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La gente que vio a los Rolling se divirtió, aunque hubo quienes sufrieron la represión policial, tal como remarca una de las cartas
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Le ponen límites a Sinlymites

Señor director:

Le comento que ya van dos años que nos inscribimos para ser acreditados en el Festival de Peñas, siempre con una respuesta negativa.

Le comento que Josué, el nene más grande mío, es discapacitado (tiene dislexia gráfica) y la única forma de que se integre y se relacione es por medio de la cámara filmadora y la posterior edición de los videos. Por eso tenemos una radio que emite a través de la web, donde colgamos esas producciones, que son muy bien recibidas en todo el mundo, porque afortunadamente conseguimos estar en contacto permanente con emisoras de todo el mundo, en un intercambio cultural extraordinario. Con la radio, ahora ya multimedio denominado Sinlymites, llevamos los demás festivales de nuestra provincia de Córdoba a muchísimos lugares del mundo, siempre con nuestra mirada especial e integradora.

Días atrás estuve con el titular del Ente Deporte y Turismo de la ciudad, Marcos Bovo, le comenté todo esto que le digo y mucho más, pero parece que los intereses del Festival no contemplan la discapacidad (o sea, están discriminando).

Josué estaba súper entusiasmado al ver el armado de las peñas, pero, ya en la ciudad, recibimos la noticia de que no estamos acreditados. La nota del señor José Alvarez, de la Municipalidad, nos dice:

“Estimado periodista:

Le agradecemos que haya enviado su solicitud de acreditación para la 49º edición del Festival Internacional de Peñas. Lamentablemente, en esta oportunidad no podemos complacer su pedido por una limitante de espacio físico. No obstante, le invitamos a tomar la señal oficial que emitirá el sitio web www.anfivillamaria.com”.

Les comenté que aunque ahora vivo en Alta Gracia soy oriundo de Villa María, que me eduqué en el establecimiento integrador del doctor Antonio Sobral, el mismo al que asistió el actual intendente municipal Martín Gill, pero no hubo caso. Les comenté que he vivido los Festivales de Peñas desde chico, cuando Horacio Guarany, Los Manseros Santiagueños y tantos más pasaban de mesa en mesa sobre la costanera hasta la bajada Entre Ríos, pasando peña por peña, pero no hubo caso. Les dije que mi padre hizo mucho por la ciudad, que fue concejal de Villa María, pero no hubo caso.

Y ahora acudo a EL DIARIO, que seguro me hace caso.

Un gran abrazo esperanzador.

Rodolfo Torriglia

 

Otra vez, rock & represión

La primera noche de la fiesta Stone en La Plata incluyó corridas, gases, balas de goma, heridos y 148 detenidos.

Los titulares de los diarios hablan de algún pequeño grupo (20 personas según algunas fuentes, 40 según otras) que intentó vencer las vallas para ingresar al estadio sin entradas y de “fuerte operativo contra trapitos y vendedores ambulantes”.

Lo cierto es que, cuando terminaban las bandas soporte y los Rolling Stones salían a escena, los 1.200 efectivos del megaoperativo de la Policía Bonaerense y la Policía local, coordinados en persona por el intendente de La Plata, Julio Garro, cargaron contra los que estaban fuera del estadio, tanto los que sólo esperaban escuchar algo del recital a la distancia, como los que vieron en la jornada una oportunidad hacer un peso con la venta de pilotines para la lluvia, gaseosas, pines, banderas o vinchas.

Ya antes, varios colectivos cargados de fans que ingresaban a la ciudad de las diagonales habían sido interceptados y sus pasajeros cacheados e identificados. No eran, naturalmente, las combis fletadas para espectadores VIP, sino los provenientes de los barrios del conurbano, tan parecidos a aquel micro que una noche de abril de 1991 llevó a Walter Bulacio y otros pibes de Aldo Bonzi al Estadio Obras, para escuchar a Los Redondos. O los micros que llegaron a Vélez a ver a Viejas Locas o a Villa Rumipal porque tocaba La Renga.

Esta vez, probablemente por casualidad, no hubo un Walter, un Rubén Carballo ni un Ismael Sosa. Pero las “explicaciones” oficiales son las mismas: “inadaptados” que “se querían colar”, frente a los que los uniformados tuvieron que emplear “la fuerza mínima necesaria para restablecer el orden”.

