el libro tiene dos personajes: a los economistas y a la inflación. Y un tercero podrían ser las políticas económicas y las influencias de terceros que hicieron la historia argentina de los últimos 30 años. Son tiempos en donde se fueron tomando decisiones y muchas tuvieron que ver con el modo en que se entendió el problema de la inflación (…). En la medida en que la inflación fue un caballo difícil de domar, y fue mutando a partir de las medidas tomadas, fue llamando a que cada vez se tomaran medidas más drásticas (…).

-Y al mismo tiempo la trampa de eso, que permitió llevar adelante medidas que habían sido previamente rechazadas y sin apoyo popular.

-En el segundo capítulo cuenta cómo la Argentina desde los años 40 vivió siempre con inflación (…). Pero es a partir del Rodrigazo y del gran salto a tres dígitos que va a empezar a ser preocupante y que va a generar combinada con un conjunto de políticas económicas que liberalizaron ciertas decisiones (la fijación de la tasa de interés, la apertura del mercado a las importaciones sin aranceles, la libertad cambiaria), fue generando un conjunto de prácticas especulativas, una suerte de dislocamiento en los precios relativos. Se convirtió en una experiencia cada vez más traumática hasta llegar a la hiperinflación de 1989/1990, que fueron experiencias que pocos países han atravesado (…). El empresariado nacional, el movimiento obrero, la soberanía del Estado argentino; fueron parte de las víctimas del proceso de lucha contra la inflación.

-Cuando se habla de los grandes disciplinadores sociales se habla del golpe del 76 y la hiperinflación…

-Sí, estaba en la tesis de muchos de los que intervinieron en estos procesos la idea de que la sociedad argentina es ingobernable, que no hay manera de establecer un acuerdo virtuoso entre las distintas fuerzas que organizan esta sociedad (…).

-Algo que historiza en el libro es la cuestión de los experimentos y medidas que se van tomando en el día a día, pensando un poco en los duros primeros años del menemismo hasta que “aparece” la convertibilidad.

-Cuando uno conversa con quienes toman las decisiones económicas de distintas épocas se da cuenta de que viven muy atados a la urgencia del momento, y en ese sentido muchas veces hablamos de modelos y terminan siendo resultado de una carambola (…).

-Algo también presente es la perplejidad ante las crisis de sus modelos, pensando en especial en 2001, y cómo rápidamente pierden prestigio los economistas.

-Construir la historia en el momento que se va anudando y no ex post, permite tener una mirada más crítica en los momentos de éxito y más compasiva en los momentos de fracaso. Una de las preguntas del libro es hasta qué punto los economistas fueron los salvadores de la patria o los artífices de la debacle. Y la verdad es que fueron las dos cosas (…). Y lo que es cierto en 2001 es que todos los actores políticos y sociales le vuelven a entregar al creador de la criatura el paquete para que haga algo con ella, porque el desconcierto es total.

-El libro termina en 2002 y es interesante ver cómo el desprestigio de los políticos también se dio hacia los tecnócratas. Y que luego la recuperación de la política también fue de los economistas, con la figura de Lavagna como continuador entre Duhalde y Kirchner.

-Era un heterodoxo que aconsejaba a los políticos populistas y que hacía una negociación de deuda riesgosa para el país. Años después es reivindicado como parte de los economistas honestos y serios, es un sujeto más de estas evaluaciones contextuales (…). Lo que también es interesante decir de los primeros momentos de Kirchner es que se rodeó de muchos expertos de prestigio, no solamente en economía. Gente que no venía necesariamente del riñón peronista, pero que había conquistado cierto prestigio entre sus pares. En la medida en que después la economía se aquietó y que el kirchnerismo logró honrar mucho de lo que el neoliberalismo no había podido (básicamente el superávit gemelo), prácticamente los economistas desaparecieron de la escena. Esta última década corrobora la tesis del libro: cuando la deuda, el dólar y la inflación volvieron a ser un problema en la Argentina, los economistas volvieron a tener un lugar de protagonismo en el debate público. También porque yo creo que en los primeros años después de la situación calamitosa de 2001, hubo como una conciencia generalizada incluso dentro del mundo de los economistas de que la política económica no se podía circunscribir a cuestiones monetarias y financieras. Que la política económica era necesariamente a la vez política laboral, social, asistencial, educativa. Que eso es lo que se pierde cuando la inflación y el dólar acaparan el interés público (…)

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