“La vida privada me parece tan poco interesante”

“Como seres sociales también somos seres políticos, pero también necesitamos de cierta autonomía. Y creo que en el arte pueden aparecer esos espacios”, comentó Chávez

Esta noche y mañana desde las 21 abordará la vida de la travesti Charlotte von Mahlsdorf y el escritor Doug Wright en la Alemania Oriental del siglo pasado

“Como seres sociales también somos seres políticos, pero también necesitamos de cierta autonomía. Y creo que en el arte pueden aparecer esos espacios”, comentó Chávez
“Como seres sociales también somos seres políticos, pero también necesitamos de cierta autonomía. Y creo que en el arte pueden aparecer esos espacios”, comentó Chávez

-El año pasado viniste a Villa María para hacer “Red”, que trata sobre la vida del pintor Mark Rothko. Ahora volvés con esta pieza que aborda a otro personaje intenso y controversial. ¿Por qué elegiste esta obra?

-Apenas terminé de hacer “Red”, me puse a pensar qué próximo material iba a hacer y recordé a este unipersonal que había hecho hace 10 años atrás. Fue una vuelta interesante, quería saber qué me iba a pasar, si me iba a asustar con ese material de tanto tiempo, qué estrategias iba a utilizar, qué le modificaría. Creo que una obra de teatro es una partitura y en este caso es una partitura muy hermosa para varios instrumentos que la vuelvo a ejecutar. Para mí fue un regalo al oficio enorme porque esta obra me posibilitó trabajar con muchas herramientas a la vez. Además, porque en estos 10 años pude expandir mi oficio a la televisión, mundo que no conocía demasiado, en el cual tuve un cierto reconocimiento del público o, por lo menos, un vínculo que se estableció conmigo gracias a “Tratame bien”, “El puntero”, “Farsantes” y “Signos”.

-Respecto a ello, ¿cómo manejás el tema de la exposición?

-En realidad, de mi vida privada poco y nada pueden hablar o mostrar porque no la expongo. Hay veces que algunos se quejan porque hablan en los medios de su vida, pero les preguntaría: ¿para qué la exponen? Además, la vida privada en general me parece tan poco interesante, hasta me parece una experiencia que ofende a nuestro oficio. Es una pena llenar con anécdotas de las ficciones privadas a lo nuestro. Por eso, siempre digo que firmo para actuar en las ficciones que me ofrecen, no en otras. Por otra parte, creo que a un espectador le debe costar librarse de las cosas privadas que dicen del actor que está viendo en el escenario y lo que primero que tiene que hacer es estar liberado de todo para adentrarse en lo que propone el actor.

-Hablemos de la obra y de la exigencia de interpretar dos personajes a la vez.

-La verdad que es apasionante. Porque es el encuentro real entre un autor (Doug Wright) y una travesti de Berlín Oriental (Charlotte von Mahlsdorf, quien falleció en la vida real en 2002), en las primeras décadas del siglo pasado. El escritor empieza a reportearla, investigarla, conocerla y se ve atraído por ese personaje hasta descubrir sus facetas oscuras: si fue o no delatora, colaboracionista con el nazismo y el comunismo. Empieza a plantearse preguntas éticas y cuáles de todas las historias le va a creer. Es una obra a destiempo, por lo que significó Charlotte para la época y por lo que significa serenarse para escuchar a un ser humano, hoy en día, donde tenemos que estar respondiendo a nueve WhatsApp al mismo tiempo. Para mí eso es algo transgresor.

-En un reportaje reciente decías que “el actor es un atorrante que hace de lo humano un quiosco”.

-Justamente. Uno como actor habla desde la experiencia que va recolectando. Cuando tenemos que contar algo lo recogemos en forma inevitable de la humanidad que vivimos, experimentamos o te la contaron. Ahora, eso ¿dista demasiado a un actor de cualquier otro ser humano? Creo que no, que el humano es ante todo un actor que es un hacedor de máscaras. Como decía Ibsen, uno se saca máscaras como infinitas capas de cebolla y la última sale con sangre.

-Algunos interpretan a la obra en la actualidad como una lectura de la “grieta”, dado que Charlotte estuvo al medio de dos regímenes.

-No creo. Aquello era una guerra en serio, había hambre, donde te mataban en serio. ¡Dejen de joder con la grieta, muchachos! Pero si querés, podemos decir que siendo seres sociales somos seres políticos, sin duda, aunque también necesitamos de cierta autonomía. Y creo que en el arte pueden aparecer esos espacios de autonomía.

-La frase del título de la obra “Yo soy mi propia mujer” es bien peculiar.

-Sí, es un giro muy particular del personaje porque habla desde su masculinidad hacia lo femenino. No dice: “Yo soy una mujer”. Te das cuenta de que hay una inmanencia allí y a la vez, en el autor, se nota cierta piedad y paciencia para quien le cuesta aceptar el cambio. Porque es cierto que la sociedad ha avanzado mucho en abrir la cabeza sobre las diferentes identidades sexuales y que Argentina ha dado saltos importantísimos, pero no hay ser totalitarista con el cambio. No tiene que nacer el enano fascista y hacer lo mismo con aquellos que todavía no lo comprenden.

 

En pantalla grande y chica

-Tengo entendido que para el año que viene tenés dos propuestas: una película con Suar y una miniserie.

-En realidad, la película está basada en una idea, pero con producción de Adrián. Tiene que ver con encuentros que tuve con mi madre, a quien la he grabado. Le llevé la propuesta a Adrián, que es mi amigo, para ver si daba para hacer algo en formato documental y él optó por hacerla ficción. Creo que a mi madre la va a interpretar Marilú Marini.

-¿Y lo otro?

-Es un unitario para abril del año que viene. Voy a interpretar a un profesor de danza clásica. Precisamente hace un rato salí de una clase con Raúl Candal, un gran bailarín y profesor del Teatro Colón.

-¿Tenías experiencia en la danza?

-Practiqué cuando tenía 20 ó 30 años, al momento de estudiar actuación que te hacían desarrollar todo un trabajo físico. Pero de danza clásica, poco y nada. Esto es más bien una verdadera patriada (risas).

Juan Ramón Seia

Entradas. Para hoy y mañana, desde $350.

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