Bajo la nueva gestión de gobierno, el parámetro para medir esa “fuerza mínima necesaria” se movió varios grados hacia arriba y tiene doble legitimación con la “guerra a los marginales”. Porque como cualquiera sabe, el “problema de la inseguridad” no es la criminalidad policial, que dirige el narcotráfico, la trata de personas, los secuestros extorsivos y cuanta modalidad se nos ocurra del delito organizado, sino los jóvenes rockeros, los vendedores ambulantes y los cuidacoches.

Los gases y las balas en la Plata son otra muestra de la vuelta de tuerca de las políticas represivas en los tiempos que corren. Son otro anticipo de lo que espera a cualquiera que se junte con otro en la calle, por un recital de rock o para reclamar porque pierde su trabajo.

Si naturalizamos lo sucedido en La Plata porque “siempre que hay recitales hay bardo”, estaremos abriendo la puerta a más represión, a más Bulacios, a otro Ismael Sosa, a otros pibes y pibas que buscando la música, el agite y la alegría se encuentran con los palos y las balas de la Policía.

Por ellos, y por cada uno de los casi 4.700 pibes asesinados por las fuerzas de seguridad desde 1983, estamos obligados a organizarnos para enfrentar la represión.

Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi)

 

Alquilar en Córdoba

Hola, somos una familia normal del sur del país. Un día nuestros hijos crecieron y decidieron continuar sus estudios universitarios en la ciudad de Córdoba.

Hasta allí formaría parte de un relato de lo posible en la vida de cualquiera de nosotros.

Sin embargo, debemos detenernos aquí para detallar los pormenores que implica ese paso que, como tenderíamos a pensar, es algo natural, obvio, sencillo y hasta casi digitado por la dinámica propia de una ciudad que se enorgullece de producir ciudadanos especializados en diversas ramas de las ciencias.

Por esto relatamos lo que debe vivir una familia normal para que sus hijos estudien en esa prestigiosa ciudad universitaria.

Primero que nada, hay que saber que hay dos caminos: pensiones-residencias o departamentos.

Nuestro primer contacto fue con una inmobiliaria (pueden corroborar que casi ningún particular ofrece directamente sus propiedades), lo cual implica el pago de comisiones y pagos extraordinarios “para no dejar a los chicos solos”… Creo que es un “canon” mensual a quien se ofreció como contacto para alquilar el departamento. No sería “demasiado” si todo lo demás fuera “un poco más normal”. Paso a detallar: nos obligan por contrato a pintar con pinturas de primera calidad cuando en realidad le pasé la uña delante del corredor inmobiliario y vi cómo la “pintura” era una especie de tiza, ponen en el contrato que tiene una cocina y es lo más parecido a una chatarra, bocas de gas sin tapones (eso sí: nos obligan a entregarlo con la firma de un matriculado cuando ellos no respetan las mínimas normas de seguridad), detalles de “mal pintado” por doquier, ventanas sin sus cierres, etcétera…

Ustedes se preguntarán por qué terminé alquilando. Dos son las razones: porque me vine desde más de mil kilómetros con la ilusión de encontrar el departamento que me describían por mail (una fotos bellísimas), llego con el tiempo justo, pasaje de vuelta en mano, y me doy cuenta de que nada que ver (en el sur le llaman “engaño”, no sé como se dice a esa situación en Córdoba capital)… No había tiempo de nada. Además porque me dijeron que tengo la posibilidad de hacer un descargo, el cual me ayudará al momento de rescindir el contrato (cosa que, por supuesto, hice), sólo espero que realmente sirva como prueba el día que termine dicho contrato.

El otro camino es el de las residencias estudiantiles. Es cierto que fui en enero a buscar cuando estaban todas ocupadas (calculo que justo serían las mejores), pero igual había oferta disponible todavía. Fue en este punto donde justamente me decidí a escribir esta carta de lectores.

Nunca salí de mi asombro, cómo se pueden ofrecer como lugares de estadía para estudiantes casas viejas donde la falta de higiene y el hacinamiento van de la mano. Pediría a las autoridades locales que revisen por un instante si algún hijo de ellos podría quedarse siquiera una semana en esos lugares (sólo como ejemplo menciono: un baño cada 16 chicos, “habitación doble” le llaman a lo que en algún tiempo remoto fue una especie de “despensa” en la terraza a la que se accede por escaleras precarias, etcétera…

Queríamos dejar la inquietud para que familias que vengan sepan de las situaciones que pueden llegar a enfrentar, y también tanto para autoridades como para profesionales que viven de la renta de propiedades, pongan un esfuerzo para hacer más llevadera la estadía de nuestros hijos en la ciudad de Córdoba.

Héctor López

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