José Cayetano Torres: el municipio como empresa

Apenas balbuceaba sus primeras oraciones la recién recuperada democracia argentina cuando, en 1976, la prensa requirió la opinión de quien mediante la fuerza tomó el poder político en la ciudad. El mayor José Cayetano Torres fue exponiendo su visión acerca del momento histórico que se vivía, como así también aspectos de la ideología con la cual llegaba la dictadura cívico-militar desaparecedora de personas

chirino dibujo

Escribe Jesús Chirino

El 23 de abril, el periódico local Opinión, dirigido por Victoriano Godoy, publicó una nota a la cual tituló: «La Municipalidad será conducida con sentido de empresa: nos dice el actual intendente mayor Torres». De esa manera el periodista exponía un elemento central en la concepción del Estado que traía el militar que destituyó de su cargo al intendente Carlos Pizzorno que, destaquemos, había sido elegido por el voto popular.

En la nota se aclara que el título no se trata de una interpretación periodística de los dichos del militar golpista, sino algo que él mismo había dicho de manera explícita al reportero. En la referida publicación Torres relaciona el concepto de empresa con el de eficiencia. Y plantea que viene a conducir el municipio con eficiencia empresarial, con todas las implicancia que posee esa manera de concebir el manejo de la cosa pública que, entendemos, debería estar alejada de ideas centrales en la gestión empresarial. Pero desde su ideario Torres señala que para abril ya había ordenado realizar un inventario como forma de «reducir gastos inútiles -y- verificar estrictamente el estado financiero de la comuna».

Como puede advertirse aparece el concepto de utilidad que vemos, inmediatamente, aplicado al empleo estatal, pues manifiesta que también ordena «la suspensión del personal golondrina» la «regularización de la situación de contratados» y la «separación definitiva de gente no necesaria». Esto último no es más que un eufemismo para decir que está echando empleados, dejándolos sin trabajo. Un achique del Estado. Idea coherente con los postulados de los denominados Chicago Boys, fuertemente identificados con la escuela económica de la universidad de esa ciudad que pregonaba un ideario liberal que en los 70 llegó a Latinoamérica.

Primero a la dictadura chilena y luego, antes del golpe cívico-militar, a nuestra Argentina. Ideario económico que pregonaba Milton Friedman, ganador del Premio Nobel de Economía en 1976. Esta Escuela de Chicago es partidaria del mercado y el achicamiento del Estado, totalmente alineada con una visión monetarista contrapuesta al keynesianismo. Luego partícipes de esta visión económica irían a formar parte de organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos cuyas políticas se caracterizarían por el apego a lo que a finales de los años 80 el economista John Williamson denominó Consenso de Washington, que en Argentina fue aplicado con rigor en los años 90.  

 

Estado generando rentabilidad

Volviendo al artículo periodístico acerca de lo que Torres declaró al diario Opinión, nos encontramos que su accionar significó la cesantía de 144 trabajadores municipales de Villa María. Pero el interventor municipal lejos de preocuparse por el desempleo dijo que la medida permitía el ahorro de «muchos miles de pesos para el erario público». Con ese mismo objetivo señaló que existían 50 agentes municipales prontos a jubilarse. Torres definió todo eso como un «proceso de reordenamiento» que tendría su fin «cuando se concrete la racionalización del personal en todos los sectores». En esas declaraciones a la prensa local el mayor del Ejército dejó claro que no venía a militarizar el municipio, sino a encuadrar su accionar en el marco de la lógica económica del nuevo liberalismo, emulándolo con una empresa.

En las declaraciones que Torres va dando a la prensa local aparecen sus preocupaciones por temas como la puntualidad de los trabajadores, el control de las licencias por enfermedad de los empleados municipales, etcétera. Pero no surge nada acerca de las condiciones de trabajo, ni el tipo de relaciones laborales que la administración municipal tenía con sus trabajadores. Otra cuestión que apareció desde un inicio fue el replique local de la prohibición de toda actividad sindical en los lugares de trabajo dentro del municipio, cuestión establecida mediante decreto firmado por el propio Torres y el secretario de Gobierno del municipio, René Rodríguez.

Regresando a la nota en Opinión vemos que ante las expresiones del militar, el periodista señala «por lo visto lo actuado por el mayor Torres es digno del buen comentario. Una acción directa saludable para una administración depurada y correctamente sana, con una funcionalidad de organigrama».

Por otra parte señala que el interventor posee una «amplia visión tomada con toda claridad sobre el problema municipal villamariense… Nos habla de la importancia que importa (sic) analizar el estado deficitario de la cosa pública con arrastre millonario, pero también advierte sobre su optimismo en cuanto a que las medidas tomadas y a tomar darán como resultado un adecuado cierre de ejercicio financiero…». Según el comunicador, todo esto, permitiría elaborar un plan de pago de la deuda existente. Constantemente se contrapone una visión del Estado, como sinónimo de ineficiencia, a la empresa privada, como emblema de la eficiencia.

Todo sin reflexionar que la propia existencia de esta última pasa por la generación de rentabilidad que es su objetivo más allá del rubro en el cual actúa. Muy diferentes son los principios que dan origen y rigen el accionar del Estado. En la nota de Opinión que venimos analizando explícitamente se habla del manejo del Estado como una empresa y la generación de rentabilidad, es así que se dice «…se aplica en el manejo de la administración un concepto de empresa con todo lo que significa jerarquización y rentabilidad, porque con los porcientos del 75 para jornales y sueldos, 25 para bienes de consumo y 5 para capital no se puede ir adelante de ninguna manera».

La concepción del militar, que el reportero parece compartir, es parte de la visión liberal en lo económico que con los años avanzó de manera tal que pareciera ser parte del sentido común de gran parte de la ciudadanía, incluyendo políticos de diferentes extracciones ideológicas que hablarían mucho de gestión, o que festejaron los superávit de las cuentas estatales como si no existieran necesidades sociales a las que destinar esos recursos. También se vio esa concepción en el avance de las privatizaciones bajo la consigna de reducir el tamaño del Estado y la idea de que las empresas pueden administrar mejor lo público.

A la par que se naturalizaba la existencia de la empresa considerándola forma social sin historia y como el único lugar donde tiene lugar la actividad productiva. Un capítulo de la historia local que aún resta estudiar en profundidad está relacionado a cómo fue expresándose el nuevo liberalismo económico en la administración municipal, no sólo durante la dictadura, sino también en épocas posteriores. Para ello se tendrán que relevar las políticas relacionadas al empleo municipal, la presión fiscal y las privatizaciones como entrega a la empresa del manejo de lo público.

 

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